Un cicerone muy porteño

Por Cita Litvak*

Su mirada es serena pero segura. La mesa de desayuno del bar de Gaona y Donato Álvarez está inundada de sol. Joaquín, 75 saludables años, me recibe sonriente y me invita a sentar. Se lo ve tranquilo, como el que tiene todo bajo control.

Habíamos acordado encontrarnos allí, frente a la Plaza Irlanda esa misma mañana. Un contacto telefónico bastó para que aceptara gustoso, y accediera dispuesto a la entrevista. Me había explicado en detalle cómo llegar allí, lo que me resultó sumamente tierno porque vivo relativamente cerca y él lo sabía.

Lo que ocurre es que nuestro personaje es un greeter, un “cicerone” y parecería que no puede apartarse fácilmente de ese rol.

Joaquín Brenman es el fundador de BAG, Buenos Aires Greeters, una ONG cuyo lema es “Un amigo en Buenos Aires” y cuya misión es ofrecer a visitantes de otros países, paseos, recorridos de interés, especialmente poco conocidos, de la mano de alguien que vive en el lugar y que lo acompañará como anfitrión de manera totalmente gratuita. Buenos Aires Greeters, es un programa de cordialidad que facilita la estadía de quienes llegan de visita a nuestra ciudad.

Joaquín viste ropa cómoda, casi siempre usa zapatillas, está preparado para andar, para llevar a recorrer lugares tanto conocidos, como singulares de Buenos Aires. Puede contar sobre la arquitectura de la Catedral de Buenos Aires o sobre la influencia del art deco de muchos edificios. Puede decirte dónde hay milongas y qué museos visitar según las preferencias del visitante. Puede ayudarte si estás en la ciudad y tenés una consulta, una duda.

“No sabía casi nada de arquitectura -confiesa Joaquín- cuando comencé con esto y fui aprendiendo a lo largo de los recorridos, es que este programa logra abrir temas de interés que, de otro modo, tal vez no hubieran surgido”.

Joaquín es ingeniero industrial, especializado en ingeniería sanitaria. “siempre fui a la escuela pública, hasta el posgrado universitario”, cuenta con orgullo.

“Quiero ser ingeniero”, se plantó frente a su padre, “y no quiero ir más a la Ieshivá” (lugar de estudio de judaísmo religioso). A los 14 años, Joaquín sabía lo que quería y lo que no quería.

Había rendido sexto grado libre porque tenía muchas cosas que hacer y “como modo de supervivencia: hijo único de padres grandes”, explica.

Ya tenía proyectada su vida profesional aquel niño responsable nacido en el límite de Villa Crespo y La Paternal”.

“La vida es proyecto”, repite incesantemente Joaquín.

Fue por eso por lo que, en un momento de su vida, en medio de una frondosa y exitosa carrera profesional, decidió hacer algo totalmente distinto.

Joaquín trabajó en empresas de aguas, públicas y privadas; para grupos empresarios muy conocidos, también en proyectos forestales. Tuvo por veinte años su propia consultora dedicada al tema aguas, se especializó en auditorias de las contrataciones públicas. Aún continúa trabajando en inspecciones de obras, vinculado con el plan de urbanización de villas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Nunca dejó de trabajar y dice que lo mismo

sucedió con Linda, su mujer desde hace más de 50 años, de quién cuenta con no disimulado orgullo, de su gran trabajo profesional y de su gran dedicación a la tarea.

La pregunta surgió espontánea ¿Por qué habiendo tenido una carrera tan exitosa, un día creó “Cicerones”?

En un momento, y bien como “cabeza de ingeniero”, empezó a pensar en algo que habría de hacer para cuando empezara a retirarse del trabajo. No sabía entonces muy bien qué, pero se lo puso como objetivo. Fue Linda quien le recordó lo que años antes (fines de los ‘90) habían conocido en la ciudad de Nueva York: Big Apple Greeters. Joaquín se entusiasmó de inmediato con la idea y puso manos a la obra. Junto a su mujer y a un grupo de amigos, comenzaron a reunirse para pensar y para empezar a dar forma a este nuevo y valiente proyecto.

Valiente, porque no es lo mismo el escenario para crear una organización en la Argentina, que en los Estados Unidos. Se contactaron con Big Apple para proponerles replicar el sistema en estas costas. Las diferencias eran notorias y los requerimientos de los Big Apple, imposibles de abordar.

Mucho trabajo a pulmón, muchas ganas, dinero personal, creatividad, lograron que en el año 2002 se creara formalmente Cicerones Buenos Aires, pese a la crisis del año 2001 y todo lo que ello produjo. “Las crisis generan oportunidades”, diría convencido Joaquín.

Y focus groups mediante, charlas, investigación, y mucho trabajo, el proyecto fue tomando forma.

Fue así cómo armaron su propia propuesta, debidamente aprobada por la central de Nueva York, comenzaron a llevarla a cabo. En ese momento crearon el sitio web en tres idiomas, español inglés y francés, al que se agregarían otros idiomas más tarde. Siguieron trabajando en el programa normalmente, manteniendo algún contacto vía mail con Nueva York.

En 2006, llega a oídos de la central de Greeters que Cicerones Buenos Aires marchaba muy bien, y los invitan a Chicago, en donde se celebraba una reunión con las autoridades que integraban la mesa directiva, conformada por miembros de varios lugares del mundo. Fue a partir de allí que se establece un vínculo formal con la organización mundial, y un trabajo conjunto. A partir de 2011 Buenos Aires Greeters es miembro de la International Global Greeters cuya sede se encuentra en Bruselas y que hoy opera en 38 países, mas de 140 destinos y en la que desarrollan su tarea unos tres mil voluntarios.

Con entusiasmo, con mucho trabajo, con el convencimiento de que todo es posible, se generan nuevas cosas, se pueden vencer dificultades.

Joaquín se ve serenamente feliz, disfruta contar de su familia, de su mujer y de sus tres hijos, y sonríe cuando habla de sus seis nietas “la mayor de 22 y la más chica de 4”. Se declara amante de Buenos Aires, de sus cafés, como el de Montevideo y Corrientes. Se confiesa “enfermo por el teatro”, (puede ir tres veces en una semana). Hace cursos de cine y literatura, practica Yoga.

Continúa trabajando “ya poco” en su profesión y dedica la mayoría de su tiempo en su familia, algo que considera muy importante para él. Tiene varios grupos de sólidos amigos con quienes se reúne habitualmente y a los que suele agasajar con asados, siempre hechos por él , o con sus ya consagrados platos de la cocina centro europea.

Así divide su tiempo Joaquín hoy, en sus serenamente activos 75 años, proyectando, pensando, aceptando nuevos desafíos y disfrutando. Y por supuesto ocupándose “el 40 % de mi tiempo” en lo que lo enorgullece como amigo de Buenos Aires, ser cicerón de todo quien quiere conocer de su mano nuestra hermosa ciudad.

*Cita es voluntaria de la Fundación Navarro Viola y forma parte de #LaVozdelasPersonasMayores, una sección donde los voluntarios mayores escriben sobre historias de vida, en los cuales las personas mayores son las protagonistas y sus formas de acción son ejemplos a imitar.

Un cicerone muy porteño