«Siempre me eligieron para hacer del Gran Tipo Duro»

A los 80 años, el legendario actor James Caan sigue dispuesto a trabajar
Su emblemático Sonny Corleone fue solo uno de los grandes papeles en los que brilló, en una larga carrera que también incluyó algunos momentos personales muy oscuros.

Por Adam White
Página/12
7.2.2021

James Caan está mostrando sus cicatrices de guerra. «Tengo 14 tornillos en mi hombro izquierdo, seis en el derecho y tres en el codo», presume. «Uno en mi muñeca, dos en la otra muñeca y uno en cada tobillo.» Forman un mosaico que se entrelaza con la mortalidad. Hubo un accidente de motocicleta, una extensa cirugía de espalda, y un momento en el que casi se arrancó un pulgar en un accidente de rodeo. Eso fue en 1975, y tuvo que volar a Londres unos días después para la premiere real de Funny Lady. Su coestrella Barbra Streisand saludó a la Reina vistiendo una capa rosa. Caan estaba en la fila con su mano derecha envuelta en vendas y su pulgar apuntando al aire, como los guantes de goma que se ven en las tribunas de fútbol. Se ríe sobre el estado de sus huesos. «¡Me rechazaron en la maldita fábrica de pegamento!»

Caan puede tener 80 años y estar sostenido por diferentes piezas metálicas, pero no hay nada de qué preocuparse: siempre hubo algo de indestructible en él. Seguro, su calenturiento caporegime Sonny Corleone no llegó a El Padrino II, pero el resto de su curriculum vitae es prácticamente una guía de supervivencia para todos los peligros potenciales de la vida: fue colocado contra gangsters y policías corruptos en Mi profesión: ladrón (Michael Mann, 1981); estrella del asesinato esponsoreado por el Estado en Rollerball (Norman Jewison, 1975); y aprentemente indefenso contra una superfanática de maza en mano en Misery (Rob Reiner, 1990).

Décadas de excesos fuera de cámaras -las drogas, los matrimonios múltiples, el año que pasó viviendo en la Mansión Playboy tras un mal divorcio- solo agregaron espesor a la mitología. De manera no muy diferente a la de Sonny Corleone, es el arquetípico tipo peligroso con un corazón de oro. A veces fue una carga. «Siempre me elegían para hacer del Gran Tipo Duro o el Señor Héroe», dice. «No me dejaron hacer mucho más.»

Caan está en Los Angeles, y no está promocionando nada. La pandemia significó una ausencia de trabajo de actuación, con lo que está haciendo lo que puede: han habido apariciones en podcasts, gorras de béisbol con su apellido como marca, y una cuenta de Twitter (@James_Caan) que se volvió de culto. Es una gran compañía; alegre y animado, y muy al tanto de que sus anécdotas vienen cargadas de chismes y llenas de estrellas («¡Te va a encantar esta!»). Sus convincentes imitaciones llegan rápido y en modo abundante, tanto como sus juguetonas historias.

¿Rob Reiner eligiéndolo para Misery? «Fue una broma privada, ‘Consigamos al más neurótico actor de Hollywood y pongámoslo en una cama durante quince semanas». ¿Arnold Schwarzenegger, el coprotagonista de El protector? «En nuestra primera escena dice ‘Metete en la ambuulancia’, y digo ‘¿Qué carajos es una ambuulancia? ¡Hablá bien, bastardo, te están pagando una fortuna!'». ¿Su gran amigo Willie Nelson? «Solo me he drogado de manera involuntaria con él… cada vez que me meto en su bus de gira termino haciendo boludeces». Sus menciones casuales a nombres célebres son un testamento de su larga y variada carrera, y su importancia para más de cinco décadas de cine. ¿Por qué, entonces, no tiene un Oscar?

«Realmente desearía tener un Premio de la Academia», dice. «Pero escuchá, esto es lo que tenés que saber. Número uno: nadie que tiene cáncer en una película gana automáticamente el premio ese año. Número dos: Sueno amargado… ¡y lo estoy!» Estuvo cerca con El Padrino, pero se ha dicho que hubo un fraude en la categoría al separar los votos para Mejor Actor de Reparto entre él, Robert Duvall y Al Pacino. Pacino incluso boicoteó la ceremonia tras asegurar que había sigo eliminado de la carrera a Mejor Actor para mejorar las chances de Marlon Brando. «¿Brando consigue el de Mejor Actor? Esperá un minuto. ¿Cómo es posible que Al Pacino fuera Actor de Reparto en El Padrino? No tiene sentido. Y entonces, para que tenga aún menos sentido, el ganador del Mejor Actor de Reparto de ese año fue Joel Grey por Cabaret!»

Caan dice que su celebridad también fue una distracción para los votantes. Recuerda visitar a miembros de la Asociación de Periodistas Extranjeros y ser acosado con preguntas sobre su vida sexual. «Un montón de esos tipos tienen revistas de mierda en sus casas, y todo lo que querían saber es con quién me metía en la cama. ¿Qué estaba tomando? ¿Con quién me estaba acostando? ¡Nada sobre la película!»

La sinceridad de Caan habla de su educación. Hijo de inmigrantes judíos de Alemania que primero se instalaron en el Bronx y luego en Queens, James creció golpeando carne en las esquinas de Manhattan con su padre, y tomando parte en lo que describe como «actividades no-judías» como boxear, montar toros y generar problemas. Las artes lo salvaron. A fines de los años cincuenta, tras abandonar la secundaria, empezó a estudiar con el legendario gurú de la actuación Sangford Meisner en el teatro Neighbourhood Playhouse. Apareció en Broadway y la televisión antes de mudarse a California en 1961. Se sintió como un pez fuera del agua -«No podía entender cómo tenías que manejar media hora para conseguir un diario»-, pero rápidamente consiguió trabajo para encarnar a cowboys y tipos duros. Menos recordados son sus papeles más sensitivos, como el cálido melodrama The Rain People (1969), que lo llevó a conocer a Francis Ford Coppola, o la historia romántica Permiso para amar hasta medianoche (1973).

Por un tiempo, la carrera de Cann estuvo en llamas. El Padrino lo fijó en la psiquis estadounidense como una figura de abrasadora masculinidad y nudillos pelados. Fue un modelo que replicó en vehículos estelares como El jugador (1974) y Los aristócratas del crimen (1975). Hizo intentos por diversificarse, escribiendo y dirigiendo el drama familiar Por justicia propia (1980), pero tuvieron un estreno limitado. Caan dice que esta última fue «una gran decepción… no había tiburones en ella, con lo que esos dos idiotas en MGM no supieron qué hacer». Pero quienes las vieron las amaron. «Francis dijo que en ese momento era una de sus cinco películas favoritas. Eso me hizo muy feliz, porque en realidad haces películas para veinte tipos, ¿sabés? Querés que a tus amigos les gusten.»

Después de eso, todo empezó a venirse abajo. En 1981, la hermana menor de Caan, Barbara, murió a causa de la leucemia. «Barbara era como mi mejor amiga», dice. «Ella era la única persona en el mundo a la que le tenía miedo. Cuando murió, la pasión se volvió todo para mí. Eso es lo que amaba de mi hermana: era muy apasionada en todo lo que hacía. Empecé a tomar cocaína, que es como una sentencia de muerte. Eso duró un tiempo.» Determinado a limpiarse, dejó Hollywood, desapareció del ojo público y empezó a entrenar chicos en béisbol. Pasaron cinco años hasta que hizo otra película, el drama bélico de Coppola Jardines de piedra (1987). «¡Ese fue mi gran regreso!», grita Caan. «¡Con hambre y sed!»

El renacimiento de Caan en los noventa fue en parte ayudado por viejos amigos deseosos de verlo volver a trabajar. Reiner y su compañía productora Castle Rock lo pusieron en Misery y Una novia de dos novios (1992); Warren Beatty le dio un cameo en Dick Tracy (1990), y James L. Brooks lo presionó para que tomara un rol de reparto en Buscando el crimen, el debut de un talento aún desconocido llamado Wes Anderson. Fue un segundo soplo de viento que duró un tiempo. Fue el letal suegro de Hugh Grant en Mickey Ojos Azules (1999) y el hosco padre biológico de Will Ferrell en Elf (2003). La inolvidable Dogville (2003) lo presentó como el oscuro padre de Nicole Kidman, y lo puso en el punto de mira del divisivo Lars von Trier.

«¡Oh, es un maldito loco!», se ríe Caan. Al llegar a Suecia, recuerda al cineasta llevándolo del aeropuerto a una zona industrial en una van estropeada. «Me dijo ‘Jimmy, te llevo a dar un paseo’. Me envolvió en un viejo duvet en su van, y recuerdo que tenía toda su ropa sucia ahí. Supongo que cada dos semana la lavaría.» El set era un lugar desolado, especialmente para algunos de los integrantes mayores del elenco, como Lauren Bacall y Ben Gazzara. «El se comportaba como pisoteándolos, mal», recuerda. Von Trier filmó con una cámara montada en su hombro, y podía ir y venir por un largo espacio vertical ambientado como una calle de Colorado. Todos debían mantenerse en el lugar y en personaje, solo por si Von Trier pasaba por allí.

La gran escena de Caan tenía lugar en el asiento trasero de un Cadillac, donde se encontraba atrapado. «Estuve sentado en la parte trasera durante horas», se ríe. «Fumando un cigarrillo con este vestuario ridículo. Nicole finalmente vino con Von Trier, hicimos esta larga escena y salieron y se fueron calle arriba. Me quedé ahí sentado, esperando. Estuve literalmente tres o cuatro horas más, y Nicole estaba exhausta. Despué de un rato le dije al asistente de dirección ‘Decile a Nicole que si me necesita aún estoy en el maldito auto’. El tipo fue y le dijo, y ella empezó a reírse histéricamente. Lo siguiente que supe es que Von Trier me llamaba ‘el pibe de la risa'».

Dogville fue un desafío, pero marcó el tipo de esfuerzo creativo que Caan ansía encontrar de nuevo. La pandemia puede haberle puesto un freno, pero él sabe que aún quedan un par de grandes performances para él. «Quiero hacer algún buen personaje», explica. «Henry Fonda siempre dijo que quería hacer una buena película antes de morir. Nunca estaba satisfecho. Quiero decir, creo que hice un par de grandes películas, ¿sabés? Pero ahora entiendo lo que él quería decir. Realmente quiero trabajar. Hace un par de años que doy clases de actuación aquí, algo que es divertido y gratificante, pero no tan divertido como hacerlo. Solo quiero la oportunidad, mientras aún estoy sobre mis pies, de hacer algo por lo que me llames y digas ‘Jimmy, eso estuvo realmente bueno'».

Suspira.

«Si conocés algún director, decile que estoy listo.»

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