Pacho O’Donnell: ícono del testofit y la nueva vejez

El historiador se rebeló a la vejez y empezó un entrenamiento con fierros que le cambió la vida. Reinventar la sexualidad y la autoestima.

Por Delfina Tremouilleres | Giselle Leclercq
Perfil
11.3.2019

En 2004, Pacho O’Donnell tenía 62 años y pensó que se moría. Por un control médico se enteró que tenía una insuficiencia cardíaca severa. Su cuerpo, castigado por años de sedentarismo y obesidad, parecía no aguantar mucho más. Su médico fue claro: si el cuadro se agravaba, la única esperanza era un trasplante de corazón. Mientras asimilaba la noticia, con la ayuda de sus hermanos, comenzó a evaluar cómo seguir. Decidió que lo mejor era acondicionar una nueva casa en la cual instalar una especie de ascensor que le permitiera subir al dormitorio. No podía hacer esfuerzos y una escalera se podía convertir en un obstáculo de riesgo.

Sin embargo, de un momento para el otro, O’Donnell, que se define a sí mismo como un “indignado de la muerte”, decidió hacer todo lo que estuviera a su alcance para torcer la fatalidad: “A la muerte le digo que se vaya a la puta que la parió. Vení, acá te espero, pero lo voy a hacer de la mejor manera posible”. Quince años después, con 77, el historiador no sólo sigue vivo sino que se convirtió en el ícono del testofit. Músculos, Instagram y sexualidad en la tercera edad.

La transformación de O’Donnell no fue milagrosa sino que es el resultado de la combinación de diversos factores, que incluyen una dieta saludable y un entrenamiento físico constante y progresivo. La convicción de que la vejez no debe ser sinónimo de deterioro es, quizás, el pensamiento de fondo que lo llevó a cambiar de forma drástica sus hábitos. “Para mí, hoy los fierros no son una obligación. Son un placer”, cuenta orgulloso.

O’Donnell desarrolló masa muscular y hasta dejó de usar bastón. Se siente más vital que antes y disfruta exhibiéndose. Desde que publicó la primera foto con el torso desnudo en Instagram, no paró de recibir mensajes. La prensa quiere entrevistarlo y sus seguidores, que en apenas unos días ascendieron de 300 a 18.000, lo alientan y le piden consejos. Él dice que no quiere ser un “gurú” pero sí sabe que su cambio puede alentar a otros: “En una sociedad de consumo, como la nuestra, los viejos son malos porque no tienen capacidad de consumo, de compra. Entonces, siempre son material de descarte. Primero me sorprendió la repercusión. Había subido la imagen con cierta ingenuidad. Pero después entendí por qué es extraño e interesante ver a alguien de casi 80 en buen estado. No sucede seguido”, cuenta.

Historiador revisionista, psicoanalista, político, amante del teatro y con una inclinación hacia lo actoral, divulgador con capacidad de adaptarse al formato documental, a la televisión o a la radio y hasta pintor amateur, Pacho O’Donnell demuestra una vez más, ahora con músculos y redes sociales, su capacidad de reinventarse a sí mismo. Y los especialistas que trabajan con adultos mayores, desde deportólogos hasta nutricionistas o psicólogos, ven con buenos ojos que él quiera mostrarse y demostrar que mejorar la calidad de vida es una posibilidad real en cualquier etapa.

Método Pacho. Cuando O’Donnell fue diagnosticado en el 2004 comenzó a ejercitarse y a cambiar los hábitos. De a poco fue ganando calidad de vida y hace alrededor de cinco años se volcó de lleno a los fierros, toda una novedad para alguien de su edad y que nunca se había destacado en los deportes.

Su fórmula es simple y efectiva: entrenar todos los días en casa. En su habitación, al lado de su cama y junto a un ventanal que da a Avenida Libertador, tiene un “multigym”, uno de esos aparatos que sirve para trabajar diferentes partes del cuerpo. Su equipo se completa con una cinta de caminar y mancuernas. Nada sofisticado pero, a la vez, completo. “Soy partidario del trabajo con fierros. Además, es el deporte más barato porque el equipo se puede comprar en cuotas o usado. Las mancuernas hasta las podés hacer por tu cuenta”, describe O’Donnell. Hacer la rutina en su hogar le impide poner excusas: “Ir a un gimnasio puede ser complicado si llueve o si no tenés movilidad, por ejemplo”, insiste.

O’Donnell ya se convirtió en un experto fit pero, al principio, fue clave la ayuda: “Ahora no tengo entrenador, pero en todo este proceso tuve el estímulo de un gran amigo, Ramiro Martínez. Es un actor y un gran atleta que, en su momento, fue mi secretario y me llegué a entrenar con él. Sobre todo, me ayudó a hacer ciertos ejercicios para no hacer malos movimientos y correr el riesgo de lesionarme”, agrega.

En diálogo con NOTICIAS, el cardiólogo y deportólogo Norberto Debbag insistió en que lo de O’Donnell es un ejemplo, siempre y cuando se tenga muy presente que su transformación es gradual: “Una persona a cierta edad no puede empezar a ejercitarse sin los controles previos adecuados. No alcanza sólo con un electrocardiograma, hacen falta pruebas de esfuerzos. En los adultos mayores, por más que no tengan síntomas, las arterias coronarias pueden tener daño por los años y eso se debe evaluar”, explicó. O’Donnell tuvo la misma recomendación por parte de su médico cuando sufrió un infarto asintomático. “Me dijo que empezara a hacer ejercicios para consolidar las partes del corazón que habían sobrevivido. A partir de ahí fui corriendo el límite. Empecé con pesitas de 2 kilos y en la actualidad llego a levantar 30”. Además, Debbag insistió con la necesidad de que la persona cuente con la guía de una persona idónea en entrenamiento y educación física: “Siempre tiene que ser progresivo. Cuando alguien empieza, debe iniciar la actividad con una intensidad moderada o baja según su situación”.

Sobre los beneficios de la actividad con aparatos, en particular, Ezequiel Santa Coloma, traumatólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Traumatología del Deporte, aseguró: “Estando apto para realizar actividades de fuerza máxima, se ha demostrado que este tipo de ejercicios en pacientes mayores es altamente beneficioso. En primer lugar porque se combaten dos problemas fundamentales que aparecen después de los 40 como es la pérdida de masa muscular (sarcopenia) y la consiguiente disminución de la fuerza y resistencia muscular. Esto mejora la estabilidad, disminuye la posibilidad de caídas, combate la osteoporosis, mejora la movilidad articular, se observa menos cansancio a la hora de realizar actividades de la vida diaria y se ayuda a controlar los factores de riesgo cardiovasculares”. El entrenamiento de O’Donnell está acompañado, además, de una buena dieta. En su caso, cuenta que consume “muchas proteínas, sobre todo pescado. Suplemento con el polvo de suero de leche, Whay, y tortas de clara de huevo. Frutas, en especial manzana, y verduras, sobre todo tomates y espinacas”.

El doctor especialista en nutrición, Alberto Cormillot, insiste en que “la mayoría de los estudios indican que, sin una adecuada cantidad de proteínas, es muy difícil formar músculo después de los 60 años. Hay que consumirla en forma de carne, leche, huevos o, incluso, algún batido o polvo que tenga caseína”. La dieta de Pacho, sin dudas, da resultado. Para prueba, solo basta mirar sus fotos.

Desde la enfermedad. Uno de los mayores logros de O’Donnell es haber conseguido trocar su propio destino sin tener un historial saludable. “Tuve muchos problemas de salud. Tuve la enfermedad de Albach, que es una necrosis en la cabeza del fémur y llegué a estar en silla de ruedas. Tuve una rotura del tendón de Aquiles, culebrilla y una rotura de tendón en el brazo izquierdo. Estar físicamente bien impone una mejor capacidad de lucha a las adversidades”, cuenta el historiador.

Esta mejor “capacidad de lucha” se manifiesta no sólo a nivel fisiológico. Todos los especialistas coinciden en que la actividad física en la tercera edad mejora notablemente la autoestima y el humor, claves para enfrentar cualquier adversidad. Según Jorge Dugo, psicólogo deportivo y miembro de la Asociación de Psicología del Deporte, “está comprobado que los ancianos activos, incluso simplemente los que caminan a diario, se encuentran más satisfechos y adaptados que las personas que no hacen nada. El sedentarismo trae un adormecimiento general físico y psicológico porque cognitivamente también es importante el movimiento, para la memoria, el pensamiento o la concentración. Esto, de alguna manera, da un sentido a su vida y un disfrute. Las personas empiezan a sentir, a tener una sensación de autocontrol sobre sus vidas”.
O’Donnnell sintió este cambio y aconseja que todos se deberían animar porque, insiste, “es pura ganancia”: “Le digo a la gente que va a notar los resultados de forma inmediata. Y, además de la salud, te vas a hacer más amigo del espejo, vas a caminar derecho y hasta vas a mejorar tu sexualidad”.

El historiador insiste en que todavía hoy existe prejuicio a la hora de hablar de vejez y sexo: “Uno abandona la sexualidad pero, si te sentís bien, de pronto ves que está ahí. Es una sexualidad de casi 80, pero está. Todos asocian la vejez al deterioro pero uno tiene que reaccionar a eso y sentir que uno tiene energía, vida y sexo”.

La vejez es uno de los estados de la vida en el que la discriminación todavía no es censurada. Ser viejo hoy es ser descartable. Y nadie reacciona a eso. Otros grupos sociales, como las mujeres o los gays, lograron un lugar en el discurso políticamente correcto. Pero las personas mayores de edad siguen olvidadas. Pacho quiso rebelarse a este orden establecido.

Old influencer. La cuenta de Instagram de O’Donnell explotó cuando publicó sus músculos. Sin embargo, buena parte de sus posteos anteriores dedicados a la historia o a reflexiones fueron filmados en su “multigym”, lugar que se convirtió en una especie de refugio hogareño: “La paso bien cuando entreno y también es un momento para pensar. Como son mecanismos repetitivos, se convierte en un tiempo muy introspectivo para conectarte con vos mismo”, cuenta el historiador.

Es consciente de que, en su universo, puede llegar a recibir críticas por la exposición: “El de los intelectuales o pensadores parecería que es un mundo sin cuerpos”, dice y agrega que, a pesar de correr el riesgo de que su entrenamiento sea interpretado como una cosa frívola, se siente feliz por los mensajes positivos que recibe en sus redes: “Me mandan fueguitos, me alientan, me felicitan”.

O’Donnell se saca la remera con orgullo y muestra la espalda, los brazos. “Muchas veces hay prejuicio y se piensa que el ejercicio físico es antagónico a la vida intelectual. No es así: está comprobado que el entrenamiento te mejora la capacidad intelectual”, refuerza con orgullo. Él, un indignado de la muerte que se rebela contra el descarte social de la vejez, se reinventó una vez más.

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