Cocoon, historia de un fracaso que no fue: la película sobre jubilados que cumple 35 años

Se estrenó en la Argentina el mismo día que “Volver al futuro”. Cómo nació la idea en Florida. Qué protagonista sobrevive. Curiosidades y perlitas de una oda a la vejez.

Gaspar Zimerman
03/07/2020 –
Clarín.com

Cuenta una leyenda apócrifa que el explorador español Juan Ponce de León oyó hablar sobre la fuente de la juventud a los nativos de Puerto Rico cuando conquistó la isla. Insatisfecho con su riqueza material, en 1513 emprendió una expedición para localizar ese símbolo de inmortalidad y longevidad, que curaría y devolvería la juventud a quien bebiera de sus aguas o se bañara en ellas. Jamás halló la fuente, pero así habría descubierto las tierras del actual estado de Florida.

La fuente pertenece a la mitología, pero miles de ancianos se instalan cada año en esa región del sudeste de los Estados Unidos, atraídos por el calor y el sol. Su clima subtropical convirtió desde los años ‘60 a Florida en un imán para los jubilados estadounidenses: actualmente unos 160 mil pasan ahí sus últimos años en residencias e instalaciones de vida asistida. Es el estado con la mayor proporción de personas de tercera edad en Estados Unidos: 20,5 por ciento de su población tiene más de 65 años. De los 21 millones de habitantes, 1.100.000 tienen más de 80.

Por eso a Florida lo llaman “el estado gris”. En ese paisaje canoso se inspiró hace más de 40 años David Saperstein para escribir la mayor aventura de un grupo de jubilados. Cuenta el hombre que en 1979, a los 41 años, estaba en una encrucijada en su carrera como director y guionista. En ese momento hizo un viaje a Delray Beach para visitar a sus suegros, que vivían en un complejo de departamentos con un grupo de amigos.

“Mientras que los residentes jugaban a las cartas y al mah-jong, debatían en voz alta las tasas de interés, los impuestos y el 12 por ciento de inflación. Me pregunté, ¿por qué no están hablando sobre el golf, las ofertas especiales para madrugadores, el juego de tejo, los nietos y los problemas de salud, como me imaginaba que lo harían los jubilados? Estas personas parecían estar aisladas de la acción, pero todavía enfocadas en ella. Estaban en una nueva etapa en su vida, pero aún se aferraban a la anterior. Esa era una historia para contar”.

Así nació la idea de Cocoon, que en inglés significa capullo. “Un elenco de personas jubiladas que trabajaron duro y crecieron (oruga) para poder jubilarse (capullo), pero en lugar de transformarse (metamorfosis) en algo hermoso (mariposa), se quedaron atascadas. En busca de una metáfora para lidiar con la inevitabilidad de dejar su ‘existencia terrenal’, hice que los personajes vivieran una aventura alienígena”, explicó el autor en un texto publicado en el sitio de AARP, siglas en inglés de la Asociación Americana de Personas Retiradas.

Si en la actualidad los viejos suelen ser percibidos como material de descarte, esa situación era aún peor en la década del ‘80. A Saperstein se le cerraron las puertas de muchos estudios porque ¿quién podía querer ver una película sobre jubilados? Para los ejecutivos, la historia era demasiado atípica, con personajes poco atractivos para un público en teoría juvenil: se estimaba que los adultos mayores ya no iban al cine.

Le llevó casi cinco años conseguir que la Twentieth Century Fox le diera luz verde al proyecto y le encargara a Tom Benedek un guion basado en su novela. El director iba a ser Robert Zemeckis, que de hecho pasó un año trabajando en el desarrollo. Mientras tanto, estaba filmando Tras la esmeralda perdida: cuando los ejecutivos vieron esa película terminada, la odiaron y decidieron que ese hombre, que además venía de dos fracasos comerciales (I Wanna Hold Your Hand y Autos usados), no podía meter más la pata, y entonces lo reemplazaron por el eficiente Ron Howard.

Paréntesis: Tras la esmeralda perdida resultó un gran éxito, que le dio a Zemeckis el aval que necesitaba para filmar un proyecto por el que nadie quería apostar: Volver al futuro. Casualidades de la vida, la película protagonizada por Michael J. Fox y Cocoon se estrenaron en la Argentina el mismo día: el 12 de diciembre de 1985.

Son incomparables: una es un clásico inmortal y la otra, una película simpática, que no está libre de clichés hollywoodenses y momentos de vergüenza ajena. Una de esas feel good movies, dictaminó la crítica en su momento: una película para sentirse bien. Con sus virtudes y defectos, Cocoon fue un enorme éxito comercial y, como los viejos de la ficción, resiste el paso de los años: no es tan fácil comprobarlo, porque en la Argentina no está disponible en ninguna plataforma de streaming.

Tocó un tema que entonces pocos tocaban. Más de tres décadas antes de que se empezara a combatir el viejismo (la discriminación por edad), a reivindicar las posibilidades vitales de los adultos mayores y a que se publicaran libros como Revolución Senior (Sebastián Campanario, editorial Penguin Random House), sobre la vida después de los 45, Cocoon contó una historia protagonizada por viejos.

Cuatro alienígenas viajan a la Tierra para rescatar del océano una especie de huevos en los que habitan miembros de su especie. Deciden esconderlos en una pileta en la que, a escondidas de los inquilinos, suele bañarse un grupo de ancianos. Los jubilados descubren que el agua de este lugar en el que están depositados esos “capullos” los cura de sus dolencias y les aporta una energía inusual. Y les piden a los amigables extraterrestres permiso para usarla.

Ron Howard siempre supo cómo cumplirle a Hollywood: con un presupuesto de 17,5 millones de dólares, la película recaudó 85 millones. Ganó dos Oscar: a mejor actor secundario (Don Ameche, que en su larga carrera jamás había sido nominado para nada y es el quinto más viejo de la historia en haber ganado ese premio) y mejores efectos especiales (lo dicho: todavía lucen bien). Y tuvo su secuela en 1988, con el mismo elenco, pero distintos guionistas y director (Daniel Petrie): la crítica la destrozó y no pudo repetir el éxito.

De los seis ancianos protagonistas, sólo uno sigue vivo: es Wilford Brimley, que en realidad en ese momento tenía 50 años y fue caracterizado para parecer mayor. El resto murió, incluido el jefe de los extraterrestres, Brian Dennehy, y el viejo que se negaba a meterse en la pileta, Jack Gilford, recordado por los fanáticos del Superagente 86 como Simón, el agradable.

También dejó este mundo Jessica Tandy, que luego de Cocoon se convertiría en la actriz más longeva en conseguir un Oscar: tenía 80 cuando en 1990 se lo dieron por Conduciendo a Miss Daisy. En la ficción compuso un matrimonio junto a su marido en la vida real, Hume Cronyn.

Los más jóvenes, desde ya, están vivos, pero ninguno hizo una gran carrera después de Cocoon. Al comediante Steve Guttenberg, una figura cotizada en los ‘80, en los ‘90 se le apagó la estrella, aunque haya seguido trabajando. Peor les fue a los otros tres, que casi abandonaron la industria: el niño Barret Oliver (el chico de La historia sin fin); y los dos debutantes: la hermosa Tahnee Welch, hermana de Raquel Welch, que hacía de alienígena sexy, o Tyrone Power Jr., el hijo del legendario actor, que en la película encarna a un extraterrestre mudo: no tiene ningún parlamento.

Al cerebro detrás de todo, Saperstein, Cocoon le cambió la vida: publicada después del estreno de la película, la novela lideró durante meses la lista de best sellers de The New York Times y le abrió un nuevo camino como escritor. Y sigue vivo: a los 82 años, tiene la edad de los personajes que inventó. Y quiere darle una vuelta de tuerca a su creación, con proyectos como una serie de televisión, un musical u otra película basados en la misma historia.

«Las preguntas que enfrento al escribir el Cocoon del siglo XXI son muchas: ¿debemos, debido a la economía, continuar trabajando más allá de la edad de jubilación? De ser así, ¿podemos encontrar ese trabajo? ¿Nos hemos preparado financiera, emocional y físicamente para este período de la vida? Según las estadísticas, estamos viviendo más saludables y por más tiempo, pero ¿estamos gastando este regalo de años adicionales atrapados en nuestros capullos en lugar de buscar un nuevo crecimiento y experiencias?»

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