A los 87, sigue siendo el mejor del barrio haciendo chapa y pintura

Antonio Jiménez Morando Vino de España a San Martín en el 52, y con sus primeros ahorros puso un taller. Hoy lo atiende solo.

Federica Fontana
19/12/2019
Clarín.com

A los clientes les gusta verlo trabajar en su taller mecánico. A los 87 años, dicen, sigue siendo el que mejor hace chapa y pintura de todo San Martín. Y aunque a muchos les llama la atención verlo trabajar solo, Antonio Jiménez Morando deja en claro rápidamente que la gente lo elige porque su experiencia se traduce en calidad.

Antonio viajó desde España en 1952, con 18 años, junto a sus padres, para buscar una nueva vida en la ciudad que tanto quiere. «Llegamos buscando trabajo, después de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Primero, trabajé ayudando a mi papá que era pintor de edificios y a mi tío, que tenía un taller de chapa», cuenta el vecino que, con sus primeros ahorros, decidió alquilar su propio taller. “Con el tiempo pude tener mi local a 20 minutos de mi casa en San Martín”, cuenta.

Más de 60 años después, Don Antonio (como todos le dicen en San Martín) sigue atendiendo personalmente a sus clientes y arreglando vehículos. «Hoy trabajar de chapista es mucho más fácil que antes, cuando no había repuestos para los autos y había que fabricar todas las piezas», dice. “Además hubo cambios en las chapas, que hoy son más finas, pero les agarré la mano. Me adapté y puedo trabajar bien”, explica entusiasta.

Antonio se mantiene muy activo y sigue una rutina que, además de hacerlo sentir bien, lo lleva a socializar con todo el barrio. “Todas las mañanas a las 8 desayuno en la panadería Roma, mi favorita, antes de ir al taller. Cuando salgo, vuelvo para merender un sándwich de miga con café con leche», describe.

Su trabajo no lo cansa. “Ya no tengo la misma fuerza o facilidad para agacharme, pero sigo teniendo mucho amor por mi oficio”, asegura. Y compara sus tareas cotidianas con las que aprendió de su madre. “Ella era modista y a veces tenía que hacer vestidos más arreglados. Con los autos es igual, hay modelos con más detalles o terminaciones delicadas», cuenta.

Antonio encierra muchos oficios en uno solo. Su experiencia, su historia y forma de vida lo volvieron casi un filósofo o consejero para las nuevas generaciones. «Los autos son como los seres humanos: por fuera son todos distintos pero los organismos, en el interior, son los mismos. Algunos tenemos la suerte de vivir más y otros menos. Con los coches pasa lo mismo, la estructura y la pintura son iguales», cierra.

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