Abuelas en cuarentena: el amor es más fuerte que la tecnología

Desde aprender a hacer un canal de YouTube hasta instalarse aplicaciones para mandar budín casero. Cómo se las arreglan para seguir el estrecho contacto con los nietos.

Patricia Kolesnicov
05/04/2020
Clarín.com

Una aprendió a hacer un canal en Youtube: se las arregla para ubicar el celu, toca el circulito rojo de grabar, lee. O mejor dicho: empezó leyendo y ahora se anima y simplemente narra cuentos o una novela que avanza capítulo a capítulo. Después los sube, pone un título, en fin: funciona. Tiene unas cuantas visualizaciones pero le interesan sobre todo dos: sus nietos, que hacen su cuarentena ​a quince cuadras, como si fueran quince mil kilómetros. A veces llora.

«Pronto aparecerá el río Abueladesconsolada», comenta una amiga que ¿cuánto hace que tiene un nieto? ¿Siete, ocho meses? «A mi edad me están robando la vida», casi que grita en un audio de whatsapp. «Me están robando tiempo de mi nietito».

Una se pone sombreros de bruja para hacer videollamada, otra se suscribió a un servicio de burako online que permite dos jugadores, otra dejó de lado algunos principios -no consumo nada que involucre trabajo precario- y se instaló una de esas aplicaciones de mensajería: ya mandó libros, empanadas, juguetes, budín casero y un kilo de helado.

Mientras tanto, el nene -¿no está más alto?- aprendió a andar en bici sin rueditas en la terraza y la nena va abandonando esa forma incomprensible de hablar que tenía hace unos días y cuenta que jugó a la pelota, que quiere que vayas, que no quiere más, tau.

«Mis nietos me devolvieron el juego, el piso, volví a tirarme al suelo», dice una abuela. «Te amo», escribe el nieto y pone el papel frente a la cámara.

Hace pocos días la banda Los Raviolis -música para chicos con mucho guiño a los grandes- estrenó en YouTube el tema Un lugar mejor, un canto al romance de abuelas y nietos, que en el estribillo dice: «Me voy a la casa de mi abuela/ allí nadie me dice que no» . Aunque tenga 42, cantan. Eso quiero.

Será. Será el permiso mutuo -volver a jugar, jugar casi sin límites-, será la certeza de tener un adulto cómplice, siempre a favor, será la famosa relación sin-obligación-de-educar, será cierto estar de vuelta que traen los años y que permite darles más cuerda a los chicos, será cierta inminencia: no hay tanto tiempo para este amor.

Así que las abuelas inventan y cuarentenean. Porque cada día que se pierde hay que restarlo de una cuenta que no es infinita, pero hay que estar vivo y bien para ver la bici en la plaza, para escuchar cómo totolate se vuelve chocolate, para ese abrazo sin fin y sin barbijo.

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