Los beisbolistas la llaman la Jefa: la abuela dominicana que cocina para las grandes ligas

Durante más de 20 años, Altagracia Alvino, la abuela de Vladimir Guerrero Jr., ha vivido y cocinado para su descendencia de beisbolistas, así como para sus compañeros de equipo y contrincantes.

Por James Wagner
The New York Times
25 de agosto de 2019

El azúcar moreno hacía burbujas en la sartén. La carne de chivo marinada chisporroteó cuando la agregaron. Luego le añadieron cucharadas llenas de aceitunas y alcaparras a la mezcla. Poco después, Altagracia Alvino, quien puede hacer este platillo con los ojos cerrados, se paralizó.

“¿Le puse picante a esto?”, se preguntó murmurando.

Alvino, de 66 años, intentó hacer el menor ruido posible porque eran las 7:22 a. m. y su marido y su nieto de 20 años, Vladimir Guerrero Jr., una de las máximas estrellas jóvenes del béisbol, estaban dormidos en el apartamento que la familia tiene en Toronto. No obstante, el aroma a carne cocinada era inevitable.

Alvino, con el pelo plateado recogido en una red, se agachó para inspeccionar la carne, decidió que le faltaba potencia y tomó un paquete de chile molido. Tenía bastante tiempo para perfeccionar el festín con arroz blanco, frijoles guisados y carne de chivo antes de que Guerrero despertara a las 11 de la mañana para dirigirse al Rogers Centre con bolsas de comida para compartir con sus compañeros de equipo de los Azulejos y con sus oponentes.

Alvino tal vez sea la abuela más popular y poderosa del béisbol. Durante unas dos décadas, les ha llenado la panza a cientos de jugadores, la mayoría de los cuales han sido latinoamericanos que viven lejos de sus países. Su comida casera se ha convertido en una tradición que ha adquirido una popularidad especial entre los jugadores del país natal de la familia: la República Dominicana.

Algunos jugadores le dicen “abuela”, aunque la mayoría nunca la ha conocido. Estuvo ahí en cada una de las etapas de la carrera de su hijo Vladimir Guerrero, quien fue consagrado en el Salón de la Fama el año pasado, y ahora monitorea al hijo de Vladimir, su nieto.

“Lo hago por amor”, comentó Alvino hace poco, mientras bebía café en la mesa del comedor y cocinaba.

Alvino aprendió a cocinar en grandes cantidades en el puesto de comida de su madre en Don Gregorio, un pequeño pueblo de la República Dominicana, una nación apasionada por el béisbol. Después de algunos problemas económicos de la familia, Alvino se encargó de las labores de cocina del puesto a los diez años de edad.

Sin contar a Estados Unidos, ningún otro país ha dado más jugadores a las Grandes Ligas que la República Dominicana, y pocas familias han dado más que los Guerrero. Los cuatro hijos de Alvino —Vladimir, Wilton, Eleazar y Julio César— se convirtieron en beisbolistas profesionales, así como varios de los retoños de ellos. Vladimir Jr., un novato, es el único de los nietos que juega actualmente en las Mayores.

Aunque terminó viviendo con Vladimir durante la mayor parte de sus dieciséis años de carrera, Alvino vivió primero con su hijo Wilton, el hermano mayor de Vladimir, quien llegó a las Grandes Ligas para jugar con los Dodgers de Los Ángeles, semanas antes de que Vladimir se uniera a los Expos de Montreal en septiembre de 1996.

Wilton le dijo a su madre que sus compañeros dominicanos y venezolanos añoraban las comidas caseras, así que le cocinó un poco para que llevara al estadio. Se sintió aliviada cuando hicieron el cambio de Wilton a los Expos en 1998, pues eso le permitió cocinar para sus dos hijos. Cuando Wilton se fue de Montreal en 2000, le dijo a su madre que se quedara con Vladimir, quien se estaba convirtiendo en un invitado recurrente del Juego de las Estrellas, pero era menos extrovertido y menos talentoso en la cocina que su hermano.

Alvino se quedó el resto de su carrera con él, incluso cuando lo contrataron en Texas, Baltimore y Anaheim, donde el dueño de los Angelinos, Arte Moreno, también tomó parte en sus festines.

Alvino supuso que sus días como cocinera de peloteros habían terminado en 2011, cuando su hijo Vladimir terminó su carrera en las Grandes Ligas. No obstante, para 2016, Vladimir Jr., a quien ella ayudó a criar, ya estaba jugando como profesional y Alvino retomó su rutina. Vivió con él en todas las etapas de las ligas menores, desde los entrenamientos de primavera en Dunedin, Florida, hasta los Buffalo Bisons de la Triple A. El año pasado, Vladimir Jr. bromeó diciendo que Alvino se iría con él hasta China, si por alguna razón terminaba jugando allá.

“Siempre que tenga fuerza dentro de mí, debo darles esa fuerza a ellos”, mencionó Alvino para referirse a sus nietos. “Así que me he dedicado a esto”.

Hasta la fecha, Alvino rechaza que le paguen por su esfuerzo, incluso para cubrir el costo de los insumos. Vladimir Jr., quien les pidió a sus abuelos que vivieran con él en Toronto, se enorgullece de formar parte de la tradición de compartir la comida.