Ryan O’neal. Los tormentosos 80 años de una leyenda viva de Hollywood

Uno de los rompecorazones más buscados de Hollywood también ganó fama por su carácter temperamental y su adicción a las drogas: sus hijos siguieron su camino y en un clima familiar de violencia constante lo acusaron de psicópata y golpeador
29 de abril de 2021
Jacqueline Isola
LA NACION

Fue un seductor nato dentro y fuera de la pantalla. Sin embargo, a sus 80 años, Ryan O’Neal no sólo es recordado por su pasado glorioso en la industria del cine, sino también por haber llevado una vida marcada por infidelidades, excesos y adicciones. Y él mismo lo reconoce. Hace poco más de dos meses, el actor que conquistó al mundo en la inolvidable película Love Story fue homenajeado junto a la coprotagonista del film, Ali MacGraw (82), en el popular paseo de la Fama de Hollywood, y en un ataque de sinceridad confesó: “¿Quién diría que terminaría con una estrella en el Paseo? Siempre pensé que acabaría en la cárcel, así que esto está bastante bien”, dijo riendo a través de una videoconferencia.

Al margen de los papeles que lo coronaron como galán de oro de los años 70 y 80, O’Neal también encontró la fama gracias a su conflicto perpetuo con las drogas y un temperamento explosivo que en más de una ocasión lo llevó a enfrentarse con la policía y la justicia. Sus cuatro hijos siguieron el mismo camino y también protagonizaron varios escándalos relacionados con sus adicciones.

Como si una maldición hubiese sellado el destino de su familia, el actor enfrentó además una leucemia crónica, un cáncer de próstata y la muerte del gran amor de su vida, la bella actriz Farah Fawcett. Y si bien ya se había casado dos veces, la protagonista de Los Ángeles de Charlie fue su compañera durante casi treinta años.

HACIA EL ESTRELLATO
Antes de convertirse en una estrella de Hollywood, O’Neal se preparó para subirse al ring y enseguida se convirtió en un boxeador profesional. Sin embargo, a pesar de su prometedora carrera como amateur –cosechó dieciocho victorias, trece por knockout, y cuatro derrotas–, el hijo del guionista Charles O’Neal y la actriz Patricia Callaghan quiso probar con la actuación. Consiguió su primer papel importante en la popular telenovela Peyton Pace (entre 1964 y 1967) y de allí saltó a la pantalla grande: en 1970 protagonizó la película Love Story, cuyo papel le valdría la única nominación al Oscar de su corta carrera cinematográfica. Le siguieron la comedia ¿Qué me pasa, doctor?, junto a Barbra Streisand y El ladrón que vino a cenar, de Bud Yorkin. En 1973 atrapó nuevamente la atención de los críticos al protagonizar con su hija Tatum Luna de papel, film por el que la pequeña de 10 años ganó un Oscar y se convirtió en la actriz más joven en ser reconocida por la Academia de Hollywood. Para ese entonces, Ryan ya era sinónimo de taquilla y pronto pasó a ser uno de los actores mejor pagos del momento.

En los años 80, el panorama ya era otro para él. Si bien había sido dirigido por Stanley Kubrick en Barry Lyndon, la carrera del actor se fue empantanando en papeles poco exitosos y destinados al olvido.

SIEMPRE ENAMORADO
Tenía sólo 22 años cuando se casó con la actriz Joanna Moore, con quien tuvo a sus hijos Tatum (57) y Griffin (56), pero el amor duró apenas cuatro años. En 1967 le propuso matrimonio a su colega Leigh Taylor-Young y juntos fueron padres de Patrick (52), pero seis años después se divorciaron. Y en 1979 conoció a Farrah Fawcett, con quien vivió un amor de película que tuvo un comienzo muy particular. Por ese entonces, la rubia texana estaba casada con Lee Majors, gran amigo de O’Neal. En un viaje de trabajo, Majors le pidió que le hiciera el favor de llevar a su mujer a cenar, para que no se sintiera tan sola, y el flechazo fue inevitable: O’Neal y Fawcett se enamoraron, empezaron a vivir su apasionado romance y se convirtieron en la pareja más buscada de Hollywood. Tuvieron un hijo en común, Redmond, y estuvieron juntos hasta 1997, cuando ella lo descubrió en la cama con la actriz Leslie Stefanson. Cuatro años después se reencontraron y compartieron sus vidas hasta que Farrah murió en 2009, luego de batallar duramente contra un cáncer. Él la cuidó hasta el final. “El cáncer es un enemigo insidioso… pero Farrah es poderosa, valiente, intrépida”, reveló en su momento Ryan, quien llegó a proponerle matrimonio en esos días, pero la boda nunca se concretó. “Esta es una historia de amor, pero aquí ya no sé cómo actuar. No voy a saber vivir sin ella”, le confesó entonces a la periodista Barbara Walters. Diez años después, seguiría recordando a la carismática rubia. “No hubo un solo día en el que dejara de amarla”, reveló en 2019 a la revista People.

DESTINO MALDITO
Ryan reconoció no haber sido el mejor referente para sus cuatro hijos. “Soy un padre incompetente. Creo que no estaba destinado a tener hijos. Mirá cómo me fue: están en la cárcel o deberían estarlo”, dijo a Vanity Fair en 2009, en clara alusión a las situaciones de violencia, drogas y descontrol que protagonizaron sus herederos en los últimos años.

Tatum, cuya relación con O’Neal estuvo quebrada durante casi veinte años, compartió su dramática infancia signada por el abandono y el rechazo constante de su padre en sus dos autobiografías, A paper life y Encontrada: la hija vuelve a casa. La actriz sostiene que de chica sufrió abusos físicos y emocionales por parte de su padre, y señaló que el Oscar que ella ganó empeoró la relación entre ellos. “En la prensa, interpretó al padre cariñoso, pero en sus ojos leo la verdad: un profundo resentimiento porque su actuación no fue tenida en cuenta”, escribió.

Ya durante su matrimonio con el famoso tenista John McEnroe, Tatum consumía heroína y la depresión la había llevado a intentar suicidarse en varias ocasiones, por lo que terminó perdiendo la custodia de sus tres hijos: Kevin (34), Sean (33) y Emily (29). “Resbalé en la oscuridad de la depresión y la adicción, el destino maldito de mi familia”, dijo en su best seller.

Su hermano Griffin (56) tampoco pudo encaminar su vida. Fue detenido en varias ocasiones por manejar borracho y por tenencia de armas. Y tenía 22 años cuando, conduciendo una lancha a máxima velocidad por Maryland, sufrió un accidente que le costó la vida a su mejor amigo e hijo de Francis Ford Coppola, Giancarlo. Fue absuelto por homicidio, pero condenado por conducción negligente: terminó en la cárcel tras incumplir las horas de servicio a la comunidad que exigía la sentencia. En 2007 padre e hijo tuvieron una dramática pelea en su casa de Malibú hospital para tratar su salud mental.

Es que al igual que sus medio hermanos, Redmond también luchaba contra sus propios demonios. “Tiene adicciones que no puede controlar. Estuvo sin salir a la calle durante un año, porque la policía no paraba de detenerlo. ¡En la cárcel lo descubrieron con heroína en el bolsillo! Estuvo en centros de rehabilitación de todo Estados Unidos y México. Sólo podemos dar gracias porque no tenga VIH”, confesó su padre a Vanity Fair en 2009. Redmond, por su parte, se defendió exponiendo su drama más personal. “Las drogas no son el problema, sino el trauma psicológico de mi vida entera. Mis experiencias vitales son lo que más me afectaron”, confesó en una ocasión.

Patrick, el hijo que O’Neal tuvo con Leigh Taylor Young, fue el único que logró torcer ese destino, pero también durante años tuvo una relación inestable con su padre.

VOLVER A EMPEZAR
Si bien con Redmond y Griffin prácticamente cortó lazos, Ryan retomó su vínculo con su primogénita después de dieciocho años de peleas y desencuentros. Así lo demostró en septiembre pasado tras compartir una imagen suya junto a Tatum y sus tres hijos. “Esta es una de las fotos más memorables de mi vida. La última vez que estuvimos todos juntos fue en el aniversario de los 30 años de Luna de Papel, en 2003”, escribió su nieto Sean McEnroe.

Como si el tiempo hubiese aplacado esa vida de excesos, O’Neal da la bienvenida a su etapa octogenaria junto a sus perros Mozart y Raven en su casa de Malibú mientras recompone, de a poco, ese deteriorado vínculo con su familia. El galán más explosivo de Hollwyood, que peleó contra una leucemia mieloide crónica –en remisión desde 2006– y un cáncer de próstata diagnosticado en 2012, parece finalmente haber encontrado un poco de paz.

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