Documental sobre su abuelo: filmó en un geriátrico de alemanes en Córdoba y descubrió una historia fascinante

Un joven diseñador gráfico, Freddy Hunt, debuta como cineasta con CHON. Se trata de conversaciones que rodó con su abuelo y sus compañeros de residencia para ancianos.
27 de julio de 2021
Walter Lezcano
PARA LA NACION

De los 8 a los 14 años, Alfredo Hunt vivió con sus abuelos por decisión propia. Y creó un vínculo muy poderoso para su crecimiento y desarrollo. “Mi abuela era puro amor y mi abuelo era un poco más estricto, pero también muy culto, se podía hablar de todo con él. Había nacido en Alemania”. Tiempo después, luego de que su abuela falleciera en 2011, Alfredo Hunt decidió hacer un documental sobre su abuelo, que desde mediados de los 90 vivía en un geriátrico en Córdoba, que aloja, principalmente, alemanes. “Yo iba una vez por mes a verlo, religiosamente. Mi abuelo estaba un poco alejado del mundo y quería estar ahí para acompañarlo”, dice Hunt. En esos viajes, mientras conocía a los compañeros de su abuelo, empezó a tomar forma la película, a partir de la belleza de imágenes que iba vislumbrando.

La Fundación Villa Champaquí es un hogar de ancianos fundado en 1978 por evangelistas alemanes en Villa General Belgrano. Es el lugar donde transcurre su primera película documental que se llama CHON Carbono, Hidrógeno, Oxígeno y Nitrógeno, disponible en Cine.ar.

El abuelo de Freddy se llamaba Ernesto Germán Jacobo Miguel Brigel y era químico. Cuando su nieto le preguntaba qué había más allá de la muerte, él respondía bajo los parámetros de la razón y la ciencia: “No hay nada. Nos desintegramos y volvemos a la tierra. Somos lo mismo que un árbol, o un perro. Todos estamos hechos de CHON”.

La idea del film surgió hace una década, en una fiesta de fin de año, cuando Hunt quedó deslumbrado por la dinámica de los habitantes de ese lugar. Y lo que empezó como una curiosidad, imaginar las historias de vida de cada una de esas personas que convivían con sus abuelos, se transformó en una visión, un anhelo, una ambición.

Hay veces que los gestos enseñan más que las palabras. “Nunca me dijo que me quería. Pero en las tardes de mi infancia con él, me enseñó a lavarme las manos. Mientras me explicaba que el jabón curó a la humanidad de enfermedades terribles, yo hacía mucha espuma para salvarme. Una vez que hice trampa en el truco, no jugó conmigo -a nada- durante un año. Nunca más estafé a nadie. En su carpintería me enseñó a cortar la madera, y yo vi cómo unos listones se convertían en una silla en la que después me senté. Pero que me quería, nunca”, relata Hunt en un fragmento del film.

Y aunque su abuelo no habla en toda la película, está presente todo el tiempo. Las voces son las de otros habitantes de la residencia, conformando un brillante ensayo sobre la senectud.

Haber crecido durante la década del 90 puede considerarse como un deporte de riesgo. El fin de siglo en Argentina fue duro, complejo e inolvidable por todas las razones incorrectas. Cuenta ahora el diseñador y director Alfredo Hunt sobre esos años: “Yo soy hijo del neoliberalismo y de esa cultura berreta, iba mucho al cine como refugio: recuerdo alucinar con Volver al futuro, sobre todo la 2, que me flasheó y marcó fuerte. Y el mismo día que se estrenó vi tres veces seguidas El mundo según Wayne. Un buen récord”. De esas épocas de infancia y adolescencia vienen sus primeros deseos de hacer cine. Ya no solo mirarlo y disfrutarlo, sino sostener una cámara y crear imágenes que se claven en la retina y se vuelvan inolvidables. “Fue mi génesis, me parecía algo impresionante hacer un film”, cuenta Hunt. “Me incliné por estas cosas más sensibles”.

CHON es un documental que, de algún modo, intenta incluir y mostrar a una generación que está dejada de lado. “En otros lugares, por ser anciano, te ven como sabio, acá no”, sostiene Hunt. En ese sentido, la película crea dos recorridos: lo social desde la contemplación y lo bello de los encuadres. Y, por otra parte, pretende mostrar otro tipo de vínculos, quizá más duraderos que un simple match: “Sí, quería que esas maneras de antes lleguen a la gente más joven. Me interesa arrojar luz sobre las cosas que la sociedad dejó un poco al costado”, cuenta.

Lo que empezó como un proyecto familiar e íntimo de filmar a su abuelo –”mi máxima aspiración era hacerlo todo solo, como registro familiar, y subirla a YouTube”– ya tomó otras dimensiones. Quizás esa sea la verdadera magia del cine de la que tanto se habla. Y, a pesar de no considerarse cineasta, Alfredo Hunt comenzó un nuevo proyecto de película. Una nueva aventura.

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