Rita Pavone: “Soy una guerrera, superé la enfermedad, me retiré y volví”

Visitó la Argentina por última vez en 1991, invitada por Tinelli. Después, su vida fue un misterio. Desde Suiza, a los 75 años, una charla a fondo. Recuerdos de “Nueve reinas”, Maradona y la sorpresa del Papa.
Marina Zucchi
13/06/2021
Clarín.com

En 1964, la Argentina recibió al Presidente de Alemania Occidental, Heinrich Lubke, y más tarde al de Francia, Charles De Gaulle. Ni ambas visitas juntas lograron el shock popular que causó la topadora italiana. El 11 de junio de ese año, una adolescente de un metro y medio, pecas hasta en la nuca, mocasines y tiradores, bajó del Convair 4 de Aerolíneas, en Ezeiza, y subió a un bimotor hacia Aeroparque. Ese día comenzó un idilio de fans arrancándose el cuero cabelludo, copiando la moda andrógina o convulsionando al son de El baile del ladrillo. Décadas después, su rastro se fue apagando de este lado hasta volverse un misterio. ¿Dónde está Rita Pavone? ¿Por qué no pisa nuestro suelo desde hace 30 años? ¿Qué es de la vida de la «pelo de zanahoria» que cantaba Viva la pappa col pomodoro?

Una búsqueda de sabueso por Italia lleva hasta Suiza. Allí vive la turinesa más amada por la generación Club del Clan. No habla con la prensa porque sí, no derrocha entrevistas, pero acepta un Zoom que la reconecta con su tercera patria. La ventanita pixelada la devuelve con 75 años, huesos diminutos, pero gigante cuando abre la boca, ametralla a recuerdos y resucita hasta a Arturo Illia.

Rita no sabe que la Buenos Aires que frecuentó en sus primeros hits ya no existe: el boliche Afrika como anfitrión, Tato Bores como seguidor, Pipo Mancera como entrevistador en Sábados circulares, Violeta Rivas como su «sucursal» en castellano. Desde hace 20 años es para miles de argentinos la voz de la trampa, de la viveza criolla, de la argentinidad más vergonzosa. «¿Por casualidad alguno se acuerda un tema de Rita Pavone?», preguntaba Gastón Pauls en Nueve reinas, y una generación la descubría recién en aquella historia dirigida por Fabián Bielinsky que tuvo remake hollywoodense e india.

-«¡Pude verlo! Una pequeña anécdota, ¿sabe que nadie me ha pedido permiso para reproducir mi canción en esa película?»…

-¿Está enojada?

-¡La disfruté tanto que me emocioné! Me pareció muy divertida y dije «no me importa que no me pidan autorización. No quiero estorbar, no quiero dañar una película que merece tanto éxito». Por lo tanto, las reinas no son nueve, son diez. La décima soy yo.

Es un mito italiano del calibre de la Vespa, la Ferrari y la pasta. El tiempo hizo justicia con su pop y su iconografía acusada de superficial y pasajera. El propio Umberto Eco la analizó como un fenómeno que imprimió huella desde la semiótica y otros campos. La «pel di carota» -por su antiguo color de cabello- regaló himnos felices, pero a la vez fue pionera en el look «sin género» y marcó una era en estas tierras. Se hizo amiga de Palito Ortega y Johnny Tedesco, frecuentó el Ópera, fue musa para que una oleada de niñas fuera bautizada «Rita» y supo, años después, que en la casa de la calle Azamor, en Fiorito, los Maradona tarareaban sus temas.

Vida de cuento: una niñita que llega al mundo el 23 de agosto de 1945, mientras se apaga la guerra, tercera de cuatro hijos, crece y canta, canta y crece mientras su madre María, «casalinga» (ama de casa) friega y sueña con gambetear la pobreza. Un padre (Giovanni) trabajador de Fiat, que cree ciegamente en esa vocecita y la lanza en bares y clubes donde la llaman «marimacho». El nudo que desvía la historia, la llegada de Teddy Reno, el productor que ayudará al lanzamiento al estrellato y colaborará en ese imperio de 50 millones de discos vendidos.

Rita y Teddy se casan, pese a haber estado él ya casado (y con un hijo), y la indignación de los italianos ultraconservadores pone en jaque su imagen: acusan al hombre de «monstruo 20 años mayor, capaz de magnetizar en una relación de poder y de arrebatar su inocencia», pero Rita sigue su corazón y llega a celebrar con Teddy bodas de oro.

Cantos al martillo y al ladrillo, boom en Francia y en Japón, devoción de Pelé, sana competencia con Mina y Gigliola Cinquetti, invitaciones al Ed Sullivan Show, elogios de la BBC, shows en el Carnegie Hall de Nueva York. Rita amasa fortuna y popularidad, pero pasan los años y pone el freno. Un retiro mentiroso, una pelea contra la muerte, una temporada de silencio, y aquí está, milagrosa, con dulces municiones en la lengua del Dante.

-¿Por qué la decisión de vivir en Suiza?

-Vivo aquí desde hace 54 años. Fue una elección porque no había divorcio en Italia. Pude casarme en Suiza y agradezco a este país por permitirme vivir mi vida. Mis hijos nacieron aquí. Alessandro, el mayor, en realidad nació en Londres, pero llegó aquí a la semana. El más chico, Giorgio, nació directamente en Lugano.

-En 2006 sorprendió con el anuncio de su retiro de la música. ¿Hubiera podido realmente cumplirlo?

-Después de 2003 volví a hacer discos, pero no me gusta ir a la televisión a cantar mis canciones del pasado. Cada una tiene su propio camino, es una cuestión de elección, creo que está bien cantar tus viejas canciones en los conciertos, pero no en TV. En ese momento ya no me interesaba lo que me ofrecían las discográficas y por eso dije “les dejo un buen recuerdo». Me fui a vivir a Mallorca, salió muy bien, descansé, pero luego un amigo, Renato Zero, me invitó a sus 60 años. Ese día canté y me dije a mí misma: «¿Por qué tengo que dejar algo que amo?». Y hubo un disco hermoso de regreso, Masters, que produje después de ocho años de silencio. Sé muy bien lo que puedo hacer, y todavía lo hago bien, no tengo la sensación de que algo ha cambiado en mi voz. Después me involucré volviendo a San Remo y tuve una maravillosa ovación de pie.

-La primera vez que visitó la Argentina fue en 1964. ¿Lo recuerda?

-Ha sido algo extraordinario. Me recibió en la Casa Rosada el presidente Illia. Me felicitó por los valores saludables. Tanto cariño que ni siquiera sabía que era tan popular en la Argentina. Pero cuando vives un gran éxito como el que tuve es difícil armar recuerdos especiales, porque los días pasan de una manera frenética. Recuerdo los encuentros con Palito Ortega y Violeta RIvas. Conoces un país solo si vas de una manera tranquila, como cuando fui a Brasil de luna de miel. Me hubiera gustado poder hacer eso mismo en la Argentina, pero cada vez que iba era por trabajo y los tiempos eran imposibles. Hace unos años lo encontré a Diego Maradona en un estudio de televisión en Italia y nos abrazamos. Me dijo que era un niño que tenía siete u ocho años cuando fue a verme junto a su hermana.

-¿Fue amiga de Maradona?

-Diego no era en realidad amigo mío, es decir, lo conocí como un gran jugador en Nápoles, y me volví loca por él. En persona nos conocimos en una transmisión de Canal 5, uno o dos años antes de su fallecimiento. Cuando me vio me dijo eso tan hermoso y nos abrazamos. Fue un gran dolor enterarme de su muerte, como perder a un amigo.

-Tiene una anécdota con el Papa Francisco…

-Le había enviado mi disco dedicado a los grandes autores y a los grandes artistas inalcanzables que amaba. ¡Y me respondió! Llegó un sobre doble, con su carta dentro, y me dijo que me conocía bien, que escuchaba mi música y le hubiera gustado conocerme en persona. Pasaron algunas semanas, era Nochebuena. Yo compraba en una tienda los últimos obsequios y sonó mi teléfono celular. Vi un número desconocido: «Sra. Pavone, soy el Papa Francisco». Me molesté porque creí que alguien hacía su imitación, muchos habían caído en esa trampa. Dije: «No me gusta para nada esta broma y sobre todo porque estamos en Nochebuena». Me respondió un caballero: «Soy yo». Me puse a llorar.

-¿Ahí terminó todo?

-No. Meses después, en Roma, me dijeron que podía encontrarme con Su Santidad un miércoles, y fui. Es una persona muy terrenal. Nos entretuvo hablando de música. Fue una reunión que duró más de 25 minutos y en un momento, incluso, me dio vergüenza: «¡Santidad creo que tiene muchas cosas que hacer, lo dejamos!».

-En 2003 tuvo problemas de salud. ¿Cómo los superó?

-Puedo tener miedo, pero no lo demuestro. Lo que me asustó fue que nadie podía entender qué me pasaba. Me fatigaba caminar. Me faltaba mucho el aliento. No me sentía bien. El cardiólogo me había dicho “probablemente sea cuestión de pánico”. Nada de eso me asustaba porque siempre digo que tengo una gemela dentro de mí. Rita es una mujer a la que le encanta estar con sus hijos, y entre una velada social y una velada familiar, ciertamente prefiere la segunda, y se ocupa de su jardín, de hablar con las plantas. Luego está la otra, que se llama Pavone, y es desvergonzada. En el escenario Pavone mide un metro ochenta y sale con determinación. Faltaba esa otra. Finalmente volví al cardiólogo y descubrieron dos oclusiones en la aorta. Me operaron de inmediato, tengo un corte en el pecho, en la pierna. Fueron dos meses muy duros. He estado intubada. Pero siempre digo que alguien me quiere, soy muy creyente. Luego todo se volvió a poner en orden. Soy una guerrera. Me rompí las costillas en el Bailando con las estrellas (2016), y sin embargo llegué al final. Amo mi trabajo. Creo que los artistas primero deben amar el trabajo y luego pensar en las ganancias que vendrán.

-¿Qué piensa de Laura Pausini, después de cantar en los Oscar? ¿Es la gran embajadora de la música italiana hoy?

-Me siento fuertemente italiana y al mismo tiempo suiza, vivo a pocos pasos de la frontera, y ella es una persona que lleva por todo el mundo el nombre de Italia. Pero hay muchos más: Al Bano, Massimo Ranieri…

-Y sin embargo nadie igualó a «la Pavone». ¿Qué la hizo tan distinta?

-Creo que yo era un potro pura sangre. Empecé muy joven, con 17 años, he hecho de todo en mi vida. Canciones, cine, fui autora, productora. Hice todo y entendí bien el mecanismo. Puedo decir que no disfruté de la adolescencia, pero creo que pocos la han disfrutado

-¿Y cree que intentaron copiarla mucho?

-Violeta Rivas cantaba mis canciones y me impactaba. Ella escribió algunas cosas hermosas sobre mí en un libro, pero recuerdo que me llamó la atención que cuando cantaba hasta hacía mis suspiros. Yo tomo una canción y trato de hacerla mía, hacerla totalmente diferente, y dejar mi huella viva.

-Atravesó más de 50 años de matrimonio. ¿Cómo cree que lo logro?

-Con Teddy celebramos 52 años de casados. Supe siempre que era el hombre de mi vida, y él sabía que yo era la mujer de su vida. Su verdadero nombre es Ferruccio (hoy 95 años). Yo lo llamaba señor Ferruccio, pero en 1965 algo cambió en un viaje transoceánico. Nos confesamos que nos amábamos. Sigue siendo un hombre fascinante, y formamos una familia hermosa. Alex, mi hijo mayor, es periodista de la Radio y Televisión Suiza, y Giorgio, el segundo, es un músico increíble, quien me dio una canción para San Remo. La nuestra fue una historia desgarrada, porque nadie creía en la relación. Teddy se divorció y cuando me trajo esa buena noticia decidimos casarnos. Me casé de blanco. En ese momento los periodistas especularon con que nuestro amor estaba ligado a un pacto comercial. Pensé: «Tranquilos chicos, tómenlo con calma porque a veces hay cosas al azar que pasan en la vida». Y nos pasó.

Si Mina es el secreto más grande de la música italiana (está «escondida» del público desde 1979), su camarada Rita muestra un nivel menos estricto de reclusión. No hay pose de diva en «la Small Wonder» que grabó en una decena de idiomas y se proclama más rockera que Mick Jagger, no en su obra, sino en su espíritu. «Las discográficas me limitaron, pero pude liberarme de la jaula ya de grande, para mostrar toda mi cultura rock, sin límites».

«Tifosa de la Juventus», hasta hace unos años sus regresos a Italia eran para habitar la mansión de Ariccia, Roma, 1.200 metros cuadrados de glamour arquitectónico de los años 30, una vivienda como sacada de una película de Federico Fellini. Ahora se conforma con su vida a puro crucigrama dentro de otro palacete, en el país del chocolate, la tierra adoptada también por Tina Turner. Allí la piamontesa lanzó un sello musical propio. «Mis verdaderos discos de oro son mis dos hijos».

No recuerda Rita que en 1991 Telefe la contrató como artista exclusiva para cantar en Ritmo de la noche, con Marcelo Tinelli, ni que en aquel viaje visitó a Fernando Bravo y a Teté Coustarot en Siglo XX Cambalache. Cómo recordar pormenores de una vida de 59 años de trayectoria profesional interceptada por personas como Elvis Presley: «Te vi en el Ed Sullivan Show y me encantaste», le dijo el Rey alguna vez en Nashville.

En 2022 tamaño itinerario de seis décadas tendrá su sumum celebratorio. «Los momentos alegres fueron superiores a los tristes en todo este tiempo. Los tristes fueron privados, la separación de mi madre y mi padre, el Alzheimer de mamá, la muerte de mi padre y, hace dos, la de mi hermano menor. ¿De qué podría quejarme, si no soy como una empleada que espera siete horas en la oficina? Solo puedo agradecer a la vida. Espero poder volver a la Argentina. En Brasil dejé a todos con la boca abierta. A los 75 soy una mujer de agallas, que lleva sus 75 con mucho respeto. El físico va envejeciendo, pero mi voz se mantiene fresca».

La boca esmaltada y pixelada de Rita se cierra. No sonríe con la satisfacción de quien siente venganza, sino más bien «la justicia» que esculpe el tiempo. El orgullo de la que imprimió una huella cultural pese a los viejos profetas exterminadores de su pop. Una lección de cómo un simple ladrillo puede ayudar a construir un rascacielos. Desde las alturas, Rita se pavonea.

https://www.clarin.com/historias/rita-pavone-guerrera–supere-enfermedad–retire-volvi_0_E8NdhM8bY.html