Filosofía del cuidado en tiempos del Covid

Cuando la peste atraviesa el mundo, el cuidarse es una actitud que va más allá de la salud física: implica, incluso, el coraje de decir la verdad.

Solange Camauër
Clarin
Revista Ñ
08/10/2020

La palabra cuidado, repetida en cuarentena hasta casi vaciarla de sentido, contiene una historia de significados que no debería quedar sepultada por el parloteo político y sanitarista porque en ella residiría una clave para la reconsideración del vínculo social en tiempos dificilísimos. En tonos admonitorios, sensibleros, de tutelaje o amenaza, se habla del cuidado como estrategia para limitar la expansión del virus pero reducir su significado a la vigilancia de la salud es, paradójicamente, restarle eficacia preventiva.

Cayo Julio Higinio (-64 a.C -17 d.C), mitógrafo, narra en la fábula 220 de su libro Fábulas. Astronomía la creación del hombre por parte del personaje “Cuidado”. El humano, hecho previsiblemente de tierra/humus y animado por la intervención de Zeus, fue formado por ese ser llamado Cuidado y, por eso mismo, está consignado al miramiento durante toda su existencia pero el tipo de atención implicada es bastante más amplia que la de la salud.

La leyenda persiste, aunque desmitificada, en la producción teórica de Occidente. Heidegger, la retoma en Ser y tiempo y ve en el cuidado una característica pre-ontológica constitutiva del humano. El último Foucault centra su atención en el concepto de “cuidado de sí” para reflexionar en torno a la constitución del sujeto según las prácticas que lo configuran como tal. Además, la noción de “cuidado de sí” se ramifica en el amplio campo reflexivo contemporáneo y es abordado desde perspectivas diversas: Pierre Hadot, Martha Nussbaum, Peter Sloterdijk, Giorgio Agamben, son algunos de los nombres propios que piensan al cuidado no solo en términos preventivos o de salud sino como una praxis en la que confluyen circunstancias subjetivas, sociales y naturales por medio de las cuales el sujeto no solo se conoce a sí mismo sino que se (auto) constituye haciendo ejercicio de sus potencias. Ejercicios y técnicas son los cauces por donde transitan y se moldean las fuerzas del yo. El cuidado es una acción que el sujeto realiza sobre sí mismo (cuidar/se), y al ser agente y paciente a la misma vez, se aplica determinadas técnicas que podrían hacer de su existencia un ars no esteticista. “Reflexivo”, “considerado”, “paciente”, “observador” (particularmente necesarios en cuarentena) son los inestables resultados adquiridos por el fitness, la cosecha de nuestra inesencialidad. Así, llegar a ser, según estas líneas teóricas, depende del cuidado pero, ¿qué cuidados y cuáles son las condiciones para la praxis del cuidado?

Como dispositivo de subjetivación, el cuidado de sí integra aspectos y ejercicios que van desde la medicina y el entrenamiento del cuerpo hasta el coraje de decir la verdad, desde las prácticas sexuales a la meditación, el examen de conciencia, la reflexión, la escritura, la consideración del otro, aunque, claro está, dichos ejercicios solo son posibles en determinadas condiciones.

El hambre, la deficiencia habitacional y educativa, por supuesto, no solo favorecen el contagio del virus haciendo que el cuidado se limite a una elemental maniobra de supervivencia si no que, en un plano aun más injusto, privan a los sujetos del ejercicio de sí mismos, sustrayéndole a esas vidas una forma. Es el caso de miles de personas que ni siquiera pueden practicar el buen uso del barbijo, el distanciamiento físico y la higiene más elemental.

Por otra parte, la cuarentena archiprolongada y sostenida en el principio del peligro de muerte remite el concepto de cuidado exclusivamente a la relación con la enfermedad y por eso mismo limita al sujeto a su biología y al miedo impidiendo que, aun en las difíciles circunstancias actuales, pueda algo más que la desesperación o la parálisis. Precisamente, en las circunstancias presentes podríamos ejercitarnos en un tipo de cuidado de contacto (y no de contagio) con nosotros mismos y los otros. ¿Ilusiones, ingenuidad? Sí, las materias con las que se hacen tanto las leyes como la revolución.

El “último genio universal”, G. W. Leibniz (1646-1716), afirmó que vivimos en el mejor de los mundos posibles ya que si Dios, ante la posibilidad de crear infinidad de mundos otros, eligió la creación de este; nuestro mundo es entonces, necesariamente, el “óptimo”. La cantidad de sufrimiento acumulado en la historia del viviente y que la actual pandemia acrecienta, parece desmentir a Leibniz. Después de caminar un par de tristes cuadras en el centro de la ciudad y volver a casa para refregarnos con alcohol en gel, podríamos imaginar a Leibniz en un manicomio o, directamente, en el infierno de los ridículamente optimistas. Pero no, nuestro mundo es todavía “óptimo” porque la tensa combinación de millones de factores –humanos, ideologías, virus, desigualdad, mercenarios políticos, mares, deseos, bombas, etc.– todavía aguanta y el mundo no estalló. Eso sí, el mundo podría ser un poco más óptimo que el “óptimo” y eso dependería de una consideración no restringida, generosa, del cuidado.

Camaüer es doctora en Filosofía y escritora

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/filosofia-cuidado-tiempos-covid_0_Hbs5mKWgk.html