Una psicóloga de 69 años cuenta cómo viven la cuarentena los adultos mayores: “Algunos tienen miedo, pero son sabios y saben qué les puede hacer mal”

Laura Barlaco tiene 69 años y es voluntaria del programa del GCBA que ofrece su tiempo para conversar con quienes están solos durante el aislamiento por el COVID-19. De qué hablan, los vínculos que se generan conversando y dando ánimos en un momento de fragilidad mundial

Por Fernanda Jara
22 de abril de 2020
infobae.com

Desde hace un mes, en algún momento del domingo suenan los teléfonos de cuatro mujeres adultas mayores y del otro lado está Laura Barlaco, psicóloga jubilada de 69 años, que no pone su profesión en medio sino que, simplemente, llama para escucha a esas personas que por distintos motivos están solas o que se dieron cuenta de que necesitaban hablar con alguien y lo pidieron a la línea 147 mientras cumplen el aislamiento preventivo y obligatorio decretado por el presidente Alberto Fernández durante la pandemia que afecta al mundo.

Apenas supo de la campaña voluntaria, la mujer -que también es promotora en un programa de adultos mayores de la ciudad-, se ofreció para acompañar a sus pares desde una simple charla telefónica, que para quienes la reciben significa sentirse acompañadas y contenidas.

En diálogo con Infobae compartió los temores que escucha del otro lado del teléfono, las conversaciones de media hora que se dan tres veces por semana y que lograron crear un vinculo que promete, para cuando sea posible, un encuentro para conocerse en persona.

Conversar y contener: “Lo primero que les pregunto es cómo se siente, qué piensa y a qué teme”

“Me anoté para ser voluntaria telefónica porque por mi edad tengo que quedarme en casa, pero no quería dejar de colaborar y ayudar en esta situación que nos está tocando vivir y si se puede ayudar, hay que hacerlo», afirma Barlaco a Infobae, a quien le derivaron como primera interlocutora a una mujer de 82 años que vive sola y cuyo hijo reside en Alemania.

Los temores de la mujer afloraron al darse cuenta de que su padre murió a su misma edad y el fantasma de un virus que ataca de tal manera la asustaron mucho. “Cuando me derivan su contacto, me avisaron que estaba muy asustada y que quería que la llamaran porque, si bien sus amigos e hijo la llaman, siente que no pude expresar sus temores y el miedo a morir que la invade. Cuando lo habla con sus afectos le dicen ‘no seas hincha pelota con eso’. Entonces necesitaba otro tipo de contención”.

Esa mujer fue el primer llamado que hizo Laura y luego llegaron los contactos de otras tres mujeres que expresan sus temores y pensamientos recurrentes durante la pandemia. “Cuando llamo por primera vez, lo primero que pregunto es cómo se siente, a qué teme y en qué piensa. Hay quienes están mejor y quienes sienten mucho miedo”, explica la psicóloga que pasa su cuarentena junto a su esposo, su hija, su perro que le disputa el sillón y sus gatos.

“Estoy hablando con cuatro señoras de más de 80 años. Todas tienen familiares, algunas utilizan mucho la tecnología, las que pueden; otras no saben hacerlo y en el caso de no usar celulares porque no tienen buena visión dicen que tampoco pueden leer y ahí es donde hay que prestar un poco mas de atención. A una el hijo le llevaba lo que necesita, vive en un departamento con balcón y se sienta allí a mirar a la calle; a otra le gusta cocinar, por ejemplo, pero hay dos que tienen mucho miedo a enfermarse”, resume Barlaco, que antes de la cuarentena formaba parte del programa Promotores Mayores del gobierno de la Ciudad y visitaba centros de Primera Infancia y guarderías donde contaba cuentos y hacía obras de teatro junto a “Del tomate”, el grupo que forma con otras tres mujeres. En ese programa fue, además, capacitada para enseñar juegos a adultos mayores y a niños.

Al referirse sobre la manera en esas mujeres expresan sus temores, cuenta que “una de ellas sufrió pánico mientras iba a darse la vacuna contra la gripe. Caminó una cuadra y no pudo seguir porque le faltaba el aire y regresó a la casa”. Aquí es donde resalta la importancia de acompañar a las personas que, aunque tengan con quienes hablar, no pueden expresar todo lo que en verdad están sintiendo durante el aislamiento.

“Con ella hablamos sobre cómo hacer para distraerse del miedo, pero hay gente reiterativa sobre ese tema porque de verdad teme morirse. En ese caso, para sacarla de ahí, le propuse: ‘¿querés que te cuente un cuento?’… Se sorprendió, pero me dijo que si y después me contó otro. Seguramente, cortó y volvió a lo suyo, pero se distrajo un rato”, asevera.

Otra de las cosas que genera temores a los adultos mayores es el exceso de información. “La generalidad ha dejado de mirar tantos noticieros porque, al principio, estaban muy atentos pero se dieron cuenta de que durante el día hay cuatro o cinco en distintos canales y en todos hablan de lo mismo”, señala y destaca que “al principio la saturación de información, además de la que llegaban en mensajes o hablando por teléfono, no les hizo bien y se dieron cuenta porque son sabios y dejaron de mirarla o lo hacen una vez al día”.

Las conversaciones son de media hora “porque después se cansan” y no hay día un pactado, tampoco horario. “Antes de cortar le digo: ‘hablamos en la semana’, sin pactar cuándo para no perturbarlas porque la idea es que esto les haga bien. Y cuando las llamo se ponen contentas”.

Entre las necesidades que tienen la generalidad de los adultos mayores, Laura dice que manejar la tarjeta de débito, el cajero y amigarse con la tecnología en muchos casos son las principales. “Creo que a partir de este episodio, todos vamos a aprender tecnología, a usar la tarjeta de débito, los cajeros porque si bien tener la plata en la mano siempre dio más seguridad hoy hay que hacer largas filas para tenerla y no todos saben cómo usar el cajero, por ejemplo”.

Sobre el final de la entrevista, la psicóloga jubilada destaca que lo importante para los adultos mayores es “conversar, contar sus cosas, sus miedos, compartir lo que siente. A veces no requieren grandes cosas ni ayudas sino pensar por un rato en otra cosa. Pese a tener sus vínculos cercanos, a veces necesitan otra mirada”.

«La intención es sacarlas de su miedo y que entiendan que no están solas en este barco, además conmigo sienten cierta empatía por la edad y se sienten acompañadas. Lo importante es que han pedido ayuda y que sepan que hay alguien que en algún momento va a aparecer o está pensando en ellas”.

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