La solidaridad intergeneracional, un arma para combatir la soledad de los mayores

El envejecimiento de la población y la pandemia han puesto en primer plano la necesidad de acompañar a personas octogenarias
ISMAEL MARINERO
Miércoles, 1 diciembre 2021 –
Elmundo.es

«La soledad y el aislamiento son cosas dolorosas, más allá de la resistencia humana», dijo en su día Julio Verne. El visionario y aventurero que soñó con viajes extraordinarios a la luna o a las profundidades del mar sabía de lo que hablaba: pasó los últimos años de su vida aquejado de una progresiva ceguera, una incipiente sordera y muy cerca del abandono por parte de familiares y amigos. Mari Paz, octogenaria madrileña con problemas de visión y de oído, nunca ha escrito una novela, pero su sensación de soledad sí se asemeja a la de Verne. Para ella es crucial la visita semanal de Rafael Portillo, voluntario de la ONG Solidarios para el Desarrollo, que acude a su domicilio para acompañarla, conversar con ella y prestarle cualquier ayuda que pueda necesitar.

Ese acto aparentemente intrascendente es, sin embargo, una de las maneras más efectivas para paliar la soledad no deseada de las cientos de personas mayores a las que atiende Solidarios como parte de un programa de convivencia intergeneracional financiado por la Fundación «la Caixa». Es una respuesta a una realidad que, pese a que no hace demasiado ruido en los medios, está muy extendida. Según datos de la Comunidad de Madrid, más de 276.400 personas mayores viven solas en su domicilio, lo que supone cerca del 25 % del total de la población de 65 años o más, y de ellas la gran mayoría son mujeres.

«A mí no me cuesta nada acercarme a su casa para pasar con ella un rato a la semana, acompañarla a hacer la compra o llevarla a tomar un café, y para ella es una oportunidad de salir del progresivo aislamiento que sufre», cuenta Rafael, que también colabora en el programa Fin de vida y Soledad, puesto en marcha por Solidarios en colaboración con el Hospital San Rafael para atender a pacientes terminales en su domicilio. «Es duro ver su deterioro», reconoce el voluntario, «pero para mí esta experiencia tiene todo el sentido del mundo, porque me sirve para aprender mucho de ellos y de mí mismo, también para afrontar la enfermedad y la muerte de otra manera».

Alfonso Fajardo, director de la ONG creada hace más de 30 años en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, está volcado en promover esos espacios de encuentro y convivencia intergeneracional a través de distintas iniciativas: «Queremos contribuir a que los mayores desarrollen nuevos vínculos sociales, que se sientan parte de una comunidad y mejoren también su autonomía, intentando reducir la brecha digital».
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Ese es precisamente uno de los problemas más habituales a los que se enfrentan las personas mayores, sobre todo desde el inicio de la pandemia, cuando el confinamiento hizo estragos y aisló aún más a quienes ya veían a su alrededor numerosas barreras. La mayoría, como el capitán Nemo, sienten que el mundo va demasiado deprisa y la tecnología amenaza con dejarlos atrás. «Con el Covid tuvimos que cambiar las visitas a domicilio por el acompañamiento telefónico, que se ha intensificado a lo largo del último año para llegar a todos los mayores que podamos, con llamadas diarias y una atención más continuada».

La otra pata del proyecto es el programa Convive, que permite que un estudiante universitario viva en casa de una persona mayor durante el curso académico a cambio de compartir las tareas y los gastos de la vida doméstica. «Es increíble cómo algo así puede mejorar la calidad de vida de los mayores, y a los jóvenes les ofrece la oportunidad de encontrar alojamiento en un momento en el que los alquileres están por las nubes. Todos salimos ganando, también la sociedad», concluye Fajardo.

https://www.elmundo.es/madrid/2021/12/01/61a65a02fdddfff7708b45b7.html