José Narosky, el autor de aforismos que se adelantó a Twitter

A sus lúcidos 89 años, sostiene que esa red social reivindica el pensamiento breve. Con casi dos millones de ejemplares vendidos, sus libros estuvieron varias veces en el ranking de los más leídos. Tiene escritos 17 mil aforismos, pero solo publicó 3 mil.

Paula Conde
22/10/2019
Clarín.com

El amor no se mendiga. El amor se da y se recibe”.

“Tal vez en momentos ásperos, la música sea un rincón tibio donde acurrucarse un rato”.

“Hay que vivir mucho para poder decir algo”.

Una de las tres frases precedentes es un aforismo, las otras dos son simples enunciados lanzados a la pasada a la red del pajarito: la primera es de Joe Fernández, la siguiente es de Iván Noble y la última es de José Narosky. ¿Existe acaso con Twitter una revitalización del género aforístico? ¿Qué opina al respecto Narosky, erigido en algo así como “El gran aforista argentino”, el hombre que escribió más de 17 mil pensamientos breves, pero que solo publicó 3 mil, distribuidos en 12 libros, que a fuerza de reediciones y más reediciones, vendieron cerca de dos millones de ejemplares y fue traducido a 13 idiomas? Que sí. Que existe una reivindicación de la frase corta, afirma con contundencia este hombre de ojos celestes que brillan, desde la biblioteca de su casa, ubicada a dos cuadras del Malba, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad.

–¿Pero es que cualquiera puede ser aforista o hay que tener un talento especial?

–No, ningún talento especial. Creo que cualquiera puede hacer aforismos. La gente, en general, dice ‘no, no puedo’. Bueno, hay que tener una cierta predisposición a hacerlo.

Narosky tuvo un primer contacto con el pensamiento breve a los seis años cuando coleccionaba los cartoncitos con aforismos de autores extranjeros que venían en los paquetes de cigarrillos que fumaba su papá en la ciudad de Darregueira, provincia de Buenos Aires, al límite con La Pampa, donde nació hace 89 años: “Recuerdo que sentía una atracción por esas frases que eran de William Shakespeare, Charles Dickens, Romain Rolland, Rabindranath Tagore”. Dicho en términos aforísticos: “En el adulto que somos, siempre estará el niño que fuimos”.

La biblioteca de su casa tiene carpetas tipo organizadores para llevar un cierto orden con los miles de aforismos escritos, señaladores con sus frases más preciadas, retratos propios y ejemplares de sus libros para regalar, recortes de diarios y revistas donde se lo menciona –guarda absolutamente todo lo que sale– y, sobre el escritorio, entre los papeles, una plancha de estampillas norteamericanas de 55 centavos de dólar con su cara. Escribano de formación, Narosky no tiene ni idea de cómo llegó a convertirse en estampilla.

Con un perfil de Facebook y una cuenta de Twitter, sus aforismos también llegaron al videojuego Call of duty (anterior a Fortnite), donde en uno de los niveles aparece la frase: “En la guerra no hay soldados sin heridas”. La misma sentencia figura en el célebre cementerio de Arlington, en Washington, donde se entierran a los caídos en guerra. Una vez, lo llamaron de una productora de Hollywood para pedirle permiso para usar este aforismo en una película: “A la guerra, los soldados van cantando, pero vuelven llorando”.

Género que dominaron, entre otros, Heráclito, Esquilo, Voltaire, Balzac y Montaigne, un aforismo es una especie de refrán, explica el autor de frases como “No eres la única mujer, pero eres única” o “El amor es el más hermoso de los milagros”. La explicación sigue: el aforismo tiene dos de los tres elementos del refrán, es corto, tiene una idea o apreciación, pero no es anónimo. ¿Alguien sabe quién es el creador del refrán “Al que madruga Dios lo ayuda”? En cambio, los aforismos tienen autoría. “Hay quien arroja un vidrio en la playa. Pero hay quien se agacha a recogerlo”, recita Narosky su aforismo preferido.

Por consejo de un amigo, hace décadas que siempre lleva en el bolsillo de su pantalón una hoja en blanco y una lapicera. Nunca se sabe cuándo puede acudir a su mente un aforismo y hay que estar siempre listo para escribirlo. Aunque en la actualidad, confiesa, no anda muy inspirado.
Con casi dos millones de libros vendidos, este best seller asegura que no es el mejor aforista del país –en la actualidad, debe haber unos 200, menciona a la pasada–, pero sí es el más conocido y piensa que tuvo una cuota de suerte en esto de hacer aforismos y volverse tan taquillero desde que en 1975 publicó su primer libro, Si todos los hombres…: exitosas participaciones en radio y en televisión, la generosidad de sus colegas, el hecho de que el aforismo no es un género ni muy conocido ni muy difundido en el país, lo impulsaron a ocupar el lugar de “El rey del aforismo”.

No le gusta, sin embargo, que le digan “rey”: “No soy el rey de nada”. Simplemente, señala, tiene una cierta facilidad para escribir, aunque no sabe bien de dónde vienen sus ideas. “¿De dónde viene la sensibilidad? No hay respuesta. Nace con uno”, responde. Su éxito, explica, se debe a que hay mucha gente sensible: “Al que es egoísta y frío, al insensible, mis libros no le interesan. En cambio, a los que tienen una forma de sentir la vida con una sensibilidad a flor de piel y un sentido de la solidaridad, sí les llego. El mejor premio que tuve fue ése: descubrir que hay mucha gente buena”.

Entre sus datos biográficos figura que es uno de los autores más vendidos del país, casi a la par de escritores canónicos, como Jorge Luis Borges. Y que sus libros están agotados: «Ojalá escribiera la mitad de bien que ellos». Tan agotados que sus obras no se consiguen ni siquiera en las librerías de usado de avenida Corrientes. Y si no vende aún más de lo que ya lo hizo es porque no tiene contrato con ninguna editorial.

–¿Por qué no reedita o publica nuevos libros?

–Ya publiqué mucho, cerca de tres mil aforismos, ¿para qué más? Creo que escribir un libro es como sacarse una foto de familia, uno compone el rostro, se arregla, sonríe, pero sale como es.

–Cuando alguien en la calle expresa una frase grandilocuente, le dicen: “¡Pareces Narosky!”, ¿cómo lo toma?

–No me desagrada, lo tomo como un halago. Tengo muchas satisfacciones espirituales. Y eso que no estoy muy conforme como escritor, algunos aforismos me salen bien y otros, no tanto.

Contra el prejuicio que dice que sus frases son de sobrecito de azúcar (y el último gran “exponente” en este rubro fue Joe Fernández, citado al comienzo de esta nota), sus obras fueron elogiadas, entre otros, por Victoria Ocampo, Osvaldo Bayer, Martha Lynch, Ulises Petit de Murat (que le escribió un prólogo) y Bernardo Koremblit, quien calificó a Narosky de “un moralista encantador” y “un ético interesante”. “Sus pensamientos son como un bálsamo. Un solo aforismo me basta para saber quién es usted”, señaló la fundadora de la revista Sur.

Con toda esta carrera, ¿siente, de todas maneras, la falta de reconocimiento de la Academia, del mundo intelectual, de la gente de las Letras? “El número me da la valoración, llego a mucha gente. No precisamente a los académicos. Hace muchos años escuché un reportaje por radio de Antonio Carrizo con Manuel Mujica Láinez en el que Carrizo le preguntaba por el ‘boom José Narosky’”. Dueño de una memoria casi milimétrica, como la de Funes, el personaje memorioso de Borges, así refiere el aforista aquel diálogo:

–Carrizo: ¿Qué opina del boom Narosky?

–Mujica Láinez: No, no me gusta, no tiene profundidad.

–C: ¿Y cómo tiene tanta difusión?

–ML: Bueno, en Argentina se lee a cualquier escritor.

–C: Está insultando a las miles de personas que lo leen y lo compran.

–ML: Pero eso no le da valor.

–C: ¿Y cómo lo leyó?

–ML: No lo leí, no leo esa literatura.

–C: O sea que está juzgando sin leerlo.

–ML: Mis compañeros de la Academia de Letras, que me merecen toda la fe, no están de acuerdo con lo que escribe.

–¿Le molesta, le duele?

–Me dolía y me molestaba, en tiempo pasado. Hace unos días me llegó un artículo que decía que era un escritor pésimo y que mis libros deberían venderse en farmacias como remedio contra el insomnio. En su época no me gustaba, tengo amor propio como cualquiera. Hoy no me significa nada. Si no bailo cuando me elogian, no puedo llorar cuando me critican.

Narosky Básico

Darregueira, 1930. Es escribano por la Universidad Nacional de La Plata. Sus libros sobre aforismos han tenido gran éxito en Argentina y América Latina y fueron traducidos a trece idiomas: lleva vendidos casi dos millones de ejemplares. Recibió la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), el Premio José Hernández y es Personalidad Destacada de la Ciudad. Publicó doce títulos, entre los que figuran, Si todos los hombres… (1975, con 32 ediciones y más de 670 mil ejemplares vendidos), Si todos los tiempos… (1977), Si la mujer…, Si el amor…, Sembremos (2003). Este último, con menos aforismos y más historias breves de personalidades destacadas de la humanidad. Trabajó como periodista para el diario El mundo y participó en los programas de televisión Nuestros valores, Sobremesa con Crespi (con el seudónimo de Hugo Nardi) y Si todos los hombres…. En radio, hizo el programa Pinceladas humanas (Radio Splendid) y el radioteatro La Piel de Buenos Aires (también como Hugo Nardi) junto a Irma Roy.

Veinte aforismos para recordar

“Sembremos, que en algún lugar nos bendecirá la lluvia”.
“No sabré nunca por qué te amé. Pero siempre sabré que te amé”.
“Hombres que volaron alto dejaron huellas muy profundas”.
“¡Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos!”
“Respirar no es vivir”.
“Cuando leo que se asesinan hombres, querría ser analfabeto”.
“Las ideas pueden engendrar fanatismos. Los fanatismos nunca engendran ideas”.
“La riqueza material es la menor de las riquezas”.
“No hay fórmulas para la felicidad. Pero las hay para la infelicidad”.
“Dar felicidad a un niño es ayudarlo a ser bueno”.
“Solo los humanos suelen ser inhumanos”.
“La riqueza espiritual no sufre bancarrotas”.
“La justicia puede doler como la injusticia, pero no desgarra”.
“Hay que vivir mucho para poder decir algo”.
“En las guerras, nunca triunfan ilusiones. Sólo mueren ilusiones…”
“Sólo notamos la incomprensión ajena”.
“La tecnología ayuda a avanzar. Y a retroceder”.
“Vejez significa más años, pero no siempre más vida”.
“Quien grita para reforzar sus argumentos, los debilita”.
“Aprendemos temprano. Pero solemos saber tarde”.​

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