Se conocen desde sexto grado y a los 74 se siguen juntando una vez por mes

En 1957, Lidia Moretta (75) llegaba desde Italia al puerto de Buenos Aires en busca de nuevos sueños y un futuro mejor para ella, sus hermanas y sus padres. Lo que no sabía es que se cruzaría en el camino con cuatro nenas que, con el correr de los años, se transformarían en sus almas gemelas, sus mejores amigas.

Constanza Oronel
Clarin
18.7.2019

En la Escuela Primaria N° 8 de Martínez, los recreos se pasaban jugando a la pelota al cesto, aunque las chicas debían cuidarse de no arrugar el guardapolvo almidonado que tenía que durar intacto toda la semana.

María Magdalena “Chiche” Rossi (73), Amalia Romero (74), Beatriz Pogliani (73) y Ana María D’Alessandro (74) eran compañeras de curso y no dudaron en incluir en su grupo de amigas a la pequeña italianita recién llegada, a pesar de su dificultad con el idioma y su timidez.

El cuaderno de Chiche era la “envidia” de todas. Aunque, admiten, jamás hubo recelo entre ellas, y la amistad prosperó en el tiempo porque siempre se manejaron con la verdad. “Quería ser prolija como ella, pero no me salía -dice entre risas Lidia-. Ella y Amalia siempre sacaban diez, para mí era inalcanzable”.

Las vecinas de Martínez cuentan que, a la salida del colegio, algunas regresaban caminando hasta sus casas y otras compartían el viaje en colectivo. Como vivían a nueve cuadras de diferencia, durante la tarde se juntaban a jugar en el barrio con sus hermanos y primos.

A pesar de su intensa amistad, cuando sus destinos se bifurcaron en la secundaria, algunas perdieron el contacto. Lidia continuó su relación con Amalia porque vivían a pocas cuadras y con Ana María, a quien ayudaba en la florería de sus padres cuando se acercaba la primavera. Por su parte, Chiche y Betty mantuvieron el diálogo cuando se cruzaban por Martínez.

El 5 de junio de 1999, 42 años después de haber terminado la primaria y tras remover los sentimientos de la infancia en un viaje a Italia, a Lidia se le ocurrió reunir a sus compañeritas de sexto grado. Así fue como se puso en marcha para conseguir los teléfonos de todas e invitarlas a una merienda en su casa.

“Volver a reencontrarme con esas amigas chiquitas y, a la vez, conocer a mujeres maduras con una historia, familia e hijos fue uno de los regalos más lindos que me dio la vida”, comenta emocionada Amalia. “Fue como si el tiempo no hubiera pasado. Cada cual con una personalidad diferente, pero parecidas y respetuosas la una con la otra -añade Betty-. Somos buenas amigas”.

Luego de esa reunión, nunca más se pudieron separar. Fueron aprendiendo lo mejor de cada una y estuvieron en los momentos más difíciles para sostenerse y ayudarse entre sí.

Hoy, ya con hijos, nietos y bisnietos, “las chicas de sexto” -como se hacen llamar- comparten almuerzos una vez por mes y festejan cumpleaños, navidades, Pascuas y Año Nuevo. También, claro, el Día del Amigo, que es este sábado 20. “Nos gusta ir a tomar un cafecito a algún lugar lindo y charlar de pavadas”, agrega riendo Chiche.

A la noche, el grupo de WhatsApp no para de sonar. Es el momento del día que eligen para que Lidia pase recetas de comida italiana -el tiramisú es el favorito, pero a ninguna le sale como a ella-, Chiche y Amalia compartan algunas de sus poesías, Betty las invite a algún evento lírico en el que cante, y Ana les comparta tips para cuidar sus plantas.

“El reencuentro ha sido algo muy maravilloso”, señala Amalia. Y todas la interrumpen conmovidas: “Te re queremos, compañerita. Siempre nos haces llorar”.

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