Julio Le Parc, homenajeado a los 90: “Uno es de donde viene, y yo soy más de acá que de cualquier parte”

Consagrado en el mundo, el artista arranca en el CCK una serie de muestras en Buenos Aires. Hizo arte con luz, movimiento e ideas claras. Expondrá también en Bellas Artes y en el Colón y conversará con Barenboim

Mercedes Pérez Bergliaffa
Clarín
13.7.2019

Julio Le Parc, quizás el artista argentino vivo más importante, gran maestro radicado hace más de 40 años en París, segundo hijo de un padre obrero ferroviario de Mendoza -y él mismo obrero de joven en una marroquinería porteña y varios lugares más- inaugura el sábado 20 la exposición más grande jamás realizada con su obra: será la retrospectiva Julio Le Parc. Un visionario, con la que festeja sus 90 años y que se hará en el CCK, cuya entrada ya está marcada por una obra suya, la Esfera Azul.

Esta exposición será mayor que la realizada en el Pérez Art Museum de Miami en 2016; mucho más extensa que la muestra de Le Parc de Casa Daros en 2007 (aquella fundación suiza que existió durante tres años en Río de Janeiro); más significativa que la exposición que el artista llevó a cabo en 2013 en el Palais de Tokyo, de París.

En cambio, esta gigantesca exhibición -“sí, es parte de mi festejo de cumpleaños 90, aunque los cumplí el año pasado no importa, es esto, es ahora”, dice con énfasis- se extenderá por varios pisos del Centro Cultural Kirchner (CCK), a lo largo de unos tres mil metros cuadrados. En ellos podrán verse áreas dedicadas a sus trabajos de Modulaciones: pinturas realizadas con aerógrafo en los años 70, con un mismo motivo que va moviéndose, deslizándose, descentrándose.

En otras salas podrán verse sus Contorsiones, obras maquínico-cinéticas, trabajos tridimensionales, como sus famosas cintas de metal espejadas moviéndose con motor, desplazándose y proyectando luces, personas y sombras: sorprendiendo al espectador debido al cambio constante, al dinamismo, al movimiento, al ruido generado por el choque de materiales; a la electricidad. “Es que mi padre es casi un artesano, trabaja prácticamente con bricollage”, comentará (un poco en broma, un poco en serio) el hijo más joven del artista, Yamil Le Parc, curador junto a Gabriela Urtiaga de la exposición en el CCK y director artístico del homenaje que se realizará pronto en toda Buenos Aires a su padre: después de esta muestra siguen otras en el Museo de Bellas Artes, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón y hasta en el Obelisco. “Mi padre fue un adelantado: con objetos simples, con bombitas de luz y motores, sistemas sencillos, creó ya en los años 60 verdaderas instalaciones inmersivas”.

Le Parc también presentará en la exposición del CCK la serie de las Alquimias, trabajos surgidos fortuitamente de monotipos -impresiones únicas- realizados cuando el artista era un muy joven estudiante de arte en la Argentina. En ellas juega con el color y las formas, allí cuando las figuras planas (ideas vagas, experimentales: permisos de libertad) se llenan o vacían de texturas o puntitos, convirtiéndose en otra cosa, creando otra atmósfera: produciendo magia. “Como si una máquina mental convirtiera las formas en otra cosa, como si las hiciera explotar”, reflexiona Le Parc, mientras observa -en medio del montaje del CCK- detenidamente una de estas pinturas. El artista dice que, a esta altura de su vida, retoma ideas anteriores y las reinventa, las reimagina. Devienen una obra nueva. Porque le quedaron muchas cosas en el tintero: cada proyecto anterior tiene muchas posibilidades. Le Parc entonces sigue creando alrededor de ellos, dice. Pero aquí todo tiene dejos de juego, su obra, su producción. Y muchísima seriedad, rigurosidad, profesionalismo; hasta en los detalles más mínimos.

En la exposición también se mostrará la Sala de juego, un espacio lúdico con trabajos interactivos que el público podrá tocar, como el bosque de punching-balls, cada uno dedicado a una figura: el juez, el cura, el policía, el artista, el periodista… Vaya y péguele a quien quiera, propone Le Parc.

Hay otras sorpresas mayores, que iremos desentrañando junto al gran artista, como bellos conjuntos de trabajos inéditos, jamás expuestos en la Argentina. Y proyectos nuevos, como el que realizó junto a su hijo Juan Le Parc: una impactante obra de realidad virtual en la que, con un casco, uno puede “meterse dentro” de una pintura suya y a través de lo que ve sentir que “sube” dentro de la pintura, baja, va hacia la derecha, hacia la izquierda, cae, rueda por el color, por las formas… Un Le Parc que toma la mente, el pensamiento. Total y virtualmente inmersivo. Muy novedoso.

-Pero, Julio, ¡vino toda su familia a esta inauguración…! Están Yamil, Juan, Gabriel (sus tres hijos). ¡Lo acompañan todos!

-Es que todos tienen alguna función aquí. Todos hacen algo para la exposición: la curaduría, la organización (Yamil); un documental sobre todo el proceso de producción de la muestra (Gabriel); la creación de una obra en realidad virtual (Juancito, como lo llama el padre…).

Le Parc dice esto y sonríe. Atento, observa cada detalle, cada pequeño movimiento que el enorme ejército de montajistas y asistentes lleva a cabo para colgar y montar sus obras, algunas muy complejas, otras antiguas, delicadas. Pero al artista no se le escapa nada: a los 90 años, es un fierro. Una fiera con vista de águila y una energía mental y vital poderosas, inmensas.

“Esta es, sin dudas, mi mayor exposición a nivel mundial”, comenta el artista a Clarín, mientras recorre las salas. Deteniéndose a enderezar la dirección de uno de los “hilos” de metal de una escultura; parándose en cada trabajo a chequear si los marcos están perfectos, si son todos iguales (“Y no, ¡éste es blanco! ¿Pero por qué..? Hay que cambiarlo). Observando fijamente si habían llegado todos los trabajos a destino (vienen desde París). Preguntando dónde están Juan, dónde Yamil, y saludando a cada uno de los montajistas, a quienes trata con una enorme empatía y respeto, Le Parc trabaja de forma horizontal: no se la cree.

Las sorpresas: primero, ante todo, la gran sala de dibujos nunca vistos aquí en la Argentina.

-Los trabajos son muchísimos y muy variados. ¿De cuándo son, cómo los hizo? ¿Qué representan?

-Algunos son dibujos que iba haciendo mientras hablaba por teléfono en sobre, en papelitos. Fue durante mis primeros años en París, son de los 60, de los 70, 80… Pero después pensé en aprovechar mejor el tiempo y fui seleccionado y agrandando el papel, otorgándoles mayor espacio a estos dibujos. Porque me di cuenta a lo largo de los años de que mientras hablaba podía ir haciendo no sólo dibujos al azar sino también bocetos de futuras obras.

Acá está el germen de algunas de las Alquimias, de algunos de los Desplazamientos. De sus primeras esculturas en metal. Y bocetos, esquemas de las obras sobre la tortura, relacionados también con ese trabajo colectivo (una serie de pinturas) realizado en 1972 junto al argentino Alejandro Marcos, el uruguayo José Gamarra y el brasileño Gontran Guanaes Netto, denunciando a los gobiernos militares de América latina. La obra copa toda una sala del CCK.

-En esta sala de dibujos tan especial también hay obras figurativas, algo raro de ver en sus exposiciones. Y muchos retratos: ¿quiénes son?

-El conjunto de obras los seleccionó el director de la galería Serpentine de Londres, se mostraron allá. Y los compañeros son amigos de asambleas, de reuniones. Siempre nos juntábamos a discutir, hablar, organizar protestas, jornadas, acciones… Sobre todo con amigos chilenos, en la época de la entonces recién instaurada dictadura de Pinochet. Por ejemplo, este es Alejo Carpentier (señala a uno de los hombrecitos). Y los demás son amigos con quienes nos reuníamos a charlar sobre lo que estaba pasando en América latina: queríamos que se conociera.

-Usted participó en los 70 y 80 de la Brigada de Pintores Antifascistas, además de haber sido parte, desde los 60 y hasta comienzos de los 70, del GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel, Grupo de Arte de Investigaciones Visuales). ¿Qué era esa Brigada, qué recuerda de esto?

-Eramos un grupo de artistas latinoamericanos que nos organizamos después del golpe de Estado de Pinochet, interesados en la realidad que se vivía en nuestros países y en poder comunicarla. Por eso hacíamos trabajos colectivos, murales, en México, en París, en Venecia, Atenas… Defendíamos la situación de los pueblos de El Salvador, Chile, Ecuador, Argentina, Brasil… Duró poco, pero lo suficiente como para molestar.

-Julio, esta es la exposición más grande e importante que realizó nunca. Con ella festeja sus 90 años. ¿Por qué hacerla en la Argentina, si desde los 60 vive en París?

-No te olvides que uno es de donde viene. Y yo vengo de Mendoza, del pueblo de Palmira, de Buenos Aires, de Argentina. Es lógico: viví acá hasta los 30 años. Yo soy más de acá que de cualquier otra parte.

Por toda la ciudad
Este es el año consagratorio -como si todavía necesitara consagración-, para Julio Le Parc. Aunque en realidad es el año de su gran, gran homenaje. Toda la ciudad de Buenos Aires estará tomada por sus obras desde la semana próxima y hasta fin de año: en el Centro Cultural Kirchner (CCK) podrá verse una gran retrospectiva suya, con 160 trabajos, muchos de ellos inéditos en nuestro país, muchos de gran escala y complejidad de montaje, con vistas exquisitas en ese espacio.

Desde el 13 de agosto, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), podrán contemplarse 100 obras más suyas, también muchas inéditas, jamás antes mostradas a nivel internacional, como los primeros dibujos de Le Parc cuando aún era estudiante, realizados alrededor de 1954, por ejemplo; sus dibujos hechos cuando vivía junto a su familia en una habitación en París, entre 1958 y 1959 (alucinantes, una serie de ellos los adquirió el museo MET de Nueva York), y sus primeras cajas lumínicas.

A las dos exposiciones podrá acceder el público con la misma entrada (costará 100 pesos).

Desde el 20 de agosto, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), podrá verse una gran instalación con uno de los famosos “móviles” de Le Parc: pero esta vez será flourescente. Entrada gratuita.

En agosto el Obelisco porteño será intervenido con proyecciones de trabajos de Le Parc que lo van “escalando”, “ascendiendo”, modificando: obras cinéticas, ópticas, convulsionando el corazón mismo del país, imágenes digitalmente sincronizadas con música de Piazzolla (que tanto le gusta al artista).

Y por último, se planea una conversación entre Daniel Barenboim (estará en nuestro país debido al festival Barenboim del CCK) y Julio Le Parc. Todo bajo la dirección general artística de Yamil Le Parc. ¿El tema de la charla Barenboim-Le Parc? Cuál otro: la creación artística. El arte. Una agenda completa y única. Irrepetible.

Cómo, dónde, cuánto
Julio Le Parc. Un visionario
Del 20 de julio al 10 de noviembre de 2019
Miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20
Entrada general: $100, incluye el ingreso a las exhibiciones de Julio Le Parc en el CCK y a la muestra Julio Le Parc. Transición Buenos Aires – París 1955/1960 en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Menores de 12 años, estudiantes, docentes, jubilados y personas con discapacidad, presentando acreditación: sin cargo.
Miércoles, entrada general sin cargo.

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