Leila y Hernán: la pareja que con 50 años de amor protagoniza una publicidad

Cuando Leila y Hernán se conocieron en el pueblo donde todavía viven, cincuenta años después, no había boliches ni bares, mucho menos apps de citas ni previas en las que juntarse con los amigos. En Franck, una comuna de 6.500 habitantes, situada a 35 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, los jóvenes de entonces tenían pocas ocasiones para conquistarse.

Con ansiedad esperaban los famosos bailes del pueblo que ocurrían entre los de Franck y las colonias vecinas, unos seis o siete al año. Entonces se emperifollaban los hombres con sus mejores trajes, las chicas con sus vestidos de seda y puntillas y acudían a la única cita social en que podían bailar y conversar con otros jóvenes, ponerle el ojo a alguna potencial pareja ya pensando en el casamiento – los 18 era la «edad de merecer»- y de confraternizar.

Daniela Chueke Perles
La Nación
22.8.2019

Pero esta historia no se inició en ese ámbito. Seis meses tuvieron que esperar los jóvenes de esta pareja desde ese primer flechazo que ocurrió cuando con sus 14 adolescentes y coquetos años Leila pasó por la esquina de la empresa Milkaut y Hernán, un empleado administrativo de 19 le guiñó un ojo desde el otro lado del vidrio.

Un noviazgo como los de antes

Dos estaciones tuvieron que pasar hasta volver a verse en un baile, porque si bien se aproximaba una fiesta a pocos días de ese encuentro que encendería la chispa, los papás de ella no la dejaron ir: el abuelo había fallecido y toda la familia debía guardar un riguroso luto, sin dejarse ver en citas sociales ni lugares de esparcimiento.

Eso sí, una vez que por fin tuvieron su primera pieza de baile juntos, ya no se separaron más. Se pusieron de novios y aunque no se consideraban tan antiguos como para ir a pedir la mano, se casaron al poco tiempo e iniciaron esta historia de amor. Hasta que un día, esas cosas del destino los llevó a salir en televisión: los eligieron para el casting de la publicidad de una de las mayores fuentes productivas del pueblo, la empresa láctea que surgió hace 70 años de una cooperativa, se transformó en Milkaut y fue comprada por Savencia, un grupo francés que hoy provee los quesos cheddar a MacDonalds, entre otras marcas.

Casi mil personas trabajan en la empresa que junto con otras empresas metalúrgicas afincadas en Franck aseguran el bienestar de uno de los microclimas sociales más seguros del país. Las calles son limpias, como si la impronta de sus primeros fundadores – 105 italianos, 35 suizos y 22 franceses que llegaron en 1872- persistiera, se hubiese fijado a sus baldosas.

Una plaza rodeada por el templo católico, la escuela primaria, la esquina donde quedan las oficinas de la empresa láctea y una serie de casas bajas exhiben esa pulcritud, esa calma de la siesta en un día frío pero soleado y esa noción de que el tiempo pasa a un ritmo orgánico, natural.

Y un día se volvieron modelos

En la publicidad que está actualmente en los canales de televisión abierta se pueden ver a varios habitantes de Franck orgullosos de las tradiciones de su pueblo, que hablan de la primera cremería, la que dio origen a la fama del lugar como cuna de productos lácteos de calidad. Todos cocinan con las leches, quesos y cremas de la firma que mantiene sus productos libres de aditivos, con las fórmulas originales de hace setenta años. Aunque Leila es una experta cocinera para toda la familia, sus tres hijos, seis nietos y un bisnieto, tiene que admitir que no le agarró la mano al postre más famoso del lugar: la torta alemana, una mezcla de harina con huevo y levadura, que lleva grandes cantidades de crema de leche y resulta en una masa suave, dulce que se deshace en la boca, como un brioche bien aireado. A los franckinos les gusta comerla a la noche, después de la cena, mientras miran la tele, un partido de fútbol o se juntan en algún bar con amigos, acompañada de ¿té?, ¿café?… No, ¡de cerveza! Cada lugar con sus costumbres.

Lo que sí le sale muy bien son la cazuelas, la feijoada que aprendió en uno de los muchos viajes que suele hacer con Hernán y la bagna cauda, un plato que por supuesto elabora con la crema vernácula, y que es uno de los preferidos de la familia.

El secreto del amor

Franckinos orgullosos, los Chiavon, ella descendiente de inmigrantes suizos, su abuelo fue socio fundador de la primera cooperativa de tamberos, él de italianos que escaparon de la segunda guerra, prefieren hablar del pueblo, de la cremería antes que de ellos. Pero una serie de llamados, conversaciones por whatsapp, intercambio de fotos y anécdotas compartidas – Hernán es un gran conversador y no se pierde oportunidad para preguntar sobre una, desde qué libro te gusta a si conocés Chile y si probaste los productos lácteos de la región,- finalmente tanta charla los llevó a revelar su secreto más guardado. El que muchos que los ven juntos siempre con una sonrisa en sus rostros no se atreven a preguntar. ¿Cómo llegaron hasta acá? ¿Existe la felicidad después de 50 años de vivir con la misma persona?

Es evidente que sí y suena bien cuando se oye una respuesta sincera: «Nunca nos arrepentimos de habernos casado, llevamos una muy buena vida, una vida feliz», resume Leila. «A pesar de haber pasado problemas de salud en la familia y esas cosas que le pasan a todos, de una manera u otra, nosotros tenemos una convivencia muy linda. Hernán es una persona muy alegre y así como en algún momento te da una respuesta medio rústica al segundo se disculpa y te hace reír.Nos hemos divertido y nos seguimos divirtiendo mucho juntos y reímos mucho, y eso, el humor en una pareja es espectacular, disfrutamos de la compañía del otro, si no estamos un rato juntos ya nos extrañamos. Cuanto más grandes nos hacemos, más queremos estar juntos». Por supuesto, en Franck.

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