Adélia Prado, la poetisa que escribe como Harry Potter

La escritora brasileña, de 84 años, es una de las voces poéticas más reconocidas de su país.

Daniel Mecca
23/02/2020
Clarín.com

Decía Ricardo Piglia que el robo a la biblioteca de una escuela en El juguete rabioso, de Roberto Arlt, era el acto más transgresivo que había leído. En Arlt, el acceso a la cultura aparece de la mano del delito: despojados de todo, sus personajes —él mismo, hijo de una familia humilde de inmigrantes— deben tomar por la fuerza la cultura, aquello que el sistema les niega con la violencia de cross a la mandíbula.

La poetisa Adélia Prado (1935)—de ella vamos a hablar en la columna de este domingo— era hija de un padre obrero ferroviario y de una ama de casa. Este hecho social, como en Arlt, se trasluce en sus poemas. Adélia escribirá, por ejemplo, que “nadie sabe lo que dice cuando de los pobres”. Escribirá que “la vida es de hierro y no se acaba nunca”.

Escribirá, sobre todo: “Mi madre pensaba que el estudio / era la cosa más fina del mundo. / No lo es. / La cosa más fina del mundo es el sentimiento./ Aquel día de noche, mi padre estaba haciendo horas extras,/ ella habló conmigo: / ‘Pobre, hasta esta hora haciendo trabajo pesado’. / Trajo pan y café, puso una olla en el fuego con agua caliente./ No me habló de amor. Esa palabra de lujo”.

El pan, el amor, todo es una cuestión de lujo en ella. Adélia, desde ese lugar, perseguirá esa joya: la palabra, el poema. Lo mirará. Lo buscará. Lo nombrará. Dirá que “sacrifica arañas para saber de dónde vienen”. Cómo no pensar en el adentro del poema. Sacrificar el poema para saber de dónde viene. Qué hay ahí. Qué es ahí.

Griselda García Editora sacó en 2019 la poesía reunida de Adélia Prado, una de las voces poéticas más reconocidas de Brasil. Es una selección de 1976 a 2015 traducida por José Ioskyn. Uno de esos poemas Adélia Prado lo tituló “Harry Potter”: escribe en esos versos que cuando era niña se escondía en el gallinero hipnotizando gallinas, intentando lo maravilloso, y que ella y las gallinas quedaban atontadas. Y agrega que hasta el día de hoy está al acecho de ovnis, luces misteriosas, de orar en lenguas, tener el don de curar.

Concluye aquel poema: “Mi destreza es la de ordenar las palabras: / Sean un poema, les digo, / no se comporten como, en el gallinero/, yo con las gallinas tontas”.

Como una maga, Adélia toma las palabras y les da asombro. Decía Alejandra Pizarnik que cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa. Lo que está detrás de la palabra es magia, pero también es trabajo sobre la palabra. La magia del poema es trabajo y vida reunida. Ella publicará su primer libro de poemas a los 40 años.

Cuánto habrá tenido que pasar para escribir algo hermoso, hermosísimo, como esto: “En una ocasión / mi padre pintó toda la casa / de anaranjado brillante. / Durante mucho tiempo vivimos en una casa, / como él mismo decía, / constantemente amaneciendo”.

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