“RECONSTRUIR PARA SER MEJORES CADA VEZ”

Desde Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, Elisabet Merlini cuenta cómo se trabaja, aún en pandemia, para que el centro de jubiladas y jubilados sea no solo un punto de apoyo para los afiliados y afiliadas, sino también un punto de partida.

Comunidad PAMI

Integrante de la comisión directiva del centro de jubilados Casa de los abuelos mercedinos, Elisabet Merlini participó de manera activa para que los afiliados y afiliadas de PAMI de su ciudad, Mercedes, al oeste de la provincia de Buenos Aires, estén al tanto del proyecto Casa propia – Casa activa, que impulsa la obra social junto con el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat.

“Tuve el honor de acompañar al presidente Alberto Fernández y a Luana Volovich, a quien conozco personalmente porque había visitado Mercedes, antes de asumir como directora ejecutiva de PAMI”, dice Elisabet a Comunidad PAMI.

Casa propia – Casa activa tiene como objetivo la construcción de complejos habitacionales para que afiliados y afiliadas de PAMI tengan un lugar propio para vivir y con la posibilidad de realizar actividades educativas, deportivas y de recreación junto a pares.

“El discurso de Luana el día del lanzamiento fue emocionante. Es importante que haya gente joven en los ministerios y en PAMI, gente que piense en nosotros y que nos tenga en cuenta con visión de futuro. Nos hace sentir más seguros, nos empodera. Siento que con todo el proyecto a nivel nacional que lleva adelante PAMI, los viejos no están solos. Porque he llegado a escuchar a algunos políticos decir que los mayores somos una carga, que producimos déficit”, dice Elisabet.

No es un dato menor que Merlini, de 73 años, sea propietaria de una casa alejada del casco urbano de Mercedes: a pesar de esta condición colaboró para quienes no tienen esa realidad. “Somos una comunidad en la que nos conocemos todos. En Mercedes se protege mucho a las personas mayores. PAMI trabaja un montón, atiende, resuelve. A eso sumale que soy inquieta”, dice.

La charla se desarrolla durante más de una hora a través de videollamada. Merlini está de espaldas a una ventana a través de la que se observa verde y luz y aire. Casi no sale de su casa para cuidar y cuidarse. Mucho teléfono y más WhatsApp con amigos y familiares.

Extraña ir al centro de jubilados y dialogar con personas de su edad. Hay conocidos a los que no ve porque se negaron a vacunarse. Dice que esa negativa tiene que ver con el falso discurso de algunos medios de comunicación: “Acá afuera hay un palo de luz en el que varios pájaros carpinteros hacen nido. Yo los escucho taladrar y taladrar con su pico. Te taladran la cabeza con ese ruido. Ruido, ruido y más ruido. Me hacen pensar en los medios de comunicación, que son como pájaros carpinteros, que también te taladran la cabeza con su discurso negativo. Tan negativo que lograron su objetivo de que haya gente mayor que no se vacune por miedo”, se molesta.

“Tengo amigas de 80 años que no se quieren vacunar. Entonces les digo que no nos podemos ver porque si no se vacunan son un foco de contagio”, agrega.

Los encuentros virtuales entre las y los socios son una herramienta para evitar el aislamiento. Las redes sociales les sirven a los afiliados y afiliadas para conectarse y hacer cursos o clases. También tienen, en caso de necesitarlo, la posibilidad de gestionar turnos médicos y otros trámites a través de la web de PAMI.

Sin embargo, nada puede suplir el encuentro familiar. Elisabet extraña a sus hijas Tania y Juana y a sus nietas, Ana (8 años) y Catalina (7), a quienes no ve hace ya nueve meses. Vive sola. Tiene esperanza en la reapertura de los centros de jubilados y los reencuentros para compartir más actividades y mates y hasta un asado.

“No fue fácil el tema de la pandemia en Mercedes, pero al menos a los viejos nos han cuidado”, destaca. Como ya no ejerce la digitopuntura que tanto le apasiona, cuando se vuelva a la normalidad es posible que estudie alguna carrera relacionada con el medio ambiente a través de UPAMI. En tanto, sigue con las clases de Tai Chi.

Refiere también a la “batalla cultural”: “Siento que hay un Estado presente que nos ha cuidado. Este cuidado vino para quedarse y tenemos que capitalizarlo. Porque del otro lado está la gente que quiere colonizar y condicionar el pensamiento a través de los medios de comunicación, que te hacen sentir que sos una carga, que molestás. Como lo del pájaro carpintero. Son los mismos que te decían que estabas equivocado si pretendías comprarte un televisor de pantalla plana o irte de vacaciones”.

A esa reconstrucción le queda mucho por hacer. Un pequeño pero sólido paso es el de trabajar con cada afiliado o afiliada. Convocar a participar por medios digitales o, más adelante, de forma personal. En ese sentido, alejar el odio será un arduo trabajo. “Aunque sea despacito, porque el pájaro carpintero le comió la cabeza a unos cuantos. Habrá que militar el amor, las amistades, el respeto”.

“Si en pandemia logramos mucho, siento que podremos hacer más. Estoy conforme y agradecida. Aún tengo energía para hacer cosas. Para ayudar a concientizar y concretar. A pelear para que la gente no se cierre”, analiza Elisabet. Y dice, también, que hay palabras clave para avanzar: Compartir, sociabilizar, concretar. “Tenemos que acceder a esa cosa hermosa que es el afecto”.

“Para eso -concluye- estamos sembrando. Mi tarea es dejar un mensaje de que podemos ser mejores. El famoso ‘sí, se puede’, pero de verdad. Sin marketing”.
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