«Aprendí a bajar un cambio. aprendí que no hace falta tanto»

Edda Díaz encontró en la cuarentena una oportunidad para crear videos propios, subirlos a las redes y seguir actuando, como lo hizo siempre.
Entrevista a una actriz que apuesta fuerte a la vida y que estos tiempos de pandemia la ayudaron a «bajar un cambio» y a agradecer.

Comunidad PAMI

Actriz de extensa trayectoria, Edda Díaz (Esther Edda Ana Díaz, 79 años) entendió a la cuarentena por Covid 19 como un momento para aprovechar y homenajear a aquellos artistas que le dejaron huella tanto en lo laboral como en lo humano. Tomó un teléfono celular, apeló a su vestuario y se largó a grabar monólogos. La ayudan su marido, Salvador Macari – “el asistente perfecto”, refiere Edda- y allegados. Su canal de YouTube se convirtió en una plataforma de expresión. “Me divierto un montón”, le dice a Comunidad. Además, agrega, “los homenajes hay que hacerlos en vida”. En el siguiente diálogo explica por qué.

–Tenía ganas de hacer algún trabajo en la pandemia, así que se me ocurrió honrar a gente del ambiente artístico. En el caso de Lino Patalano, lo que quise era hacerle un homenaje en vida, porque los homenajes se hacen en vida. Y se lo pude decir personalmente. La gratitud también hay que expresarla en vida. Sentía que había mucha gente que es querida por el público a la que había que agradecer. Otros, como Alfredo Alcón o China Zorrilla, que ya no están entre nosotros, también fueron homenajeados. Me divierte contar en qué condiciones los conocí a cada uno. Así, cada sábado voy estrenando un programa mientras me pongo a trabajar en el que sigue.

-¿Qué te significa hacer estos videos?

-Mantenerme viva.

-Le encontraste una vuelta hermosa al uso del teléfono celular.

-Es un trabajo en equipo. Y como somos varios lo disfrutamos. Mi marido me filma con el celular. Pero antes le comento qué quiero hacer, cómo. Lo discutimos. Opinamos. Damián Barrera es asistente de dirección y también participa. Alejandro Weber le pone la música original. Susy Gand está con los flyers. Son personas que me conocen y me quieren. Entonces podemos trabajar con armonía.

-¿Qué devoluciones tuviste?

-Sé que a Susana Giménez le llegó. No sé cómo anda el loco de (Antonio) Gasalla. Todas fueron buenas devoluciones. Me han hecho sentir que están muy contentos.

-¿Cómo te encontró la pandemia?

-Tenía dos comedias para hacer. Incluso por una de ellas tuvimos una reunión. Con Enrique Datal y Enrique Patatino. Una comedia con Hugo Vieyra. Tuvimos un ensayo y pasó esto. La otra era muy divertida, que la iba a protagonizar, en el under. Estaba contenta con las dos. Pero de repente todo cambió. Cuando se pararon esas propuestas, decidí hacer algo mío. Entonces me lancé, aunque con ayuda. Me gusta trabajar en equipo. Tampoco puedo afirmar que se trata de unipersonales. Porque uno hace el texto, otro lo actúa, otro hace otra cosa. Todos nos necesitamos.

-¿Qué te permite este trabajo en lo profesional?

-Me refrescó. Porque antes trabajaba con textos de otros, bajo la dirección de otros, disfrutando de elencos de 11, 9 personas. Claro que me encanta trabajar con muchas personas, como con (José María) Muscari, por ejemplo. Y de repente la vida te dice “no, ahora te quedás acá adentro y volvés a tus fuentes”.

-¿Cómo sos para trabajar en estos unipersonales?

-Muy obsesiva. Siento que tengo muchos personajes para contar y al mismo tiempo se me ocurren bloques de humor. Mi marido me da manija. Esperamos aparezca un sponsor. Me hace bien crear.

-¿En qué solés pensar cuando no creás?

-En qué nos pasa a los argentinos. Ese es mi tema de toda la vida. También pienso en que me sobran unos kilos. Nunca se está suficientemente en línea. Nunca es bastante, diría una analista con la que nos moríamos de risa. Yo era muy menuda, muy delgada. De pronto tuve tres hijos. Pasaron cosas, como a todos. Pasó el tiempo. Considero que ya no puedo tener el peso de mi juventud. Carlos Perciavalle sí lo hizo. Tenía la misma ropa y le quedaba bien. De todos modos lo que me interesa es mantenerme sana en todos los planos: mental, intelectual, físico.

-Si tenés que sacar algo positivo de la cuarentena…

-Aprendí a bajar un cambio. Aprendí que no hace falta tanto. Trabajaba demasiado. Creo que a cierta altura de la vida una tiene ganas de agradecer.

-Mencionaste varias veces a tu marido.

-Nos conocimos por internet. Estábamos en la lista de mails de un cura tercermundista que nos mandó un mensaje abierto para un día del amigo. 50 personas. Era el año 2002. Me preguntó si era yo, Edda Díaz. Le dije que sí, que yo era yo. Y le pregunté quién era él. Así empezó. Enseguida nos fuimos a vivir juntos porque no teníamos tiempo para perder. Es la pareja más feliz de mi vida. Ambos tenemos hijos en España. Él es artista plástico. O sea, el arte está en la casa, en la familia. Lamenté no tener un hijo con Salvador. Hasta quería adoptar. Mi apuesta a la vida es muy fuerte. Voy a estar viva hasta el último día que esté viva.

-¿Sos de buen humor?

-Soy bienhumorada y tranquila. Soy así como ahh ah ah ah pero tranqui. Soy capaz de estar sentada horas enteras sin mover una pestaña. Bah, soy como me ves.

-¿Usás tecnologías?

-Muchas. Fui evolucionando. Antes me comunicaba con mis hijos por el fax, y luego por las nuevas formas de comunicación. Fui evolucionando. Ahora uso mucho Facebook. Planteo consignas. Y las respuestas son interesantes. Pero no acepto agresiones.

-¿Qué tipo de consignas?

-Por ejemplo, ¿para qué les sirvió la cuarentena?

-¿Y qué te contestan?

-De todo. Lo que más me dijeron es que se trata de una prueba. Si la vida no te sirve para madurar y una de las cosas de la maduración tiene que ver con la aceptación, entonces… los debates deben ser para apoyarnos. “Todo lo que necesitas es amor”, cantaba Louis Armstrong.

-¿Qué actividades físicas hacés?

-Salgo mucho a caminar. Ahora vivo en el barrio de San Cristóbal, después de vivir 27 años sobre la 9 de julio. Pasaban todas las manifestaciones políticas por la puerta de mi casa, que estaba en Bernardo de Irigoyen y Carlos Calvo. Eran 300 metros cuadrados. Con patio. Ahora nos mudamos a este departamentito que es muy cómodo, con vista hermosa. Incluso se ve el río.

-¡Qué lindo tener vista al río!

-Bueno, sí, pero tengo que usar anteojos. Es mi problema desde que nací: soy miope. Mejoré, pero ahora ando medio jodida de nuevo.

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