Coronavirus : adultos mayores, entre la fragilidad física y la entereza emocional

Considerados el principal grupo de riesgo, la mayoría cumple el aislamiento lejos de sus afectos. Cómo ayudarlos a transitar la pandemia y nutrirnos de su fortaleza.

Verónica Frittaoni
06/04/2020
Clarín.com

Son, al mismo tiempo y paradójicamente, los más débiles y los más fuertes en la cadena de efectos que desata la pandemia. Más allá de los flaqueos que en cualquiera de nosotros desencadenan el encierro y la distancia de los afectos, son ellos, los adultos mayores, quienes en tiempos de coronavirus le vienen ganando la batalla a la cuarentena. Es que, aunque la gran mayoría no ostenta una buena salud física, lo que les sobra es entereza emocional. Y esa fortaleza, que los médicos definen como resiliencia, hace que el principal grupo de riesgo frente a un contagio de Covid-19, sea también el «ejemplo» a seguir para frenar las consecuencias psicológicas del aislamiento.

No todos los casos son iguales ni todos demuestran tamaña fuerza de voluntad, pero en el balance, salen mucho más airosos que las generaciones más jóvenes y menos entrenadas para los «golpes».

«Le prestan más atención a su vulnerabilidad. De esto, de la vulnerabilidad de los mayores, se habla mucho hoy gracias a la pandemia, pero es una buena oportunidad para aprender que los ancianos son más vulnerables sólo a nivel biológico. La reserva humana (emocional, cognitiva, vincular, espiritual, corporal) que en su mayoría fueron acumulando, les fue compensando la vulnerabilidad biológica. Aprendamos de ellos», apunta Graciela Zarebski, especialista en psicogerontología y vice decana de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y Empresariales de la Universidad Maimónides.

Entonces, ¿no les pesa la falta de contacto con el afuera? «Como a todos, no se puede negar, pero están en general más preparados para ser resilientes. Como se ve, son los que menos transgreden la norma (el aislamiento preventivo obligatorio impuesto por el Gobierno Nacional)», refiere la especialista. Incluso, a sabiendas de que serán los últimos en volver a la vida en sociedad tal y como la concebimos. Imágenes como las del pasado viernes, cuando se vieron obligados a aglomerarse frente a los bancos para cobrar sus jubilaciones y pensiones, exceden toda precaución posible.

Con el correr de los días en cuarentena, las redes sociales registran numerosas historias de cómo enfrentan el confinamiento las personas mayores. Están quienes decidieron quedarse solos para minimizar las chances de contagio, quienes descubrieron o mejoraron su relación con la tecnología, y hasta quienes decidieron participar activamente en la lucha contra la propagación del virus. «Esto responde al prejuicio de que al pasar los 60 nos volvemos más débiles en todos los sentidos del término y de la vida. Si lo hacen es porque evalúan que pueden y que quedarse solos no implica autoaislarse más si mantienen diversidad de vínculos e intereses», lanza Zarebski.

Mantenerse activo a los fines de combatir el tiempo de sobra durante el confinamiento es una receta eficaz que no distingue por generación ni por recomendación médica. «Quienes ya se han jubilado de algunas exigencias cotidianas, se han ido acostumbrado (a ser considerados más vulnerables). En las personas mayores el curso de la vida se fue encargando de hacérselos saber. Y entonces ejercen el autocuidado, se recluyen y adoptan nuevos hábitos. Se conectan, puertas adentro, con intereses postergados. Es una buena oportunidad para preguntarse: ¿Qué estaba relegando en mi vida?», menciona.

La vicedecana aclara que se trata de aquellos que cuentan con la flexibilidad para adaptarse a los cambios. «Flexibilidad que les permite ejercer la autoindagación, lo cual conlleva el poder detenerse y adoptar una actitud reflexiva, que es la que les permite conservar su autonomía. Son personas que vienen preguntándose: ¿Qué quiero hacer con mi tiempo, con mi vida? La poca o mucha vida que me quede por delante, me hago cargo, la tomo en mis manos», refiere.

La clave, para la experta, es diferenciar el aislamiento físico del emocional. «Se pone en juego una paradoja: cerrar nuestra porosidad hacia afuera al mismo tiempo puede implicar que la abramos hacia adentro. Es por eso que aislarnos físicamente para ser menos porosos hacia invasores invisibles, no debe llevar a aislarnos emocionalmente. Debe ser una oportunidad para hacernos más permeables hacia nuestra interioridad y hacia nuevos estímulos, aprovechando la virtualidad que supimos conquistar», define.

Y es en este punto donde hijos, nietos, cuidadores, voluntarios e instituciones geriátricas tienen que activar sus funciones. «Debemos diferenciar distintos grupos de mayores, por un lado quienes están institucionalizados y por otro quienes viven en sus casas, donde también cabe diferenciar un grupo de autónomos y otro de dependientes. En todos los casos lo que vemos es testimonios de cómo están sostenidos por sus redes de apoyo y aquellos que no tienen redes, oferta de voluntarios, vecinos, recomendaciones por todos los medios», enumera Zarebski.

Manejar el equilibrio entre prevención​ y miedo exagerado al contagio, filtrar la información que consumen y evitar el restringirse de todo «por las dudas» son el lado B de los adultos mayores en cuarentena. Y es sobre estas debilidades, que el entorno afectivo y asistencial debe construir fortalezas. «El mensaje que tenemos que dar es el ejemplo de los que saben manejar este equilibrio, de lo cual nos llegan testimonios diariamente: buscan aprovechar el tiempo creativamente, el miedo a contagiarse les lleva a ser precavidos, a salir lo indispensable (los que pueden), y si no recurrir a ayudas», concluye la especialista.

Mantener la calidad de vida de los mayores
Así como existen los canales de asistencia y contención psicológica que se vienen habilitando para asistir los efectos emocionales de la pandemia en la sociedad toda, los mayores de 60, que representan el 15,5% de la población local, también cuentan con diversos recursos virtuales exclusivos para sus necesidades.

La Universidad Maimónides organizó un área de sostén basado en tres estrategias: «Ofrecemos un equipo interdisciplinario con profesionales de amplia trayectoria que brindan atención gratuita, asesoramiento a mayores y familiares y recomendaciones varias. Subimos videos con mensajes de docentes destinados a ellos y, quizás la herramienta más original, le damos voz a los mayores. Les damos protagonismo y transmitimos mensajes de ellos de cómo lo están pasando, aconsejan a los jóvenes y les piden que se queden en sus casas», detalla la autoridad de Humanidades.

Para acceder al servicio de contención deben escribir a mayoresactivos@maimonides.edu consignando nombre y apellido, teléfono fijo, teléfono celular, correo electrónico y Skype en caso de contar con ello.

“Es importante que no vivan este aislamiento como una especie de castigo o reclusión. Afortunadamente, la tecnología es una aliada para generar actividades y seguir conectados, pero siempre haciendo un uso responsable de ella”, remarca Sebastián Fridman, coordinador del área de Adultos Mayores de AMIA y especialista en Psicogerontología en la Universidad Maimónides. Desde la entidad, elaboraron una guía par fomentar el bienestar de los mayores en tiempos de cuarentena, aplicable también a la vida cotidiana:

✔ Fijar horarios para despertarse, alimentarse, recrearse y también para irse a dormir. ¡Importante!: sacarse el pijama o camisón al levantarse, y vestirse para empezar el día, como si se fuese a salir.

✔ Cumplir con las normas de higiene y aseo personal como un día normal. Y mantener los ambientes de la casa limpios, iluminados, ventilados y desinfectados. El orden en el hogar también ayuda a crear un escenario agradable para estar.

✔ Si es impostergable salir, confeccionar una lista de compras y necesidades para evitar olvidos. Y cumplir con todas las normas de higiene al regresar a casa.

✔ No descuidar la calidad de los alimentos​ que se ingieren. Pedir, en el caso que así se pueda, que les acerquen productos frescos y variados. Procurar hacer una compra que sirva para muchos días.

✔ No suspender la medicación habitual indicada. No automedicarse ni subestimar ninguna manifestación clínica. Consultar a un médico de forma inmediata ante la presencia de fiebre y síntomas respiratorios (tos, dolor de garganta o dificultad para respirar).

✔ Estimular la actividad física y cognitiva. Ejercitar la mente a diario es clave. Completar rompecabezas, acertijos, sopas de letras y crucigramas es una práctica que trae siempre buenos resultados. En los casos en los que no hay impedimento, se pueden realizar estiramientos, flexiones, y movimientos suaves.

✔ Usar la creatividad para hacer aquella tarea que siempre quisimos. Aprender algo nuevo cada día. Leer los libros pendientes, pintar, escribir, cantar, bailar. Animarse a una clase de idioma para principiantes, cocinar recetas​ nuevas, hacer manualidades. Si disponen del espacio, tareas de jardinería.

✔ Información y redes sociales: es importante buscar contenidos que motiven y generen impacto positivo: tutoriales para bailes, visitas virtuales a museos, biografías de personas que admiramos, documentales entretenidos. Y establecer un tiempo para su uso. Lo mismo para el teléfono, destinar un momento del día para llamar a los seres queridos. Necesitan contar con ellos y no sentir que los están molestando.

✔ Calmar la mente: Cuando los nervios y la ansiedad nos invaden, podemos recurrir a técnicas que relajen la actividad cerebral: respirar, meditar, pintar mandalas, hacer movimientos lentos con el cuerpo, escuchar una música que tranquilice, son los mejores aliados para volver a nuestro eje.

Desde Fundación Huésped suman el recordarles vacunarse contra la gripe y darse el esquema secuencial contra el neumococo, así como instarlos a reprogramar todos los turnos médicos que no representen una urgencia extrema.

«Debemos recordar que tenemos la experiencia de haber atravesado situaciones difíciles y podemos ser resilientes. Esta situación también pasará y debemos afrontarla con la mayor tranquilidad posible», pregonan desde AMIA.

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