«Hay que comprometerse». Tiene 96 años y pide que todos se sumen a su lucha para erradicar la pobreza

«Hace casi 90 años que estoy detrás de la pobreza», dice Carlos Huguet, con una sonrisa de niño que nunca perdió, sentado en el sillón de su casa de Belgrano. Tiene 96 años, pero esa empatía por el otro surgió muy de niño.

Micaela Urdinez
La Nación
27 de diciembre de 2019

«A veces uno piensa qué es lo que hace que cada uno tenga adentro ciertas incógnitas que cree que son necesarias resolver. Y cuál es el origen de eso. En mi caso, el origen es mi padre», agrega con la cadencia de tener todo el tiempo del mundo para conversar sobre el tema que más lo apasiona.

Eduardo, su padre, era profesor de piano y también encargado de personal del Ministerio de Obras Públicas. «Cuando yo era chico, llegaban a mi casa mujeres sencillas que traían gallinas debajo del brazo para regalárselas a mi padre. Mi madre las atendía, se iban de nuevo con sus gallinas y yo le preguntaba por qué no las aceptábamos. Y ella me explicaba que mi padre no trabajaba para que le trajeran gallinas sino para que ellos pudieran tener trabajo. Y eso me quedó en la cabeza, el tema de la ayuda que transforma vidas», aclara Huguet.

Durante los años en los que trabajó como ingeniero y formó su familia, está inquietud siempre estuvo latente. Y cuando se jubiló, volvió a tomar control de su vida. Huguet es viudo -su mujer falleció hace siete años pero todavía lleva su alianza y la de ella, en su mano derecha- tiene una hija, cuatro nietos y tres bisnietos. Actualmente vive solo y una señora lo ayuda durante el día con la comida y la limpieza. Como se está recuperando de una reciente caída, tiene que usar andador. «Más tiempo estoy sentado, más pienso», explica con un ejemplar del diario La Nación en la mesita del comedor. «Es mi fiel compañero, lo leo hasta en los bordes», aclara.

Justamente a partir de un aviso publicitario del proyecto Redes Invisibles de la Fundación La Nación en el que señalaba que solo uno de cada 10 argentinos creía que tenía que hacer algo para combatir la pobreza, sintió que tenía que hacer algo y escribió a la Fundación un mail que decía: «De diez personas, hay uno que sí cree en la pobreza y tiene que convencer a otros nueve para que entre todos hagamos algo y de esa forma seguir multiplicándonos. Y así se arma la cadena. Creo que todos nos tenemos que ocupar de la pobreza para lograr soluciones de largo plazo».Durante los últimos años Huguet elaboró una propuesta que involucra a toda la sociedad y que quiere canalizar a través de los organismos estatales. «Intenté hacer algunos contactos para llegar a los políticos y las cabezas del Ministerio de Desarrollo Social durante la gestión anterior pero no tuve suerte», dice sin desanimarse.

Su proyecto consiste en una ley de apoyo voluntario de todos los habitantes y empresas del 1% mensual de sus ingresos, una ley de extinción de dominio de todos los bienes físicos y monetarios habidos por corrupción, una ley de apoyo pecuniario a todos los indigentes y pobres para su alimentación, salud y educación a través de una tarjeta de débito específica, una ley de contraprestación obligatoria por parte del beneficiario, para que no sea una limosna sino una paga (dignidad) por su labor y una ley que define como destinatario, contralor y distribuidor de esos valores al Ministerio de Desarrollo Social con la intervención de cada municipio (para federalizar el proyecto), eliminando intermediarios y definiendo lugares y tareas a realizar por el beneficiario como pueden ser hospitales, escuelas o plazas.

Huguet elaboró una propuesta que involucra a toda la sociedad y quiere canalizar a través de organismos estatales.

«La situación social se agravó frente a la famosa grieta, en la cual nadie se siente responsable de la pobreza, siempre es el otro el responsable del tema. Me parece que en un país como el nuestro que tiene una riqueza para sostener a 300.000.000 de personas, no debería existir la pobreza. Tenemos agricultura, yacimientos y no podemos alimentar a 40.000.000 millones de argentinos. Eso no puede ser. No creo que tengamos que ser espectadores de nuestro destino», explica Huguet , invitando a todas las personas, funcionarios, organizaciones sociales e instituciones religiosas que quieran sumarse a su cruzada solidaria.

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