Hizo un récord de planeador en 1945, fundó radios por todo el país y a los 93 años sigue recorriendo los cielos

Manuel Fentanes nació en 1927 y se conserva activo: jamás fumó, pero nunca hizo dieta. Todos los fines de semana sale a volar con su planeador. Dirigió Radio Nacional, se preocupó porque en las fronteras hubiera emisoras argentinas y conserva el histórico micrófono que Perón usaba en sus discursos
Infobae
Por Julio Lagos
12 de Junio de 2021

Empezaba enero de 1982. Como todos los veranos, yo me había instalado con mi familia en una quinta de El Grosellar, en Mar del Plata, porque iba a hacer la temporada de radio y televisión desde la costa.

Lejos estaba de imaginar que en ese flamante año iba a sufrir el desgarramiento más grande de mi vida por la muerte de mi hija María Inés.

Tampoco podíamos suponer que meses después la Argentina habría de entrar en guerra con Gran Bretaña.

Al contrario, esos primeros días del año me trajeron la alegría de una noticia increíble: me ofrecían la dirección del RAE, Radiodifusión Argentina al Exterior. ¡Justo mi gran sueño como locutor de radio!

El que me avisó fue Roberto Fresco, que había sido jefe de operadores en Radio Belgrano y ocupaba el mismo cargo en Radio Nacional. Después de un par de intentos, me localizó por teléfono:

-Ché Julio, te estoy llamando porque aquí en Radio Nacional te quiere ver el director… Se llama Fentanes y quiere que te hagas cargo del RAE…

Todo fue muy rápido. Viajé a Buenos Aires, fui a la casona de la calle Ayacucho casi Las Heras y estuve en su despacho:

– ¿Le interesa hacerse cargo de RAE? Mire que aquí se paga muy poco, no es como la televisión…

Le dije que sí y le pregunté cuándo empezaba. No olvido su respuesta:

– Acaba de empezar.
Febrilmente, puse manos a la obra. Convoqué a grandes y admirados amigos para hacer una programación novedosa: Félix Luna, Carlos Garaycochea, Blanca Cotta, Miguel Brascó y Mario Clavell entre otros. Al entonces jovencísimo Ángel Floreano le encargué el primer programa de rock nacional en LRA. Transformamos la estructura informativa y de un servicio grabado pasamos a varias ediciones en vivo. Todo en siete idiomas. Y en febrero ya estábamos en el aire.

Era un estilo de radio que de inmediato llamó la atención de la audiencia internacional. Comenzaron a llegar cartas de todo el mundo, en una época en la que no existían Internet ni Whatsapp ni Facebook. ¡Fue un éxito!

Hasta que el 2 de abril las fuerzas armadas desembarcaron en las Malvinas.

Por supuesto, se levantó toda la programación y la RAE pasó a formar parte del sistema informativo de un país en guerra.

Pasaron los años. Casi cuarenta.

Hace pocos días, tomando un café en la esquina de su casa, quise sacarme una duda:

– Manuel, cuando vos me llamaste para el RAE, ¿ya sabías que se iba a declarar la guerra?

– No, para nada… Había leído un trabajo tuyo publicado en la revista Estrategia que me gustó, donde hablabas del desarrollo de la radio en todo el país y su importancia para difundir nuestra cultura por el mundo… ¡La guerra nos tomó a todos por sorpresa!

Lo que sí me sorprendió a mí ahora fue conocer su edad:

– Tengo 93 años, nací el 19 de septiembre de 1927.
Y a la vez que me muestra su DNI, revela algo increíble:

– Sigo volando en mi planeador, todos los fines de semana. Tengo un Tábano monoplaza, o sea que vuelo solo.

Por supuesto le pregunté cómo se llega a esa edad y además desarrollando semejante actividad:

– Mira, genético no debe ser porque la longevidad no es propia de mi familia, de la cual era y soy el único flaco. Nunca fumé y nunca hice una dieta especial. Eso sí, siempre fui muy activo.

Ya desde sus primeros años su vida fue movediza: nació en Resistencia, se crió en Formosa, hizo parte de la escuela primaria en San Isidro y también en Asunción del Paraguay. El trabajo de su papá, que era contador público y administrador de estancias, marcó el ritmo de una infancia en la que hubo un momento dramático:

– A los siete años tuve un principio de parálisis infantil. Me trajeron a Buenos Aires de urgencia, fue muy bravo porque quedé piel y huesos, pero me repuse.

A los 17 años, sin una vocación definida y con buena mano para el dibujo, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano:

– Allí tuve unos profesores extraordinarios… Enrique de Gandía, Antonio Berni, Amadeo Dell´ Acqua, Lorenzo Gigli, con ellos aprendí un montón… Además estudiaba en la biblioteca de mi tío Juan Fentanes, que era docente de humanidades en el Liceo Militar, compañero de Perón, que también era profesor allí… Mi tío era cultísimo y tenía una de las mejores bibliotecas de arte que había en la Argentina en aquel momento… Mis padres se habían quedado en Formosa y yo vivía solo en una pensión en Buenos Aires.

Al recibirse, sin embargo, no se inclinó por la pintura ni por la escultura:

– Yo tenía mucha admiración por mi tío, que era un hombre muy respetado. El presidente Farrell lo nombró en reemplazo de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión… Y mi tío, que no era político, al asumir dijo que iba a ayudar tanto al obrero como al empresario… Eran los días de octubre de 1945… Al regresar Perón, a mi tío lo designan subsecretario de Instrucción Pública de la Nación… Llegan las elecciones y a mi tío le dijeron que se tenía que afiliar… Él contestó que era amigo y compañero de Perón, pero que no era político y no se iba a afiliar… Lo metieron preso en la cárcel de Las Heras, lo bañaron desnudo con agua fría durante tres días y lo salvó otro tío mío, Enrique Fentanes, que era comisario… Lo sacó de allí, lo metió en un barco y lo mandó a Montevideo… Se fue sin nada… Perdió todo lo que tenía, todo… Murió poco después, creo que de tristeza. Por eso yo no quise saber más nada con bellas artes, porque estaba muy dolido por lo de mi tío, que era un gran tipo y un modelo para mí…
Fue ese tío el que le había conseguido trabajo como empleado en la Casa de Gobierno:

– Entré como pinche, el más bajo, en el subsecretaría de Prensa y Propaganda del Gobierno… Con eso me pagaba la pensión… El trabajo me gustaba, porque se trataba de planificar… Yo trabajaba en el plan ARA, que era el plan nacional de radiodifusión… Era la época del primer plan quinquenal, que incluía el proyecto de instalación de emisoras de frontera de Radio Nacional, que entonces se llamaba Radio del Estado y dependía del Correo. Yo siempre era un empleado auxiliar, hasta que pedí el pase a Radio del Estado, porque me gustaba la radio. Y me lo dieron, ¿sabés por qué? Primero porque tenía buena conducta. Pero más que nada porque había cruzado el Río de la Plata en planeador… ¡Fue la primera vez que en un avión de volovelismo se iba de Argentina a Uruguay, era un tipo famoso!

¿Cruzar el Río de la Plata en planeador? ¿Qué tiene que ver eso con un estudiante de Bellas Artes, empleado en la Casa de Gobierno? En la película de la vida de Manuel Fentanes comienza un capítulo increíble:

– Te cuento… En agosto de 1945 fui por primera vez al Club Albatros, en Merlo… Un amigo me llevó, porque yo había hecho un avión de madera balsa y en la Plaza de Mayo no lo podía tirar, en cambio allí iba a tener espacio… Al rato me olvidé del avioncito…¡Era mucha gente joven, todos divertidos! Me gustó de entrada el ambiente de camaradería… Enseguida me invitaron a sentarme en un planeador… Primero te remolcan con un auto, no volás… prácticamente todo lo que tenés que hacer es evitar que las alas toquen el suelo…Después el instructor te va haciendo señas con una bandera y vos tirás la palanca para arriba o para abajo, para subir o bajar…

– Pero Manuel, ¿y esto qué tiene que ver con el Río de la Plata?

– ja ja… ahora vas a ver… Tanto me gustó que me anoté y empecé el curso de vuelo a vela… ¡Fueron tres años! Y además teníamos horas de taller, reparábamos y construíamos planeadores… El club, como todos los de la época, tenía un taller de carpintería completísimo, con las mejores máquinas y herramientas… El nivel era altísimo… El célebre alemán Walter Giorgii, que había sido Director de Investigación Científica de Alemania, enseñaba Meteorología y Aerodinámica… Y con él estaba Plinio Rovesti, que era el mejor meteorólogo de Italia… Y en una de esa clases que ellos daban, estábamos todos reunidos en el parque, el doctor Giorgii nos dijo que íbamos a estudiar los vuelos con frente de tormenta… Y nos contó que una vez en Alemania un piloto había volado 200 kilómetros delante de una tormenta y había terminado en Checoslovaquia. Cuando terminó la lección dijo que le gustaría que alguna vez pudiésemos volar en un frente de tormenta…

– ¿Y había frente de tormenta?

– Noooo, ese día había un sol radiante… Pero a la semana siguiente apareció un frente machazo, enorme… Era toda una pared negra, de punta a punta… Y avanzaba, era terrible… Justo mi planeador había quedado en la pista, era el único que estaba acomodado… Era un Rhönbussard fabricado en el club sobre planos alemanes, matrícula LV-OAI… Yo tenía solamente treinta horas de vuelo nomás, pero igual pedí permiso para salir a volar con ese frente de tormenta… Al principio me dijeron que no, pero finalmente me autorizaron… El plan era salir de Merlo, llegar hasta Campana y volver… Salí, corté el remolque y entré a subir… Iba volando en el borde de la tormenta y el planeador tomaba la velocidad del viento… Todo bien, pero miré para abajo y vi que estaba sobre el Hipódromo de San Isidro… ¡Me había pasado un montón!
Era el domingo 6 de febrero de 1949. En este punto lo que iba a ser un vuelo de aprendizaje se convirtió en una peligrosa travesía, que terminó siendo una hazaña en la historia del vuelo con planeadores en la Argentina. Porque Manuel Fentanes terminó aterrizando, casi seis horas después, en Paysandú, República Oriental del Uruguay:

– Yo no tenía la más remota idea de planear hasta Uruguay por encima del Río de la Plata… Pero el frente se cerró y me fue llevando. Pensé bajar en Martín García, pero enseguida me di cuenta que después nadie me podía sacar de allí… Volví a trepar y pasé por arriba de Colonia y le metí para adelante… Se habían formado grandes masas de nubes, de cúmulus y terminé bloqueado… Llegó un momento en que no pude maniobrar y ya no sabía qué pasaba… Tuve mucho frío y encima una fuerte granizada pegaba en mi planeador… Pasé por Carmelo, por Durazno, traté de bajar en Concepción del Uruguay, pero la tormenta llegó conmigo y me impidió aterrizar… La carta me indicaba que en Colón no había aeródromo, así que finalmente me tiré en Paysandú… Aterricé allí, a las seis de la tarde, luego de cruzar el Río de la Plata. ¡Y había salido de Merlo a las 12:10!

En el modesto aeródromo de Paysandú, la calma dominguera se quebró ante el aterrizaje no previsto de un planeador desconocido:

– ¿De dónde viene?

– De Merlo, de allá, de Buenos Aires…

– Nooo, está jodiendo… ¿Y el avión que lo remolcó, dónde fue?

– No, no me remolcó ningún avión, me trajo el frente de tormenta…

Manuel Fentanes, conocido popularmente como “Lito” en el ambiente de los deportes aeronáuticos, había cruzado por primera vez el Río de la Plata en planeador, de Argentina a Uruguay:

– Después de la sorpresa, hubo mucha algarabía allí en Paysandú… Empezó a venir la gente, tanta que la policía hizo un cordón para que el público no pasara el alambrado… Mientras tanto, yo me había metido en un lio, porque en ese momento las relaciones diplomáticas entre Argentina y Uruguay estaban cortadas… Y yo me había ido sin permiso y no había hecho aduana… Al regresar, me sacaron la licencia. Pero fue por un par de días, porque luego el comandante en jefe de la Fuerza Aérea me la devolvió y me felicitó…

Algo similar a lo que le había pasado a Teodoro Fels, cuando en 1912 cruzó el Río de la Plata en su Bleriot y batió el récord mundial de vuelo sobre agua.

En su casa, Lito Fentanes tiene un verdadero museo, con fotos, documentos, libros y objetos de enorme valor histórico. Por ejemplo, el telegrama que el propio Teodoro Fels le envió en febrero de 1949, luego del cruce del Río de la Plata en planeador:

– Mirá lo que dice… “A mi nieto aeronáutico con un emocionado abrazo de felicitación por el nuevo triunfo conquistado para las alas de la Patria gracias a su arrojo e indomable energía. Teodoro Fels.”
En esta película también hay flashback.

Volvemos al momento en el que aquel simple empleado de la subsecretaría de prensa y propaganda pidió y logró el pase a Radio del Estado:

-Estuve dos o tres años en Programación, donde aprendí muchísimo. Tuve la suerte de trabajar con el doctor José Ramón Mayo, que era subdirector de radiodifusión y ejercía como director de Radio del Estado. Fue el creador de “Las dos carátulas” y fundador del ISER, organizó conciertos con grandes músicos, fue un hombre múltiple y un tipazo. Luego estuve con Antonio Pagés Larraya, quien siguió con aquel plan de radiodifusión que estaba muy bien hecho para todo el país. Al mismo tiempo, vos veías correos nuevos en todo el país, hasta en los pueblos chicos, con edificios nuevos. Y un día Pagés me dice “Usted es del norte, ¿no?” Sí, le contesté, nací en el Chaco y me crié en Formosa… Y ahí nomás me dijo que tenía que ocuparme de abrir una filial de Radio del Estado en Formosa, que no tenía ninguna radio, y que había que hacerlo en tres meses. Además, la situación era crítica porque del otro lado Paraguay tenía diez emisoras y entraban como locales en Formosa, que apenas dos años antes había logrado la categoría de provincia.

Ese fue el principio de una verdadera epopeya. Hubo que recuperar un edificio abandonado, que estaba en medio del monte a 11 kilómetros de la ciudad. Seleccionar y entrenar personal, tanto locutores como operadores y empleados administrativos. Y como la usina no tenía capacidad para suministrar energía, se enviaron dos enormes equipos de microondas desde un galpón de Entel en Avellaneda hasta Formosa:

– Nadie tenía camiones de porte suficiente para transportarlos… Ni el Ejército ni la Fuerza Aérea… hasta que conseguimos dos enormes camiones de Villalonga Furlong… Los cargamos y fuimos… Pensá que en esa época, después de Santa Fe era camino de tierra… Y pasaban los días, se acercaba la fecha de la inauguración… Encima, entre Chaco y Formosa no había ningún puente, se cruzaba con balsa… Cuando llegamos con los camiones y los equipos cargados, el balsero se negó a pasarlos al otro lado… Lo llamamos al gobernador y lo obligó a meter los camiones… El primero pasó… el segundo no… La balsa se iba hundiendo despacio, con el camión y la microonda… Llegó justito a la planchada con la balsa hundida, pero quedo en el agua… Nos salvaron unos tractores de Vialidad Nacional… Y al final, salió al aire lo que hoy es LRA 8 Radio Nacional Formosa… Allí me quedé como director dos años… Y después fui a Chubut, a inaugurar LRA 9 Radio Nacional Esquel…

La carrera de Manuel Fentanes en Radio Nacional siguió en Córdoba, cuando fue designado director de la poderosa LRA 7:

-Esa fue una experiencia extraordinaria… Y la etapa posterior también, porque pasé diez años inaugurando emisoras de frontera, desde Las Lomitas hasta Iguazú, Río Turbio e Ingeniero Jacobacci…

Hasta que comenzó a ocupar cargos de responsabilidad en la estructura del sistema oficial de radiodifusión. Alcanzó la jerarquía máxima de Director General de la Secretaría de Comunicaciones, habiendo prestado servicios durante 46 años.
Todo eso, en contrapunto con su pasión por volar:

– Gracias a las actividades aerodeportivas pude participar de un acontecimiento histórico, las pruebas de las alas volantes que construyó Reimar Horten en Córdoba… Fuimos un grupo de pilotos del Club Albatros y del Club Cóndor y volamos en esos planeadores sin cola, que eran biplaza en tándem… Ese hombre era un científico extraordinario, sus ideas luego se aplicaron en Estados Unidos y en Inglaterra… Trabajó mucho en el Instituto Aerotécnico, que luego se transformó en la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba y hoy es la Fábrica Argentina de Aviones «Brigadier San Martín»… Allí lo conocí a él, a Kurt Tank, el creador del Pulqui, y también a la formidable piloto Hanna Reitsch…

La evocación agradecida de Lito Fentanes se ensombrece cuando menciona a Domingo Cavallo:

-Él es el responsable de la decadencia de nuestra actividad… Sacó un decreto anulando los subsidios especiales, que sostenían a los clubes de todo el país. Cuando yo empecé a hacer el curso en el Club Albatros, por ser empleado de Radio del Estado tuve una beca de YPF y por eso me pude recibir después de tres años de estudio. Eso era parte del plan nacional de los 5.000 pilotos… Un objetivo soñado para un país de grandes distancias. Había más de 200 aeroclubes en todo el país, hoy deben quedar 40… Cambió totalmente, ahora sólo pueden volar los ricos, porque cada máquina vale como mínimo 300.000 dólares… Es imposible.

– ¿Tu planeador vale eso?

– No, mi planeador no llega a los treinta mil dólares…

Y como el mago que cierra su espectáculo con el truco final, saca de la galera la frase de la despedida:

– ¿Sabés que tengo el micrófono que usaba Perón en sus discursos por la cadena nacional?

Conversador inagotable, dueño de una memoria prodigiosa, Manuel Fentanes ha hecho del aire -el de los aviones y el de las ondas radiales- el escenario de su novelesca vida.

Por mi parte, voy a estar atento.

En cualquier momento me vuelve a llamar, para iniciar otro vuelo.

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