Cuarentena inspiradora: una jubilada enseña a hacer videollamadas a sus amigas y organiza cumpleaños y clases de gym virtuales

Graciela Loy tiene 68 años, está casada desde hace 44 y una vida súper activa. Con su grupo de amigas de la AMIA ahora se juntan a charlar a través del celular y la computadora. Además, tiene una actividad solidaria que no detiene el aislamiento: ovilla lana para un grupo de tejedoras que luego dona las prendas. ¿Qué es lo primero que hará cuando encuentren la vacuna?

Por Hugo Martin
17 de mayo de 2020
infobae.com

“Lo primero que voy a hacer cuando encuentren la vacuna y termine la cuarentena va a ser juntarme a tomar una merienda con mis amigas en alguna confitería» dice sin dudar Graciela Loy, una jubilada de 68 años que, como todos, espera el fin del aislamiento. «El contacto con la familia es importante, pero con los amigos es fundamental. De joven no pensaba así. Lo entendí de grande, cuando empecé a ir a AMIA, me hice un grupo hermoso. Me socialicé”. Pero también es realista: “¿Que querés que te diga? Para nosotros, los de la tercera, cuarta y quinta edad, esto va para largo. Juntarse con amigos, volver a hacer actividades presenciales, imposible hasta que salga la vacuna. Pero hay que ser positivo. ¿No te enfermás? ¡Bien! Vamos para adelante… Lo importante es estar sano”.

“Jamás hubiese pensado que iba a vivir una situación como esta, ni loca. ¿A quién se le podría haber ocurrido? ¡A Bill Gates nada mas, que lo dijo hace unos años! Es una cosa inédita… A lo sumo la gente que vivió una guerra puede haber estado en algo así. Mi marido me pasa letra, dice que con la poliomielitis en el ’56 pasó algo parecido, pero como yo era muy chica, no la viví…”, explica.

Graciela vive en el barrio porteño de Caballito, “en la misma casa desde que me casé en 1975, hace 44 años, con Gregorio (71)”. Es madre de dos hijos: Gabriela (41), que le dio su única nieta, y Ariel (37). “A mi nietita no la veía más que por una pantalla, pero anteayer mi hija la trajo un ratito. La nena no entiende todo esto, pero para nosotros, sus abuelos, fue muy importante reencontrarnos físicamente, para que ella retome el contacto. Porque no es lo mismo vernos, que lo hacemos todos los días por videollamada, que tener contacto”.

A una mujer tan activa como ella, es lógico que el aislamiento (que este lunes 18 de mayo cumplirá 60 días) no le guste ni un poco. “La cuarentena me cayó raro, porque yo estoy acostumbrada a hacer actividad física y a reunirme con amigas. Por suerte puedo ir a hacer las compras, así que ahí salgo y me despejo. Lo hago como metida en una cápsula, jaja…”

De hacer gimnasia cuatro veces por semana en AMIA, pasó a cero a partir del 20 de marzo. “A mi me encanta, me hace bien y el cuerpo lo necesita. A nuestra edad, mucha gente empieza con artrosis, es necesario”.

Sin embargo, el grupo que integra le encontró la vuelta. Ella, un poco por sus hijos, y otro poco porque le gusta estar actualizada, se volvió una experta en el uso del celular, una herramienta que no todos los jubilados consiguen adoptar. “A mi me gusta todo lo que es la tecnología. Aprendí a los golpes, claro, jaja… Prueba y error, de a poco. Pero evidentemente hay cosas que mis compañeras no saben. Y entonces me preguntan a mi, aunque tampoco es que me la doy que las se todas, para nada. Pero a algunas les enseñé a usar el celular, A un par les presté uno mío, que había cambiado, para que aprendan lo básico… whatsapp, fotos… , Me gusta, y es una forma de prestar un servicio y ayudar a una amiga”, cuenta.

“Ahora nos vemos por zoom o hablamos por videollamada de whatsapp, porque no todas usan zoom. La usamos mucho porque nos gusta vernos las caras, no sólo escucharnos la voz -prosigue-. Lo que es muy gracioso es que mis amigas me cuentan lo que ven Netflix, y yo no vi nada. No me engancho con las series, si empiezo una la suelto. Con lo que sí me enganché es con Facebook. Me conecto. Hice una página para la gente de AMIA. Fue casi sin querer. Apreté un botón que decía ‘formar un grupo’ y dije ¿y ahora qué hago con esto? Y lo hice para los adultos mayores. También me sumé a dos páginas de ejercicios cognitivos. Cosas como poner palabras al revés, o letras en vez de números. Entonces, lo que me gusta lo subo al grupo de Facebook. Hay muchas personas que les inrteresa eso, las entretiene”.

Con esos conocimientos, un mes después de comenzado el aislamiento volvieron a las clases de gimnasia. Primero a través de videos de whatsapp, y desde hace dos semanas, por zoom. “Yo hago con dos profesoras. Una hace por zoom, la otra no. Yo me prendo, son dos veces por semana, una y una. Tengo en casa un montón de videos, pero no me incentiva hacer gimnasia así. Pero con los grupos sí”, señala.

No es lo único que le permitió hacer su conocimiento de tecnología. Gracias a ella, su amiga Berta, que cumplía 73 años, pudo festejarlos. Graciela lo relata divertida: “El tema fue así, me enteré que si tenías la última versión de whatsapp podías hacer una videoconferencia de ocho personas en vez de cuatro. Le pasé el dato a mis contactos del celular. Ella me llamó, era un domingo. Me contó que se sentía muy sola y que el martes era su cumpleaños. Le dije que podría estar en contacto, verse con gente. Le fui explicando lo que te tenía que hacer y le dije ‘ahora cortá y llamame vos por videollamada’. ¡Le encantó! De hecho, el martes se comunicó con tres personas y celebramos su cumpleaños. Hasta le prendí una velita y le dije que pida tres deseos y sople. Ella sopló… y yo soplé, jaja Y le prometí que se le iban a cumplir. De esa manera, Berta tuvo la oportunidad de estar con sus amigos. Fue muy piola para ella”.

El aislamiento, para los adultos mayores, puede ser muy duro. Sobre todo, para aquellos que están en soledad. Graciela lo sabe: “Tengo compañeras que me dicen que están solas, que los hijos no las dejan salir, como es lógico, y se deprimen. Por ahí se enganchan con una película, pero como se levantan muy temprano, el día se les hace muy largo y no saben que hacer. Yo por suerte puedo salir un poco, y no vivo sola. Les digo que tengan paciencia y se hagan una rutina diaria… Además, soy más noctámbula. Me acuesto a eso de las tres o cuatro de la madrugada, y al otro día lo empiezo a las diez o a las once. Es mi rutina. La noche me resulta más provechosa”.

Graciela usa una red Facebook, pero no Twitter, Instagram o Tiktok. Y, explica, lo hace en la computadora, no en el teléfono, para que no se le vuelva una adicción. Quizás por eso también dedica tiempo a las tareas manuales. Cuenta que ahora hace barbijos. “Vi un tutorial que me gustó y los hago para mí y mi familia. Antes usaba un pañuelo doblado”.

Como si fuera poco, también usa su tiempo para tareas solidarias. Es parte de un grupo llamado “Tejedoras Solidarias”, aunque no sabe tejer. “Yo soy ovilladora -aclara-. Cuando compran lana en madejas, yo la ovillo y se las entrego a las tejedoras. Antes las iba a buscar con un changuito, pero ahora me hago traer la lana. Antes que empezara la cuarentena me traje a casa como 30 madejas. Después las repartimos. Ahora me enteré que hay cinco tejedoras que necesitaban lana, y ya salieron los paquetes”.

Con eso hacen prendas para bebés y niños y las donan. Próximamente, anticipa, harán para bebés recién nacidos en la Maternidad Sardá.

-¿De donde surge tu espíritu?

-Creo queme viene de mis padres, ellos siempre fueron generosos, y me transmitieron lo de hacer favores para los demás. Por eso, también, hace 24 años soy voluntaria en un banco de medicamentos. Es una institución donde médicos donan sus muestras gratis. Y con una farmacéutica a la cabeza, se entregan a personas que no pueden comprarlas. Empezó en 1995 y yo entré un año después.

-Estás dentro del grupo de riesgo, por una cuestión de edad. ¿Te da miedo el coronavirus?

-No. Estoy en edad pero no tengo tanto riesgo. Mi marido es diabético e hipertenso, él sí lo tiene, Salió solamente dos veces, una para aplicarse la vacuna y otra para ir a la farmacia. Yo creo que de acuerdo a lo que se ve en otros países no estamos tan mal. El problema ahora es la gente que vive en villas, que están hacinados. Mientras se respeten las normas de la distancia, tener barbijo, usar mucho alcohol en gel, no hay problemas. Pero hay mucha gente que no lo cumple.

-¿Cómo hacés, por ejemplo, con el cobro de la jubilación? Se han visto colas muy peligrosas para la salud de los adultos…

-A mi me depositan la jubilación y uso la tarjeta de débito. Hay muchos que van a cobrar y hacen colas. Yo desde que tengo débito nunca lo hice. El jubilado que va al banco a cobrar es porque no sabe usar la tarjeta. Y también -tengo amigas que me lo dicen-, hay algunos que todavía recuerdan al 2001, cuando los bancos se quedaron con su plata. Entonces, van y la sacan toda. Pero sí, me apena mucho ver a la gente de mi edad haciendo colas eternas para cobrar la jubilación.

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