Imagine que tiene 84 años y se mira en un espejo, ¿qué ve?

Según cifras de la OMS, nunca en la historia hubo tantas personas de 100 años o más como ahora. De qué manera, ser flexibles frente a la metamorfosis que
conlleva el paso del tiempo, ayuda a “amigarse” con la propia imagen, así como con otros cambios más profundos

Infobae.com
20.11.2019

Hace unos meses, prácticamente todos los niños, jóvenes y no tan jóvenes sucumbieron ante la tentación de “verse viejos” a través de la aplicación FaceApp, que
proyectaba una imagen bastante realista de cómo se verían esos rostros muchos años después. Más allá de lo divertido que fue para muchos, para algunos sirvió
como disparador para preguntarse cómo llegarían a esa edad, si serían felices, si soportarían el paso del tiempo con alegría o con tristeza, entre otras miles
de preguntas.
“La mayoría de las personas jóvenes rara vez se detienen a pensar en cómo llegarán a una edad avanzada, aunque todos aspiramos a una vida longeva. Y tal vez
ese sea el problema de muchos, que se enojan cuando se dan cuenta de que se van poniendo mayores, de que el cuerpo ya no les responde como antes o no se ven
tan guapos, y de que van teniendo achaques típicos de la edad”. Graciela Zarebski es doctora en Psicología y sobre estos temas escribió en Cuestionario Mi
Envejecer, un libro que es a la vez un instrumento psicogerontológico para evaluar la actitud frente al propio envejecimiento.
En dos versiones -para personas de menos de 59 años, y para mayores de esa edad- pone en juego este proceso complejo de elaboración del propio
envejecimiento. “Es la posibilidad de ser flexibles frente a la metamorfosis que conlleva el paso del tiempo, tanto en lo que respecta a la propia imagen, como a otro
tipo de cambios más profundos”, reflexionó la autora, para quien el proceso implica también autocuestionamiento».

Para ella, “alcanzan una buena vejez los que -por no ser narcisistas- pueden ‘verse’ a sí mismos en su condición humana, y aceptan las transformaciones a las que
lleva el paso del tiempo”.
En ese sentido, Cuestionario Mi Envejecer “sirve para conocer y para conocerse: quien lo responde, mientras lo va haciendo, reflexiona y piensa tal vez en cosas que
jamás se había detenido a pensar. Y esto lo ayudará a llegar mejor al objetivo de tener una vejez feliz”, consideró Zarebski, para quien, por su parte, “el profesional
que lo interprete logrará una guía sobre cómo detectar en las personas factores de riesgo y protectores, lo que le permitirá ayudar a lograr una vejez en plenitud”.

Algunas de las preguntas, para empezar a pensar

A modo de adelanto, la autora compartió con Infobae algunos de los interrogantes que ayudarán a razonar sobre el paso del tiempo:
– “La edad se apodera de nosotros por sorpresa”. ¿Qué piensa de este pensamiento de Goethe? “Se eligió esta pregunta para comenzar porque todo el
cuestionario tiene que ver con la sorpresa. Si bien la imagen y la representación de nuestra posible vejez futura se nos anticipa imperceptiblemente desde jóvenes,
esta imagen anticipada en el hoy promueve un efecto de sorpresa al yo actual: nos sorprende distraídos”, analizó la autora.
Es que, según ella, “inevitablemente, uno vive distraído del tiempo que va pasando”. “La proporción de la distracción y el grado de sorpresa serán consecuencia de en
qué medida hayamos ido haciendo, gradualmente, un trabajo de elaboración psíquica, más o menos consciente”.
– Imagine que tiene 84 años. Se mira en un espejo. ¿Qué ve? La pregunta, según Zarebski, “continúa en la línea del impacto y se introduce en el plano personal,
apelando al efecto sorpresa, pero esta vez en lo referente a la propia imagen. El efecto sorpresa se intensifica”.
“Se eligió esta edad por considerarla hoy en día una edad alcanzable (de acuerdo a las últimas estadísticas mundiales) y en la cual ya los efectos de los cambios en la
imagen se anticipan como notables -explicó la especialista-. Promueve el cotejo instantáneo de imágenes presente-futuro, a fin de detectar el grado de elaboración
previa del tema, si es que lo hay, o bien el efecto inquietante que el cotejo puede producir al ser tomado desprevenido”.
El objetivo central de esta pregunta es detectar la aceptación anticipada de la propia imagen envejecida y la aceptación de la continuidad identitaria –y por ende, la
conservación de la autoestima en el envejecer– versus la anticipación de ruptura.

– ¿En algún momento de su vida tuvo la sensación interna de sentirse viejo/a? ¿En relación con qué? Es la primera mención de la palabra “viejo/a” en el
cuestionario, lo cual puede resonar significativamente, ya que intenta detectar cuál es la definición propia de la vejez sentida. “Esta pregunta evalúa la autopercepción
actual o pasada, acerca de sentimientos o sensaciones de vejez, más allá de la edad cronológica que se declara. Permite volcar fantasías y representaciones acerca
de la propia vejez y con qué se asocia emocionalmente el sentirse viejo”, sostuvo Zarebski.
– ¿Piensa que sería conveniente que usted modifique algo en el presente, pensando en su vejez? ¿Qué? “Esta pregunta indaga -según la autora- sobre la base
de la característica de autocuestionamiento, acerca de los recursos de afrontamiento frente a la perspectiva del envejecer, es decir, las posibilidades de tomar
precauciones y de prepararse activamente, o bien la aparición de actitudes evitativas, compensatorias, de resignación, etc”.
En otro apartado, el libro propone completar frases como “cuando tenga 70 años…”, “me gustaría vivir hasta…”, “al envejecer voy a perder…” o “al envejecer
voy a estar…” como un modo distinto de acercamiento a los mismos temas planteados en las preguntas. “La mayoría de las frases sugieren instalarse frente a
algunas fantasías relativas al propio envejecer, desde diversas ópticas y con distintas alternativas de respuesta, dada la ambigüedad con que están formuladas.
Permiten analizar, además, la correspondencia o grado de coherencia entre las respuestas”, sostuvo la especialista.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad, por primera vez en la historia, la mayoría de las personas pueden esperar vivir hasta los
70 años e incluso más.
“Nunca en la historia hubo tantas personas de 100 años o más como ahora”, asegura el organismo, que además señaló que “entre 2000 y 2050, la proporción
de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando del 11% al 22%”