Cuarentena a los 70: «Subo a la terraza de mi casa a hacer video-llamadas con mi psicóloga y mi psiquiatra»

Por supuesto que tengo miedo. Más que nada por los sufrimientos que provoca. Por mis antecedentes, contraer coronavirus es peligrosísimo. Falta poco para que me aten con cadenas. El domingo a la noche cuando se iba mi hijo me escapé a tomar aire a la vereda, a un metro y medio de la puerta. No había nadie, pero ni tuve tiempo de respirar. Entre él y mi esposa me metieron de una «.

Alejandro Gorenstein
La nación
23 de abril de 2020

Rodolfo Compte (70) confiesa que está triste y muy preocupado por su salud en medio de la pandemia por el Covid 19. Y razones no le faltan. En 2006 sufrió un infarto y a los pocos días le hicieron cuatro bypass coronarios. Como si eso fuera poco es pre-diabético ya que sufre una alteración de la glucosa.

«Soy una bomba de tiempo»

«Los cardiólogos y los cirujanos ya me dijeron que nunca me van a volver a conectar porque mi corazón no lo resistiría . Además, el anuerisma de la aorta abdominal es otro problema. Las tengo todas. Soy una bomba de tiempo. Por la edad y esas enfermedades preexistentes soy paciente de altísimo riesgo frente al coronavirus» , dice.

Rodolfo vive en su casa junto a su mujer, Stella, y a su suegra, de 86 años, que se mudó para pasar con ellos la cuarentena. «Físicamente no tenemos problemas porque vivimos en una casa amplia, de planta baja y terraza donde cada uno hace su vida en espacios separados. Aunque psicológicamente es terrible. La paso muy mal. No poder salir es terrible para mí. Una pesadilla», confiesa.

Equipo de contención

Debido a las experiencias de mala praxis médica que vivió durante dos operaciones, a Rodolfo le asignaron una psiquiatra y una psicóloga para poder sobrellevar el estrés postraumático. «En esta pandemia no me queda otra que ver a las profesionales por videoconferencia. Les hablo una vez a la semana y son de gran ayuda, excelentes. En mi casa no hay mayores problemas porque voy a la terraza, a menos que llueva o haga mucho frío. Sé de alguien que se mete en su auto, estacionado en el garaje del edificio, para hablar con su psiquiatra. En departamentos chicos no sé cómo se podrán hacer consultas de este tipo. En cuarentena y con otros convivientes es difícil porque escucharían todo».

Una voluntaria «fantástica»
Flavio, el hijo de Rodolfo, vive en el conurbano bonaerense y trabaja con la modalidad home office por lo que solamente puede visitar a sus padres los domingos cuando aprovecha para hacer compras. Por esa razón, durante la semana Rodolfo cuenta con la amabilidad y la excelente predisposición de Agustina, una joven de 19 años que se anotó como voluntaria en el gobierno de la Ciudad para ayudar a los adultos mayores en medio de la pandemia.

«Agustina es de una enorme ayuda, va a comprarme alimentos y resuelve cosas rápidas e impredecibles. Un día fue al centro a buscar los barbijos y no aceptó que le pagara la nafta y los peajes. Por eso, cuando volvió de hacerme unas compras de proximidad, agarré las bolsas y cerré la puerta para que ella se quedara con el vuelto. Pero Agustina me pasó el dinero por abajo. Después me envió un WhatsApp disculpándose por poner el dinero en el suelo. Es fantástica», comenta Rodolfo.

Pese a que es un escritor fantasma (ghostwriter) con mucha experiencia , durante estos días de aislamiento preventivo y obligatorio confiesa que no se encuentra de ánimo para escribir. «Como escritor fantasma y estando en cuarentena me pidieron que escriba un bestseller, el guión de una película y algunos discursos. Pero no tengo ganas. Con el tiempo veremos, aunque sigo escribiendo como corresponsal extranjero».

«Sueño con cosas sencillas como volver a salir con la familia, encontrarme con amigos y pasear»
Para matar el tiempo en su casa Rodolfo aprovecha para leer, ver series, películas y noticieros. Y dado que todavía espera dar clases de ghostwriting lee libros originales y analiza sus distintas adaptaciones televisivas y/o cinematográficas.

¿Cómo te imaginás una vez que se termine todo esto de la pandemia? «En mi caso particular la pandemia se terminará cuando encuentren una vacuna. Sueño con cosas sencillas como volver a salir con la familia, encontrarme con amigos y pasear. Y también poder dar las clases de ghostwriting que tengo pendiente porque para mí es la profesión del pasado, del presente y del futuro».

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