Frente a la pandemia: ¿Tenemos un sistema de salud?

La pandemia elevó a un primer plano la salud en el país. Focalizó el esfuerzo del personal involucrado en el combate y aspectos de la infraestructura existente, principalmente la disponibilidad de camas y respiradores en unidades de terapia intensiva (UTI) para enfrentar las consecuencias mas graves de la enfermedad.

Aldo Isuani
1.10.2020
Clarin

También se evidenciaron problemas varios: el aumento de camas y respiradores no tuvo correlato con el recurso humano necesario para su uso y que no se puede formar a las apuradas; se compraron nuevos aviones pero no habían pilotos entrenados para ellos.

Además, no se dispuso o difundió información adecuada en áreas sensibles: disponibilidad y ocupación de camas en UTI del sector privado, cantidad de médicos intensivistas disponibles en ambos sistemas y su distribución en el territorio; existieron confusas estadísticas sobre fallecimientos y fue evidente la incapacidad de testeo, rastreo y aislamiento.

Pero estos son solo algunos síntomas de un sistema que adolece de enormes problemas a saber: fragmentación, clasismo, irracionalidad y acefalía. Veamos.

Fragmentación: Sector público, obras sociales y sector privado se distribuyen la tarea sanitaria sin coordinación entre ellos. Al interior del sector público, tanto la nación como las provincias y algunos municipios brindan servicios siguiendo solo sus propias lógicas.

Esto se repite en mayor escala con las mas de 300 obras sociales de todo tipo, de dimensión y capacidades muy diversas, que básicamente no prestan sino que financian servicios de salud dados por el sector privado y este último descansa tanto en organizaciones prestadoras de servicios como de financiadoras de los mismos.

Clasismo: esta estructura fragmentada llega a grupos poblacionales diversos. El sector privado atiende con exclusividad a los sectores de mayores ingresos. Las obras sociales, atienden a los trabajadores del sector formal y jubilados. El sector público, en principio destinado al conjunto de la población, es en realidad un servicio para sectores informales donde reina la pobreza.

Irracionalidad: la fragmentación provoca tanto exceso como falta de recursos físicos y humanos dependiendo del territorio; regímenes laborales que fomentan el pluriempleo desgastando el recurso humano y sistemas de remuneración que, o bien incentivan la sobre prestación que trae como consecuencia prácticas innecesarias cuando no iatrogénicas, o estimulan la sub prestación negando prácticas oportunas o necesarias.

Por último, la atención primaria es extremadamente débil para accionar preventivamente sobre los riesgos de la salud y evitar el pesado costo económico de la estrategia curativa Acefalía: Refiere a la ausencia de un centro que facilite la coordinación y el mejor uso de los costosos recursos médicos.

Desde una participación insignificante del gobierno nacional en el financiamiento hasta la ausencia de información consolidada sobre los tres subsistemas. Posee mínima capacidad prestadora ya que esta fue delegada a las provincias y tiene muy escasa capacidad de incidir en las prestaciones que realiza el sector privado directamente o a través de las obras sociales.

Frente a este diagnóstico hay varias preguntas que son necesarias realizar En relación al clasismo, ¿ha aceptado ya nuestra sociedad y sus dirigentes que sectores acomodados, clases medias y pobres tengan sistemas separados para atender su salud? ¿No es en la preservación de la vida y la salud donde la igualdad es mas importante?

En cuanto a la fragmentación, ¿qué justifica entonces un sistema para trabajadores formales y otro para pobres e informales? ¿No ha llegado el momento de que sector público y obras sociales se fundan en un único sistema público que se complemente con los prestadores privados?. ¿No es hora de configurar un verdadero sistema?

Irracionalidad: ¿Vamos a seguir privilegiado un enfoque dedicado a curar la enfermedad en detrimento de uno que apunte a la preservación de la salud, fortaleciendo la atención primaria? ¿Vamos a planificar y ordenar la distribución en el territorio de los recursos físicos y humanos necesarios para evitar excesos y defectos?

Finalmente, la acefalía: ¿Queremos un Ministerio Nacional débil e irrelevante como el actual? ¿Debemos fortalecer su rol en la prestación, supervisión, orientación, financiación y consolidación de información relevante?

La pandemia da una oportunidad para un profundo debate sobre la igualdad y la eficiencia en la atención de la salud en Argentina.

https://www.clarin.com/opinion/frente-pandemia-sistema-salud-_0_e2EgWunYY.html