Sexo a diario. Cuando la edad sí importa

Meses atrás alguien echó a rodar un chisme sobre la supuesta relación que habría unido a un difunto comediante argentino (entonces casado) y a una joven mediática, también casada, hija de otra celebridad vernácula. De ser cierta, la noticia del adulterio a nadie le sorprendió tanto como la diferencia etaria de los amantes pues, haciendo cálculos, él debe haberla doblado en edad.

La Nación
31/7/2019

Antiguamente esas asimetrías cronológicas eran consideradas como algo lógico y natural en ciertas comunidades y círculos sociales, en los que la mujer pasaba sin escalas de la protección económica del padre, a la del marido; hoy basta observar la calle o leer las revistas del corazón para comprobar que al menos tres de cada diez parejas (heterosexuales, y en las homosexuales también ocurre) suelen estar formadas por una joven y un señor. Siempre que sean relaciones consentidas y entre adultos emancipados, a quién le importa: la tasa de deseabilidad humana se rige por variables muy personales, qué duda cabe. Sin embargo, cuando la cosa se da al revés (ya sea por elegir un hombre mayor o uno muy chico) para las mujeres sigue siendo un reto mostrarse en público con su boyfriend: casi siempre debemos cargar con la mirada reprobatoria de nuestras congéneres, y con ciertos rótulos no menos crueles.

Pero es otro el punto de esta reflexión. Mirando el Instagram de una conocida periodista norteamericana especializada en datos, muy prestigiosa, volvemos a comprobar que el mercado sentimental sigue achicándose dramáticamente para quienes aspiran a tener un romance con alguien par, es decir, un individuo nacido en la misma década que uno. La realidad indica que en las aplicaciones de citas los hombres maduros configuran sus búsquedas entre veinteañeras, según surge de los datos analizados por el fundador del sitio de citas OkCupid, Christian Rudder, entre decenas de millones de preferencias de los usuarios del portal. Mona Chabali toma esa información para presentarla en una visualización contundente, y lamentable. Revisando esos números, la lectura sugiere que pasados los 45 a una mujer no le queda otra que aspirar a los perfiles de septuagenarios, o bien a los de treinta, y tampoco. Al menos, eso sucede en el mundo virtual.

En una encuesta r ealizada en 2014 entre unos 3000 norteamericanos, los investigadores Andrew Francis y Hugo Mialon, de la Universidad Emory, Atlanta, encontraron que a medida que aumenta la brecha generacional entre los enamorados, más chances tienen de fracasar. Si se llevan un año, por ejemplo, hay apenas un 3% de posibilidades de acabar en divorcio, en comparación con otras parejas de la misma edad. Quienes se llevan cinco tienen un 18% de posibilidades de romper; pasando la década aumenta a 39%, y aquellos cuyas distancias superan los 20 y 30 años corren con un 98% de perspectivas negativas. Es que aunque el amor no tiene edad, tarde o temprano el reloj biológico sí lo hará notar. Y eso no lo resuelve la pastilla azul. En una charla reciente organizada por The New York Times, Chalabi volvía sobre las cinco razones por las que una mujer no debería salir con alguien que podría ser su padre :

«primero, Hollywood te ha hecho creer que eso es normal, pero has sido engañada;
segundo, el esperma envejece;
tercero, estarías contribuyendo al círculo vicioso de los hombres inmaduros;
cuarto, es probable que te conviertas en enfermera y eso le quitará a tus hijos el 50% de tu atención;
por último, vas a morir sola»….
Por cierto, en éste mundo todo es relativo. Existen famosas parejas desparejas, como Catherine Zeta Jones y Michael Douglas; Sophia Loren y Carlo Ponti, o Amal y George Clooney, entre otras tantas, para quienes la edad parece ser un detalle menor. Aunque vaya a saber en su caso, y en los anónimos, qué tipo de contrato sostiene el vínculo hoy…

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