Casilda, la más longeva del país, le ganó al Covid y festejó sus 114 años

Nació en Paraguay, pero desde 1945 se radicó en Argentina. En diciembre se contagió, hace tres semanas la vacunaron y ahora celebró con torta y chocolates.

Guillermo Villarreal
24/04/2021
Clarín.

Fue con la más sana ironía que a mediados del año pasado, cuando los contagios por coronavirus se diseminaron en varios geriátricos de la ciudad, alguien en la familia soltó: «Seguro que Casilda se agarra el Covid y no le pasa nada». Una acertada predicción. En diciembre se contagió y su salud no acusó recibo. El dato consta en la sucinta historia clínica que los médicos, no sin sorpresa, debieron abrirle hace sólo tres años.

Casilda Ramona Benegas de Gallego es la persona más longeva del país y también la mayor en haber superado la infección de coronavirus. Acaba de cumplir 114 años rodeada de una parte de su familia en una celebración con cuidados extremos y muchísima emoción.

«¿Cuántos años cumplo?», preguntó con su frágil tono de voz en medio del festejo. Cuando se lo dijeron, largó la carcajada: ella misma no puede creer la edad que tiene. Nació en Itapuá, Paraguay, en 1907. En 1945, luego de casarse con un español, se radicó en la Argentina.

El matrimonio se asentó en el norte primero, en Jujuy, luego en Corrientes y por último en Chaco, hasta que se trasladó de manera definitiva a Mar del Plata.

Además, vivió más de una década en España, en Alcobendas, a pocos kilómetros de Madrid. Tenía 93 años cuando su familia emigró y la llevó; 106 cuando regresó. Ese vuelo que dura casi 12 horas los tuvo en vilo a todos, aunque finalmente Casilda, igual que al Covid, lo toleró sin padecimientos.

Unos días antes de Navidad, a partir del contacto de una empleada en el hogar donde reside en la zona norte marplatense, se detectó un brote de contagios. Sin perder tiempo, todos allí fueron hisopados y hubo varios positivos.

Identificada bajo el número 5.229.660, Casilda dio positivo al Covid-19 el 14 de diciembre y nueve días después superó la enfermedad con 113 años y 259 días de vida, suma que la convirtió en la persona más longeva del país en curarse de acuerdo al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS).

«Un poco nos asustamos, pero pasaron los días y los informes que le enviaban a mi tía decían que se alimentaba bien, que estaba siempre hidratada, y lo terminó pasando sin darse cuenta», recuerda Mayra Blanco, estudiante de Historia y fana de su «bisa».
Récord mundial

Además, la supercentenaria Casilda también es la segunda persona de mayor edad en recuperarse de la enfermedad en todo el mundo, detrás de la estadounidense-española María Branyas Morera que nació un mes antes que ella, el 4 de marzo de 1907, según consigna el sitio especializado Gerontology Wiki.

Hace tres semanas Casilda fue vacunada por personal del PAMI en la residencia donde vive. Entonces, se convirtió en la cuarta persona más longeva en ser inoculada, detrás de Antonia da Santa Cruz, de 115 años, de Brasil; la mencionada Branyas Morera y la canadiense Phyllis Ridgway, ambas de 114 años.

De acuerdo al sitio Supercentenarios, que lleva tales registros y los actualiza en sus redes, Casilda es la décimo segunda persona más longeva del mundo.

Casilda habita en las redes sociales a partir de los posteos que su bisnieta le dedica. Su familia no podía creer cuando la vieron a aparecer en medio del spot que hizo la AFA para reforzar los cuidados contra el coronavirus, una imagen del día en que fue vacunada. Ahora, una concejal de Mar del Plata propuso que esta tatarabuela paraguaya-argentina sea declarada «vecina destacada» de La Feliz.

Su hija Esther, sus nietos Irene y «Pini», como desde chico llaman a Rodolfo, papá de Mayra, no fueron preparados para lo que finalmente ocurrió la tarde del 8 de abril, el día del cumple 114. Pensaron que iba a ser como desde el inicio de la pandemia, que apenas podrían saludarla a Casilda a través de una reja, tomarse de las manos y en esa distancia esperar que ella (que oye y ve con dificultades, encima con los barbijos) pudiera identificarlos.

También participó «Mechi», otra nieta, por videollamada desde España. Casilda, que tuvo dos hijos, tiene ocho nietos, ocho bisnietos y tres tataranietos, Daniela, Bautista y Catalina.

Los responsables del hogar Abuela Coca les habían dispuesto una sorpresa, y por primera vez desde hace más de un año, con todas las precauciones -alcohol desinfectante en abundancia, tapabocas, ventanas abiertas de par en par y acercamiento solo para las fotos-, les abrieron las puertas. Su hija Esther, sus nietos, su bisnieta y algunos compañeros de la residencia que se habían vestido para la ocasión le cantaron el Feliz Cumpleaños.

Como cada vez en un festejo, en el suyo Casilda no se privó de nada. «Comió torta, alfajorcitos de maicena y apenas le arrimé la caja de chocolates metió la mano y se comió un cuadradito. Ella es redulcera. Lo disfrutó mucho. Siempre fue igual. Tiene un estómago de hierro que ni el coronavirus le pudo arrancar».

«Siempre fue sana, nunca tuvo nada –explica–. Le tuvieron que abrir una historia clínica recién a los 111 años porque no tenía, y fue porque una gata le mordió la pierna. Los médicos no lo podían creer».

Fue por esa misma razón que Esther, su hija de 87 años, engañó a los médicos que la atendieron en la clínica donde debió ser internada por una neumonía hace unos años. «¿Con quién vive?», quisieron saber. Ella prefirió ocultar la verdad: «Sola», les respondió y luego en casa, ya de alta, se sinceró divertida: «Es que si les llegaba a decir que vivía con mi mamá -tatarabuela supercentenaria, pisando entonces los 110- me iban a hacer atender por un neurólogo».

Todas las semanas, su nieto «Pini» le lleva al hogar sus preferidos, palmeritas y polvorones, e infaltables bananas. «Tiene una clave Casilda, después de cada comida, se come una banana». Ningún tipo de medicamento, no es hipertensa, tampoco diabética. «Apenas unas lágrimas para los ojos le lleva papá», cuenta orgullosa la bisnieta.

Al parecer, el secreto de la vitalidad de esta mujer de 114 años no radica en ninguna dieta ni en los cuidados extremos, sino en su buen humor. «Rió mucho en su cumple. Nosotros estábamos reemocionados y ella contentísima. Yo nunca la vi enojada, siempre una mujer muy alegre», cierra Mayra.

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