Cómo desterrar el maltrato a las personas mayores

Como la expectativa de vida aumenta, las poblaciones cuentan cada vez con más personas mayores de 60 años. Es fundamental garantizarles una vida plena, digna y con igualdad de participación y derechos.

Por Dra Romina Rubin
Ambito
15.6.2021

En las sociedades modernas ha aumentado la expectativa de vida, añoramos y trabajamos para alcanzar un envejecimiento activo y saludable. Hoy, las personas de 60 años y más alcanzan los 1000 millones a nivel mundial, y según proyecciones de la Organización de Naciones Unidas, se espera que para el 2030 esta población se incremente a 1400 millones y que en el 2050 alcance los 2100 millones, más del doble de la existente hoy. Pero el envejecimiento poblacional no se define únicamente por el paso inexorable de los años. En dicho proceso concurren distintas variables sociales y culturales que pueden condicionar la aparición de maltrato a las personas mayores. En este marco, es de vital importancia crear conciencia ciudadana para garantizar que todas las personas mayores tengan la oportunidad de desarrollar su potencial con dignidad, igualdad participación y derechos.

El Día Mundial de la toma de conciencia contra el abuso y maltrato en la vejez

La Resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 19 de diciembre de 2011 declara el 15 de junio como “Día mundial de la toma de conciencia contra el abuso y maltrato en la vejez”. Esta celebración tiene como propósito promover la reflexión y el compromiso ciudadano con la finalidad de erradicar conductas, comportamientos y situaciones discriminatorias, de violencia, abuso y maltrato hacia las personas mayores que provocan la vulneración de derechos humanos. La Ley N° 27.360 promulgada por el Congreso Nacional, que ratifica la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos de Humanos de las Personas Mayores, define el maltrato como “la acción u omisión, única o repetida, contra una persona mayor que produce daño a su integridad física, psíquica y moral y que vulnera el goce o ejercicio de sus derechos humanos y libertades fundamentales, independientemente de que ocurra en una relación de confianza”.

Conmemorar un nuevo Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez adquiere un significado más fuerte aún en el año 2021, ya que en todo el mundo las personas mayores poseen un mayor riesgo de mortalidad y enfermedades graves asociadas a la pandemia Covid-19, pero también las coloca en una situación latente frente a la pobreza, el aislamiento y la discriminación. La pandemia está generando un caudal importante de angustia, temor y sufrimiento, especialmente en este grupo etario.

Un mal que no se conoce

Cabe destacar que la violencia y abuso contra las personas mayores aún es un fenómeno desconocido por gran parte de la población cuando lo sufren 1 de cada 6 personas mayores en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 15,7% de las personas de 60 años y más son víctimas de abuso, aunque considera que esta cifra es muy inferior a la situación real. Según un estudio realizado en el 2017, sólo 1 de cada 24 personas denuncia estas situaciones.

Por otro lado, el mismo organismo dio a conocer un informe mundial realizado en marzo de este año, en el que refleja que el edadismo (discriminación por edad) es la tercera causa de discriminación en el mundo, inclusive más que el sexismo y el racismo. La OMS define el edadismo como un estereotipo, prejuicio y discriminación hacia las personas de ciertas edades debido a la afectación o debilitamiento de su salud. La edad es una de las primeras cosas que observamos en otras personas, y el edadismo surge cuando esta se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia, y menoscaban la solidaridad intergeneracional. De igual forma, es necesario mencionar que cada cultura tiene actitudes distintas hacia la edad y el envejecimiento, pero ninguna está exenta de prejuicios sobre la edad. Al referirnos a la población mayor, se destaca que el edadismo está asociado a una menor esperanza vida, una salud psicofísica más deteriorada, menor reacción a la recuperación integral y un impacto en la calidad de vida. Asimismo, aumenta el aislamiento social y la soledad no deseada, reduce la capacidad de expresar su sexualidad e incremento de padecer riesgo de violencia y abusos.

Existen variadas formas de generar acciones de abuso y maltrato contra las personas mayores. Estas pueden presentar lesiones físicas, psicológicas o emocionales que no siempre resultan fáciles de identificar, pero en cualquier caso, las secuelas de cualquier tipo de maltrato a personas mayores son más difíciles de tratar en tanto que la edad avanzada y las condiciones de salud son en sí mismas dos importantes factores de riesgo. En cuanto al maltrato en el marco de establecimientos institucionales, con frecuencia está relacionado a lugares que no están preparados, capacitados o no cuentan con recursos para dar una atención idónea. La falta de adecuación abarca desde los recursos para la atención sanitaria, así como la formación y remuneración del personal. Muchas veces este soporta una carga de trabajo excesiva, lo cual desemboca en una mayor propensión al maltrato.

Es importante que prestemos atención a los distintos tipos de abuso y nos informemos sobre las acciones que podemos realizar. En términos generales, y a modo de resumen las personas mayores componen un grupo heterogéneo, que con frecuencia están sujetos a diversos factores de riesgo que incrementan la probabilidad de sufrir malos tratos o enfrentar obstáculos al goce de la salud y el bienestar. Hay algunos factores que son individuales, como la mala salud física o mental de la víctima, otros relacionales, comunitarios y socioculturales; como la falta de recursos económicos, o los estereotipos que representan a las personas mayores como frágiles, débiles y dependientes.

Para poder comenzar a revertir la situación, es importante comenzar a dar visibilidad a estas problemáticas, las personas mayores tienen los mismos derechos y libertades fundamentales que las demás, y merecen disfrutar de una vida plena, independiente y autónoma, con salud, seguridad, integración y participación. Es decir, el primer paso es que exista en la sociedad un reconocimiento sobre las distintas formas de maltrato.

La cultura del buen trato puede inspirar y dirigir acciones individuales de personalización permanente en el marco de un mundo de relaciones colectivas que se generan especialmente en centros residenciales. Sin duda es un proceso complejo, lento, que conlleva reflexión personal y colectiva de carácter ético, que requiere acompañamiento para avanzar en otra forma de acercarnos a personas con escasa capacidad de comunicación y decisión desde el respeto a la singularidad, a la historia personal y a su dignidad.

En virtud de lo expresado, destacamos que las personas mayores tienen dignidad y son merecedoras de un buen trato por parte de toda la comunidad. Los conceptos de dignidad y respeto son reconocidos como fundamentales por las personas mayores. Todos debemos empoderarnos para prestar atención al respeto de los derechos de las personas mayores y ser empáticos: todos vivimos envejeciendo.

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