Impecable a los 100: vive sola, no usa anteojos, se maquilla y está en Facebook

Ofelia Crespo es de Castelar y lleva de maravillas su edad. Se levanta a las 8, cocina y comenta en las redes sociales.

FEDERICA FONTANA
27/07/2019
Clarín.com

“Ella es amor”, dicen los que la conocen. Y sin dudas, eso se percibe en los primeros minutos que uno comparte con Ofelia, la vecina de Castelar que cumplió 100 años. Uno creería que llegar a esa edad es algo costoso, pero ella demuestra que es una mera cuestión de actitud y que sus años no le pesan. Al contrario, los vive muy feliz.

Tiene su casa confortable y pintoresca -decorada con flores, fotos, y velas muy coloridas- justo atrás del consultorio de su hija Lilian, que es psicóloga. Allí vive y se las arregla sola, aunque la visitan sus nietos, Laura y Germán, a quienes adora con el alma; y sus familiares.

Ofelia se levanta todos los días a la ocho. Acto seguido, peina su pelo castaño y se maquilla. «A mí me gusta estar arreglada», señala coqueta. Después, prepara unos mates y se sienta a mirar el noticiero mientras desayuna. También cocina y revisa su cuenta de Facebook. «Me entero de todo y comento», cuenta la abuela de la red social. Afortunadamente, goza de un perfecto estado de salud general: toma una sola pastilla por día, no usa anteojos, escucha perfectamente, no tiene colesterol. Nada que pudiera preocuparla.

Es realmente memoriosa. Recuerda fechas puntuales y mil anécdotas de su infancia, que han dejado como herencia muchos dichos familiares, tales como: «Papá, Ofelia me tiró al tanque», porque su hermano cayó adentro de un tanque australiano y la acusó de haberlo empujado; «Jaime, yo no fui», por un vecino de la infancia que pillaron tomando duraznos de la quinta de Jaime, su papá.

En la memoria de elefante, también guarda historias de sus paseos por el barrio de Castelar, lugar que adora. «De chiquita iba caminando todos los días a la escuela, que eran casi 20 cuadras, y el tapado de piel que me ponía mamá se teñía por la helada», recuerda. También cuenta que hacía todos los mandados «con $1 marroncito». Y una que sin dudas es imperdible: caminó al lado del ex presidente Alvear.

«Nosotros vivíamos en una quinta y atrás teníamos la Base Aérea. Un día, estábamos caminando y mirando los aviones que venían y en ese momento, bajó un señor de un coche lindo con galera y bastón. No sabíamos quién era el que iba a nuestro lado, hasta que un señor nos dijo ‘Es el presidente Marcelo T. de Alvear'», cuenta Ofelia entre risas. «Con mis seis hermanos nunca nos aburríamos», agrega.

Para festejar su cumpleaños número 100 organizaron una fiesta al mediodía. De tantos regalos que recibió, ya es coleccionista de chalinas, perfumes y pantuflas. «Para los 101 vamos a pedir que no regalen nada», apunta Lilian. Para el festejo, su nieto creó una invitación con la frase inicial: «Cien años de amor». Es algo que todos valoran, por lo que dejaron sus dedicatorias en un cuaderno con fotos de Ofelia. Todos coinciden en lo mismo: el cariño que brinda. «Antes que otra cosa es amorosa», concluye su hija muy orgullosa. Y pareciera que es ese el factor que mantiene a «Lela» intacta y muy feliz.
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