Raúl Lavié: “Tengo la palabra resiliencia bastante incorporada”

Piazzolla Inmortal es el show con el que le rinde homenaje al gran Astor, en el centenario de su nacimiento; el 9, en el teatro Broadway

4 de abril de 2021
Mauro Apicella
LA NACION

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“Viví este último año con incertidumbre. Pensé que no podía durar mucho tiempo porque la verdad que nunca me he tomado un año sabático, pero ésta fue una situación obligada. Para lo mental, comencé a dibujar, que es mi pasión, y a pintar, por la falta de actividad de artística. También a escribir la historia de mi vida. En realidad, la retomé, porque ya la había comenzado. Y en un momento dije basta de todo eso, porque no soy pintor, soy artista de escenario. Empecé a proyectar cosas y eso me ayudó. La palabra resiliencia en mí está bastante incorporada”. A los 83, con más de sesenta de carrera como artista de escenario y la capacidad de levantarse luego de golpes como la muerte de un hijo, en 2019, el cantante Raúl Lavié piensa concretar uno de esos proyectos generados en pandemia: un tributo a Astor Piazzolla.

Para el centenario del nacimiento del gran bandoneonista y compositor, que se cumplió el 11 de marzo pasado, Lavié participó en el ciclo de conciertos de homenaje. Pero esto será más personal e íntimo. Lo estrenará con el título Piazzolla Inmortal, el 9 de abril, en el Teatro Broadway. Además, lo pone frente al espejo, para ver su relación con la obra de Piazzolla y con el propio personaje.

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“Lo único que me quitó la pandemia fue un año de vida y eso quizás no se pueda recuperar. Uno está en una edad en la que muchos piensan en retirarse. Yo por suerte no. Lo importante es seguir teniendo el fuego sagrado, la necesidad de seguir sobre un escenario, como muchos lo hacen. Para algunos es una obligación, para mi una necesidad porque no puedo estar en mi casa sin hacer algo. Es un TOC. Cuando no hago nada siento que pierdo el tiempo. Gracias a Dios están interesados en lo que hago. Recibo invitaciones para hacer cosas”.

«Ahora estoy con Piazzolla Inmortal, que creo que es lo que debo hacer porque fui uno de los primeros que creí en la música de Ástor y me jugué por eso»

Lavié llegó muy joven a Buenos Aires desde la provincia de Santa Fe buscando un sueño. Trabajó como cantor de tango pero al poco tiempo fue parte de esa selecta camada de nuevaoleros que, recién iniciada la década del sesenta, les llegó la fama gracias a la pantalla de televisión, en ciclos como El Club del Clan. Pero lo suyo también era el cine, el teatro, el tango y la obra de ese otro tanguero llamado Piazzolla. “A mi me costó imponer su repertorio. A la gente no le gustaba mucho, a tal punto que dejé de anunciar sus temas y cuando terminaba de cantar, si aplaudían les preguntaba si les había gustado. Recién ahí les decía que ese tema era de Ástor Piazzolla. Ni siquiera a la dueña de Michelangelo, donde yo cantaba, le gustaba Piazzolla. Cuando ella estaba me decía que tratara de no cantar sus temas. Pero yo lo hacía.

-¿El primer acercamiento a Piazzolla fue por su obra?

-Sí, primero grabé sus canciones. Cuando CBS Columbia me vino a ofrecer un contrato para grabar clásicos del tango, para competir con Rubén Juárez, cantor magnifico y nuevo de otra compañía, yo le dije que no, que no quería hacerle la contra a nadie. Para qué malgastar un repertorio de ese modo, ¿para ver quién vende más discos? Cuando John Lear, el presidente en ese momento, me preguntó qué quería grabar y yo le dije el repertorio de Astor Piazzolla, se hizo un silencio. Y lo que me propuso es que yo grabara lo que yo quisiera pero si no funcionaba tenía que grabar lo que él quería. Y fue un éxito, el disco anduvo muy bien. Hice tres discos con el repertorio de Piazzolla. Eso fue los que me agradeció Ástor. Lo dijo públicamente, lo tengo grabado.

-¿Cuándo empezó a trabajar con Piazzolla?

-El me convocó un par de veces. Primero para un proyecto similar a María de Buenos Aires, pero no se hizo, porque en ese época estaba el gobierno militar, que era bastante quisquilloso para ciertas cosas del espectáculo y como pensaron que no nos iban a dejar hacerlo, finalmente no salió. Luego, en 1965, yo me fui a México y Ástor comenzó a escribir música con Horacio Ferrer. Hicieron María de Buenos Aires y pidieron que me llamen para que lo estrene junto a Egle Martin. Pero ninguno de los dos pudimos, entonces lo hicieron Héctor de Rosas y Amelita Baltar. Luego aparece “Balada para un loco”. Y Ástor se hace popular gracias a una canción.

-¿Cómo vive esas canciones que ahora vuelve a reinterpretar, en el marco de un homenaje?

-Yo, como otros jóvenes de fines de los sesenta, necesitaba otra música. El tango no le significaba absolutamente nada a esos jóvenes. La influencia de las nuevas ofertas musicales de Estados Unidos e Inglaterra, de Chubby Checker a Los Beatles, los fue atrapando. Ástor consideraba que esa era la forma en que sus temas podían perdurar a través del tiempo: llegando a la juventud. Él siempre creyó en la juventud, sobre todo en los muchachos rockeros. Y se avoca a eso. Horacio [Ferrer] le da palabras que no eran utilizadas en el tango y un paisaje. Así aparece una frase como “la luna rodando por Callao”. Era una nueva forma de expresar el tango entre comillas porque, en realidad, no era tango sino la música de Piazzolla. Creo que los que aplaudieron ese nuevo léxico fueron los jóvenes. Por eso también Piazzolla creó su octeto.

-Después de María de Buenos Aires, en la que no pudo participar, ¿cuál fue la siguiente convocatoria de Piazzolla?

-Estábamos trabajando en Michelangelo. Ya éramos amigos. Él un día tenía que hacer un show en La Plata, creo que era por un aniversario de la ciudad, y justo se enfermó Amelita Baltar. “Negro, me tenés que salvar”, me dijo. “Vos sos el único que sabe todos mis temas ¿Venís conmigo?”. Mirá la pregunta que me hacés, le dije. Y ahí comenzó nuestra relación musical. Otra historia. Comenzamos a hablar de cosas futuras. Pero no se daba. Yo también hacía teatro, que me apasiona. Hasta que en el 83 me dijo que quería que fuera con él a una gira por América Latina y a Japón. Hicimos toda la gira hasta México. Luego fuimos a Japón, de donde me queda el recuerdo de un disco que grabamos en vivo. Y seguimos relacionados en París, mientras yo participaba en Tango Argentino y él estaba trabajando allá. Vivíamos en el mismo edificio. Nos encontrábamos a comer. También lo hacíamos en el Japón. Ástor era un diletante de las comidas étnicas porque pensaba que las culturas también se palpaban con el paladar. Lamento no haber podido atesorar más cosas de Ástor.

-¿Guardan alguna relación la música y el personaje?

-Creo que lo que tiene que ver es su niñez en los Estados Unidos y su acercamiento a esa cultura. El jazz y muchas otras cosas tuvieron que ver. También su amor por la música clásica. Luego, sus viajes constantes, y los cambios que durante veinte o treinta años se dieron en la música. Él le dio a la suya colores distintos. Yo escucho la música de Astor y escucho Buenos Aires, aunque no es la del farolito y las calles de tierra, sino la gran ciudad, el ruido y la pujanza. La sirena de una ambulancia que pasa por la Avenida del Libertador, donde él tenía su departamento, está en su música, en el sonido de un violín. Los compositores se nutren de los colores que los rodean. Astor venía a Buenos Aires a hacer su música.

-¿Cuáles son los piazzollas que tomó para este Piazzolla inmortal que estrenará pronto?

-Tengo la satisfacción de que su familia me considere parte. Canté con Ástor, con su hijo Daniel y con su nieto Pipi [líder del grupo Escalandrum]. Astor quería que su música fuera perenne. Y eso se está dando. En el espectáculo junto dos pasiones fundamentales de los grupos con los que trabajó: el Quinteto y el Octeto. En eso se basa el espectáculo. Sumé a Juan Carlos Cirigliano, que participó en el octeto. Además, los músicos tienen menos de 30 años. Porque Ástor soñaba con que los jóvenes mantuvieran viva su música. Y no se equivocó. En el show también va a estar un joven con mucho talento, de 22 años, Franco Zacarías, e incorporo a Ce Suárez Paz, hija de Fernando Suárez Paz, violinista que acompañó a Piazzolla hasta los últimos años. Además, tenemos las coreografías de la rosarina Pecky Land, que tiene una visión muy particular de la música de Ástor. Lo de “inmortal” del título es porque ese era su deseo. Y también el mío. Yo me jugué por su repertorio. El 9 en Buenos Aires, el 16 y 17 de abril en el teatro El Círculo de Rosario y estamos viendo si lo podemos llevar a Córdoba y a Mar del Plata. Me tiré a la pileta para hacer esto, sin pensar en lo que vaya a pasar. Pero es una obligación moral hacerlo”.

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