Mayores de 50. Tienen experiencia, vitalidad y recursos, pero son los más ignorados

En Japón, el país «más adulto» del mundo, ya se venden más pañales para adultos que para bebés. Si bien la nación oriental puede ser un ejemplo extremo, es una realidad que en 2020 habrá a nivel global 1000 millones de personas de más de 65 años y hacia 2050, el doble.

Estos datos sirven como estímulo para mirar de cerca un desafío que para el economista Sebastián Campanario es un desafío mayor que la automatización y que, sin embargo, suele subestimarse: la integración de los mayores de 50.

«A veces cuando se habla del futuro hay una sobrerrepresentación de temas tecnológicos y una subrrepresentación de temas más humanos», dijo en su exposición durante el evento Negocios del futuro Campanario, que además es columnista de LA NACION y autor del libro Revolución senior (Sudamericana).

La Nación
2 de octubre de 2019

Explicó que, globalmente, los mayores de 50 tienen una capacidad de compra de US$15 billones y que, aun así, ni siquiera las marcas los miran con detenimiento. «Siguen hablando de los mayores de 50 como si fueran la misma categoría», apuntó.

La misma desestimación se observa en el mundo del trabajo: en el mercado laboral argentino, el 80% de las búsquedas laborales están bloqueadas para mayores de 45 años. Para Campanario, hay gimnasia que tenemos para detectar temas sensibles relacionados con el género no está tan presente para la discriminación etaria.

El economista mencionó una serie de prejuicios vinculados a la edad que no se concretan en la realidad: mientras se asocia la adultez a una etapa de tristeza, estadísticas demuestran que la curva de felicidad mejora a partir de los 50.

«También estamos acostumbrados a contar la historia de jóvenes genios creativos, pero si ves estadísticas te das cuenta que el promedio de edad para crear una startup exitosa en Silicon Valley es de 42 años», agregó. ¿Qué se puede hacer, entonces? «Visibilizar a ese segmento de la población, cambiar el mindset, hablar de una nueva diversidad», señaló Campanario.

Futbolistas senior. Las pioneras del fútbol femenino

Si de valorar la experiencia de los mayores de 50 se trata, se destaca el relato de Angélica Cardozo y Teresa Suárez, dos pioneras que entendieron antes que nadie que el fútbol podía ser también un deporte de mujeres. Ellas dos formaron parte del equipo que en 1971 viajó a México a representar a la Argentina en el Mundial Femenino de Fútbol y goleó 4 a 1 a la selección de Inglaterra en el Estadio Azteca, mucho antes de «la mano de Dios».

En diálogo con la periodista de LA NACION Sofía Terrile, Cardozo se definió como una «defensora aguerrida». Recordó que los primeros viajes que hicieron para competir fueron a San Luis, San Juan y Mendoza y que nunca tuvieron apoyo económico ni profesional de nadie. «Todo fue muy a pulmón. Si todavía hay equipos a los que les cuesta, imaginate cómo era para un equipo de mujeres en los 70», dijo la exfutbolista, que empezó a jugar al fútbol a los ocho años en su casa de Florida. «Me decían varonera, pero a mí nunca me importó», contó.

Todavía recuerda lo que sintió al ingresar al Estadio Azteca en el partido del Mundial. «No te puedo explicar el sentimiento: más de 100.000 personas, el estadio se caía», dijo, y alentó a las mujeres que quieren dedicarse al fútbol a que «lo intenten». «A mí me gustó siempre jugar y lo hice hasta los 30, hasta que tuve que elegir entre eso o trabajar. Pero a las que quieren comenzar, que son chiquitas, les diría que tienen que ir adelante, porque van a lograr mucho más de lo que ya tienen», sostuvo.

Para Cardozo hoy se le está dando más derechos a la mujer y eso se ve reflejado en el deporte. » Hay más respeto por las mujeres que juegan partidos, otra forma de pensar. Las chicas también tienen menos prejuicios que nosotras y van a jugar: no les importa nada de lo que les digan», aseguró.

Teresa Suárez contó que jugaba de defensora y que tenía que rebuscárselas para alternar el entrenamiento con su trabajo de operaria en una fábrica. «Iba con las chicas a dedo hasta el campo en el que practicábamos y después cambiaba el turno de trabajo para entrar en otro horario y no perder las horas», recordó.

Del partido contra Inglaterra recuerda que venían de una derrota, que estaban solas -«no teníamos director técnico, médico, nada», dijo- y que tenían que «ganar o ganar». «Salimos a la cancha, armamos nuestro equipo y un jugador argentino que vivía allá se acercó, nos prestó una colaboración y ya no estuvimos tan solas», describió.

Ver el avance y la profesionalización del fútbol femenino le da «mucha satisfacción». «Todavía queda mucho, pero ya es un puntapié inicial. Las chicas van a ser ahora las pioneras profesionales, como nosotras fuimos del amateur», apuntó Suárez, para quien también «se abren otras posibilidades de trabajo». «Porque si bien hoy los técnicos son hombres hay oportunidades para que las mujeres se integren como médicas, kinesiólogas y médicas», agregó.

Sin embargo, Suárez destacó la necesidad de destinarle más recursos al fútbol femenino. «Hay muchas jugadoras muy buenas, en las provincias también. Se debería crear pensiones para que, así como traen a los chicos, traigan a las chicas», dijo.

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