Coronavirus en Argentina: cómo hacer para que los adultos mayores se tomen en serio el aislamiento

Recomiendan armar redes de contención entre familiares y vecinos. Y acompañar.
Intentar controlarlos, dicen, no es una buena idea.

Vanesa López
19/03/2020
Clarín.com

Tiene 89 años, pero no la para nadie. Mercedes Guruceaga está acostumbrada a caminar 40 cuadras por día: suele ir al supermercado más alejado de su casa «para mover las piernas». Y combina dos colectivos con un tren para ir —sola— desde la Zona Norte hasta el Sur. La edad no pudo frenarla y tampoco lo hizo el coronavirus.

Asegura que está tomando algunas medidas. “Cuando llego a casa me lavo las manos y me pongo alcohol en gel”, sostiene. De quedarse adentro, ni hablar. “Trato de salir temprano, que hay menos gente. Ayer fui por unos duraznos a la verdulería, que está a una cuadra. Siempre me voy abasteciendo, por si las moscas”, comenta.

Para los expertos, no hay grises. “La recomendación actual es que no salgan o salgan lo mínimo e imprescindible”, sostiene José Ricardo Jaúregui, presidente electo de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatrías (IAGG) y director médico de We Care.

“Que manden a buscar la receta a los consultorios, que no se hagan los estudios que no sean estrictamente necesarios, que no vayan al sistema sanitario, que no vayan al supermercado”, ejemplifica.

“Hoy la recomendación es que no salgan o que lo hagan en su propio auto o el de la familia. Que no usen transporte público. Que estén realmente lo máximo posible con ‘distanciamiento social’. A mí no me gusta la palabra ‘aislamiento’. No es lo mismo”, sigue Jaúregui.

Se refiere al «aislamiento social» que se indicó la semana pasada en una conferencia de prensa realizada en la Casa Rosada. “La situación de mayor riesgo está centrada en los mayores de 65 años», dijo la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti. Y el titular de la Fundación Huésped, Pedro Cahn, pidió cuidar especialmente a los adultos mayores porque la gravedad de la enfermedad aumenta con la edad.

¿Cómo incorporarlo dentro de la dinámica familiar? “Hay que acompañarlos y obviamente ayudarlos. Hay que salir a hacerles las compras, porque sino no van a comer. Hay que acercarles las cosas básicas, como el alimento y lo que necesiten para estar dentro de la casa”, responde Jaúregui.

“El resto de la familia tiene que ponerse en movimiento para que los mayores entiendan. Y brindarles ayuda. Es una cuestión de supervivencia, porque van a tener que salir a comprar la leche. Que los ayuden con los deliverys para hacer los pedidos. Que les lleven los alimentos a la casa. Ese tipo de cosas”, concluye el especialista.

En algunos hogares siguen estas instrucciones al pie de la letra. “Le hago las compras. Le preparé alcohol en gel. Le digo que se desinfecte, que mantenga distancia, que no dé besos”, cuenta Graciela Vuga sobre los cuidados que recomienda a su madre, Ermelinda, de 89 años.

Al principio, la mujer ejerció resistencia y le dijo a su hija que estas medidas eran “demasiado”. Pero, de a poco, se está haciendo a la idea de que tiene que prevenir el coronavirus. Aunque todavía le cuesta digerir la situación. “Ella está muy asustada. Mira la tele y se asusta. Tiene miedo por nosotros: sus hijos, nietos y bisnietos”, relata Graciela.

Estos ejemplos son de personas muy mayores, que necesitan extremar los cuidados. Pero hay un detalle: las medidas incluyen también a los no tan grandes. Según Jaúregui, en nuestro país, todas las medidas de precaución se están recomendando a partir de los 60 años. Estamos hablando de unos seis millones de argentinos.

“Primero el aislamiento era para los mayores de 65. Y de un día para el otro pasó a ser para los mayores de 60, sin que nadie explicara nada”, se queja el gerontólogo Eugenio Semino, titular de la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).

Y acá viene su aclaración. “El aislamiento se plantea como consigna general y es una disposición que viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se considera adultos mayores a las personas de 65 años en países con economías desarrolladas. En países con economías con dificultades, como históricamente la nuestra, se toma el concepto de adulto mayor a los de 60 años”.

Y agrega que, aunque hay solo cinco años de diferencia, la situación social entre los de 60 y los de 65 es considerable, porque los de 65 por lo general están jubilados.

Ante la consulta de si controlar a nuestros padres y abuelos es una opción, Semino responde en forma negativa. “Más viejos somos, menos nos importan las pautas”, lanza. Pone el acento en la «rebeldía» propia de esta edad y está convencido de que las prohibiciones “actúan en contra”.

Por lo tanto, su recomendación es “hacer redes” y apelar al “acompañamiento”, ya que “tenemos que prepararnos para una situación que va a durar bastante tiempo”, adelanta.

“Hay que hacer convenciones entre los familiares, amigos y vecinos. Decir ‘yo estoy cerca a tales horas’ o ‘yo lo llamo a tales horas’ o ‘yo lo invito a hacer tal cosa’. Tienen que involucrarse jóvenes y viejos”, recomienda Semino.

“Es bueno que se haga algún tipo de esparcimiento, porque sino tenemos otra enfermedad que mata más que el virus, que es la depresión”, alerta. Y, para lograrlo, invita a ser creativos: “Nos podemos juntar a tomar mate: cada uno con su mate y cada uno con su termo. Y guardamos una distancia para conversar”.

“Caminar por la calle se puede, pero tenemos que hacerlo a una distancia prudencial. Y en lugar de salir dos horas, podemos dar una vuelta por media hora”, ejemplifica Semino.

Y subraya que el miedo es un aliado de la pandemia. «No tengamos miedo, ni el viejo ni el joven. Tratemos de trabajar en la prevención y la contención”, concluye el gerontólogo.

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