Ser vieja en Argentina: grupos de riesgo desde antes de la pandemia

La cuarentena evidenció la situación que atraviesan las personas mayores en Argentina, donde las mujeres son las más afectadas. ¿A qué se debe? ¿por qué se invisibiliza este tema? ¿qué estereotipos se profundizaron? ¿qué pasa con las adultas LGBTQI+?

Por: Micaela Robles
23 de Julio de 2020
Filo News

as personas mayores de 60 años constituyen uno de los sectores más vulnerables frente al avance de la pandemia. Según advirtieron diferentes especialistas, está relacionado con el sistema inmunitario y las defensas de la tercera edad.

En este sentido, las mujeres se encuentran en un doble grupo de riesgo: frente al coronavirus y a la violencia machista. Según indicó el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano, que coordina la asociación La Casa del Encuentro, se registraron al menos once femicidios de mujeres mayores de 60 años entre el 20 de marzo y el 11 de junio.

¿Cuál es la situación que atraviesan las adultas mayores en cuarentena? ¿qué pasa con jubiladas lesbianas, trans, travestis? ¿qué estereotipos se reproducen y qué es la gerontofobia? ¿cómo se combina el movimiento feminista con la tercera edad?

Para responder esas preguntas, Filo.News dialogó con Isolina Dabove, investigadora del Conicet y abogada especialista en derecho de la vejez; Carolina Iglesias, psicogerontóloga, profesora y fundadora de “Senes Personas Mayores”; y con Graciela Balestra, psicóloga y creadora del primer centro de jubilados LGBTQI+ de Argentina.

Violencia de género en adultas mayores: un tema invisibilizado

Delia Sánchez (80) fue asesinada por su pareja, Diógenes de Jesús Aguilera (83), quien después se suicidó. Dominga Rosa de Romero de Sandoval (69) fue asesinada en Santa Fe, y por el crimen detuvieron a uno de sus hijos, de 32 años. Mientras tanto, a María Leonor Giné (70) la mataron en Salta, y la policía detuvo a su nieto y a un amigo.

Desde el inicio de la cuarentena crecieron los casos de violencia de género. Según indicó la línea 144, que trabaja en el asesoramiento, acompañamiento y contención contra violencia machista, como también en áreas de salud, orientación jurídica, servicios sociales y más, los llamados aumentaron un 48% con respecto al mismo período del año pasado, con un total de 19.722 denuncias en la Ciudad De Buenos Aires.

“El aislamiento preventivo y obligatorio puso en evidencia que no siempre la casa es el lugar más seguro para nosotras. Según estadísticas más de la mitad de los femicidios se consuman en el hogar de la mujer víctima, entonces cuando la situación sanitaria te obliga a convivir con el agresor las 24hs y te aísla de alguna manera de tus redes comunitarias cotidianas, las probabilidades de violencia Doméstica y cualquier otro tipo de violencia aumentan significativamente”, señalaron a este medio fuentes del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat.

¿Qué pasa con las adultas mayores? “Durante la cuarentena, recibimos 150 llamados a la línea 144 por mujeres mayores de 60 años, lo que representa en ese período un 5% del total”, indicaron y siguieron: “Las mujeres, por el sólo hecho de ser mujeres, pueden vivir diferentes situaciones de violencia en sus hogares, ya sea física, psicológica, sexual; económica y patrimonial, o de abandono. En el contexto de violencia hacia las mujeres mayores, se observa que el principal perpetrador son los hijos, en mayor proporción varones de mediana edad, desocupados, con antecedentes de violencia y que conviven con la adulta mayor”, agregaron.

Además, señalaron que hubo un incremento en el porcentaje de casos de “maltrato estructural”, que representa la falta de recursos para que las personas mayores puedan solventar los gastos de sus necesidades básicas como salud, alimentación, vivienda, medicamentos, entre otros. “Cuando no cuentan con esos recursos, pueden haber entonces hechos de violencia psicológica y económica”, resaltaron.

En este sentido, alertó que “muchas mujeres adultas no identifican la violencia como tal”: “Todavía vemos conductas y creencias donde la mujer debe complacer y minimizarse frente al hombre, siguen muy arraigadas. En muchos casos se da una fuerte violencia económica, psicológica y simbólica que no dan cuenta hasta después de mucho tiempo trabajado el tema”. De todas formas, destacó que en los últimos años “fueron aumentando las denuncias efectuadas por las mismas mujeres mayores”: “Antes quienes más presentaban denuncias eran terceros, como familiares protectores, personas del entorno social, vecinos. Vemos que se animan y que se sienten acompañadas durante el proceso”.

En general, explicaron que los factores que aumentan el miedo a denunciar están vinculados a la institucionalización, al aumento de la violencia, a las concepciones idealizadas acerca de la familia. De esta manera, existe una adhesión a los estereotipos de género femeninos y masculinos tradicionales como la “culpabilidad, la obediencia y la vergüenza de su rol de madre”.

Así, la familia cumple un rol fundamental ya que representa el “primer vínculo de contención”: “Cuando la violencia es perpetrada por la pareja de la mujer adulta, nos encontramos con situaciones de negación por parte de los hijos, quienes naturalizan o minimizan la problemática a través de justificaciones tales como ‘toda la vida vivieron así, no se van a separar ahora’, ‘mi padre siempre tuvo ese carácter, ya no va a cambiar’ o justificar la violencia con manifestaciones que ubican a la madre como la culpable o provocadora de la violencia. En casos de personas mayores que se encuentran en situación de vulnerabilidad por su situación de salud, tiene hijos y viven solos, pero requieren de asistencia, se ha articulado con otros familiares para que comiencen a hacerse responsables de los cuidados y asistencia que requiere la mujer mayor. El 80% de estas cargas son en general familiares mujeres”, indicaron.

Además de la línea 144, desde Dirección de la Mujer junto a 15 Centros Integrales de la Mujer en la Ciudad presentaron el programa “Lazos”, un servicio de contención, orientación y asistencia psicológica para mujeres que sufren violencia física o emocional de parte de sus hijos o hijas mayores de 14 años, sin importar si conviven con ella o no. A su vez, la Secretaria de Adultos Mayores cuenta con un 0800 que corresponde al “Programa Proteger”, un equipo interdisciplinario, que ofrece asistencia y acompañamiento a los adultos mayores víctimas de distintos tipos de violencia.

La violencia de género que se registra en la tercera edad es invisibilizada en la cultura, no solo de Argentina sino del mundo. Así lo afirmó la investigadora del Conicet y abogada especialista en derecho de la vejez, Isolina Dabove, quien explicó que se debe a una falta de reconocimiento del tema. “Hay que hacer un arduo trabajo de concientización social, pensar este fenómeno y diseñar estrategias de prevención y erradicación, que suelen estar focalizadas en la protección de niñas, jóvenes y mujeres en edad reproductiva. Lamentablemente es mucho lo que debemos recorrer”, señaló.

Justamente, la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema informó que en 2019 crecieron un 17% las denuncias por violencia y maltrato a personas mayores y que ocho de cada diez víctimas fueron mujeres. “Empiezan a hacerse visibles estos casos, y así los podemos registrar para la toma de decisiones políticas, judiciales y educativas”, consideró Davobe, y coincide en que las mujeres mayores sufren también diferentes tipos de violencias desde antes de la cuarentena.

¿Por qué hablamos de desigualdad de género en la vejez?

No existe una sola forma de vivir la vejez, pero sí diferentes estereotipos que sufren las personas mayores. Según la profesional, estas prácticas que aluden a la discriminación por la edad es lo que se denomina “viejismo”, que forma parte de una “cultura del desprecio” y “gerontofóbica”. “Existe un desconocimiento generalizado en torno a lo que significa la vejez y a las condiciones de vida de las personas mayores”, alerta Dabove.

De hecho, el término “vieja” o “viejo” incluye una carga negativa a nivel social y cultural. Aproximadamente, para 2050 una de cada seis personas tendrá 65 años o más. Así lo indicó el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), como parte de un fenómeno que responde a un envejecimiento global y multigeneracional que se define como «gerontoglobalización», según explica Davobe. Sin embargo, la palabra se sigue utilizando de manera despectiva.

Este fue uno de los temas del debate del Primer Congreso para Viejos del Centro del País, que se realizó en 2013 por el Espacio Arturo Illia en Córdoba. “El término arrastra una carga negativa que devino en el miedo a envejecer en una sociedad globalizada que rinde culto a las formas y la juventud. Actualmente, condicionados por el envejecimiento multigeneracional de la población, los nuevos paradigmas gerontológicos buscan romper con ese tinte peyorativo y reivindicar esa etapa de la vida”, señalaron.

Para ellxs, la vejez no es motivo para avergonzarse, y su designación tampoco debe serlo. “Ser viejo es disfrutar las ventajas de esa nueva etapa de la vida y valorar las oportunidades que brinda. Después de todo, a nadie se le puede negar el derecho a peinar canas”.

Davobe coincide y propone resignificar el término y adoptar la lucha en el propio discurso: “No tiene porque estar prohibido, sino pensarlo con otro significado. ¿Por qué no hablar del orgullo de ser vieja?”.

La vejez es un fenómeno femenino. Así, según la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores 2012 (ENCaViAM) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, la esperanza de vida de las mujeres es de siete años más que los varones; además, el 10,2% de la población de Argentina tiene 65 años o más, donde ellas representan el 58,53% y ellos el 41,46%.

Este proceso de envejecimiento, sin embargo, se desarrolla mediante relaciones sociales y de poder marcadas por la desigualdad de género: “Las mujeres sufren situaciones de discriminación múltiples, que tiene que ver con las cuestiones culturales que arrastramos del sistema patriarcal”, detalla la profesional.

Estas construcciones culturales e históricas imponen ideales y mandatos patriarcales que se instalan en el imaginario colectivo. Así, al hablar de mujeres mayores se las considera como “abuelas”, asumiendo a la mujer en el rol como madre, ligada a la idea de hogar y asumida a partir del rol de cuidadora. “Como muchas, están acostumbradas a la vida del hogar y a las tareas no remuneradas”, cuenta.

En este punto, Iglesias indica: “Al hablar de persona mayor uno ya supone que esa mujer tuvo hijos, y es un modo de invisibilizar y acaparar también nuestros cuerpos, no poder ver a las mujeres como personas. Se podría hacer un paralelismo con la mujer igual madre”. Dabove coincide: “La cultura vuelve la mirada al rol de la maternidad, y en la vejez se hace más visible la dimensión de la abuelidad. Entonces las mujeres mayores son representadas en el imaginario colectivo como estas abuelitas, con rodete blanco, que tienen que tejer escarpines para sus nietos”.

Entre los principales estereotipos a los que se enfrentan las mujeres a la tercera edad, se encuentra el de la belleza hegemónica y el modelo “juvenil” que rige como el único válido: “Hay que tener un determinado aspecto, en relación al cabello, físico, a la armonía corporal, de la cual las mujeres mayores están alejadas; entonces, se genera una asociación falsa e indebida entre mujeres, vejez, fealdad”.

Según opina, estas estigmatizaciones se transmiten a través de las diferentes instituciones sociales y culturales, como los medios de comunicación: “En las campañas publicitarias se denigra y se maltrata los envejecimientos. En los noticieros se les pone un adjetivo a las mujeres, viejas, bonitas, arrugadas, se objetiviza la identidad propia de cada persona”.

Esto se relaciona con un sistema heteronormativo que impide pensar a las mujeres “desde lo afectivo y como sujetos deseantes”, por lo cual entiende que “no se habla de sexualidad y personas mayores”, que es difícil de asumir incluso para ellas mismas. Así lo cuenta Iglesias, quien brinda talleres de Educación Sexual Integral (ESI) para mujeres mayores con el fin de romper el tabú y “demostrar la diversidad de vejeces”.

¿Qué pasa con las adultas mayores LGBTQI+?

La cuarentena expuso la invisibilización y exclusión que enfrentan las comunidades LGBTQI+ en Argentina. En el caso de las personas mayores, además de las diferentes discriminaciones que enfrentan por la edad, también se ven vulnerados sus derechos e identidad de género.

Así lo reconoce Graciela Balestra, psicóloga e integrante de La Casa del Orgullo, donde junto a diferentes compañeras crearon la Asociación Civil Puerta Abierta a la Diversidad, el primer centro de jubilados LGBTQI+ de la Argentina. Desde la organización trabajaron activamente para la implementación de políticas como la Ley de Identidad de Género o la Ley de Matrimonio Igualitario, que cumplió 10 años el pasado 15 de julio. Debido a la cuarentena, en la actualidad se adaptaron a la modalidad virtual para el desarrollo de sus actividades, donde Balestra realiza talleres por Zoom, charlas por Instagram y actividades de acompañamiento.

“A veces los familiares de las personas mayores no saben que son lesbianas, gays. Hay mucha homofobia, y estuvieron muchos años en silencio. Cuando eran chicos no se hablaba de esto: era una sola opción heterosexual y cisgénero, si te sentías distinto te tenías que callar. Hay personas que vienen a los 70 años y me dicen ‘es la primera vez en la vida que le cuento a alguien que soy lesbiana’. Entre el silencio y esa duda constante de poder decirlo o no, es bastante difícil”, relata Balestra.

Así, para la psicóloga es “bastante poca” la visibilidad de los adultos mayores y diversidad en el país: “Les que vienen acá son más visibles, porque estamos todo el año hablando de eso, de empoderarse, vivir, ser quien sos, tienen más recursos. Pero la mayoría están invisibilizados. En los centros de jubilados todavía se discrimina un montón, hay mucho trabajo para hacer”, evalúa.

Por esa razón es importante crear redes de apoyo y vínculos para cambiar esta realidad de manera colectiva. Según cuenta, planean abrir el primer geriátrico gay del país y de América Latina, los cuales en Europa ya existen desde hace más de una década. Será en General Rodríguez, y Balestra lo define como una “comunidad”. Además, proyectaron la creación de un centro de jubilados para personas no binarias.

De todas formas, no es lo mismo hablar de mujeres cis que de adultas mayores trans y travestis, quienes son sobrevivientes ya que deben enfrentar la violencia, agresión y exclusión sistemática, ya sea en el ámbito laboral, en los medios, a nivel institucional o en el acceso a medicamentos, con la de vida en América Latina para la comunidad es de 35 años. ¿Qué visibilización tiene este problema en los feminismos?

Gerofeminismo y la búsqueda de igualdad en la vejez

Por todas estas razones, la cuarentena dejó en claro la necesidad de pensar las vejeces bajo perspectiva de género, lo cual según considera Dabove, todavía “no representan un tema central en la agenda de los debates feministas”.

“La deconstrucción de estereotipos es fundamental, hay que hacer un trabajo muy fino que va desde el humor y los chistes, las mujeres adultas en el poder y más. Creo que hace falta una geronto militancia, como decimos nosotros, dentro de los feminismos”, indica.

En esa rama trabaja el “gerofeminismo”, que propone defender los derechos de las mujeres y diversidades en la vejez. Para eso, en plena pandemia, diferentes activistas y organizaciones de todo Latinoamérica crearon un manifiesto para difundir la lucha y apostar por la deconstrucción de estereotipos.

“Un feminismo con tintes gerontológicos que visibilice las demandas y necesidades particulares de las mujeres mayores, unido a un componente intergeneracional y transdisciplinario que invite a reflexionar, a su vez, acerca de nuestras mismas vejeces futuras”, detallan.

En este sentido, Dabove considera necesario concientizar acerca del valor de las personas mayores como sujetos de derecho, reforzando el papel de la autonomía de las mujeres, sus libertades, derechos y deberes: “Yo confío en que las generaciones nuevas de adultas mayores podamos sostener esta lucha. Estoy convencida de que va a haber un cambio, que ya empieza a registrarse pero que lamentablemente muchas mujeres mayores de hoy no han podido sostener por la historia de vida en el marco de una cultura patriarcal. Pero poco a poco esto esta cambiando”.

Este es el panorama que aspiran a seguir trabajando en la “nueva normalidad”, de cara a la post-pandemia, asumiendo a las vejeces desde una perspectiva plural, feminista, transfeminista, interseccional con el fin de transformar la cultura viejista, gerontofóbica, del desprecio en una revalorización de la vejez, del respeto de la diversidad que implica ser una persona mayor, hacia la construcción de una sociedad incluyente para todas las edades y géneros.

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