Julio Le Parc: un genio del arte, activo a los 90

Referente del arte óptico y cinético, inspiró a Paco Rabanne y fue uno de los protagonistas del Mayo Francés. Ahora expone en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York.

SISSI CIOSESCU
Clarín
23.12.2018

Alto y en eje, con un humor refinado y sagaz, el mendocino Julio Le Parc lleva sus 90 años con absoluta hidalguía y una admirable lucidez. Estamos frente a un hombre que hizo de París su lugar en el mundo, donde creció como artista, armó su familia y creó miles de obras que están siendo clasificadas bajo su analítica mirada. Estamos con un referente del arte óptico y cinético, aunque él prefiere decirle arte experimental: “Parto, ante todo, de una actitud de experimentación, de búsqueda, de una sucesión de situaciones, como un tema que se prolonga y que asume en cada etapa una forma diferente. El nombre de la obra o las interpretaciones vienen después. Todas las experiencias que he hecho (jamás las llamo obras de arte) tienen para mí una vigencia, una permanencia”.

Estamos con él, en Buenos Aires, bajo la enorme Esfera de Acero Espejada, compuesta por 2.692 piezas de metal, distribuidas en 4,5 metros de diámetro y que representa el continuo movimiento, el dinamismo y la creatividad. Suspendida del techo del hall de la torre corporativa del Banco Galicia, un espacio privado aunque abierto al público, ese móvil escultórico impacta al espectador que se transforma en actor y forma parte del juego que dispara la imaginación.

Algo parecido ocurrió en 2015 en el CCK, en el edificio porteño del viejo Correo Central, cuando se colgó la gran Esfera Móvil Azul -otra pieza impactante de Le Parc- que fue donada después de una encuesta pública. El visitante quedaba shockeado algunos segundos al advertir el contraste entre ese “artefacto” vanguardista que rompe irreverente la estructura neoclásica del palacio.

Es que Le Parc emplea elementos que sorprenden o sugestionan; recurre a efectos lumínicos y especulares, a los artilugios que producen dispositivos ocultos que mueven las partes del todo y el todo. Lo creado se recrea permanentemente, en perpetua inestabilidad y transformación.

¿Por qué prefiere llamarse exponente del arte experimental?

Es mi actitud de siempre; probar y ensayar. Tiene que ver con salir de esa especie de condicionamiento al que te someten cuando uno va a las escuelas de arte. Te aconsejan fabricarte un estilo para ser reconocido, mantenerlo y diferenciarte, y así tener una especie de marca, una imagen, para entrar al mundo del arte. La actitud experimental es lo contrario. No preocuparse de ese deseo de éxito o reconocimiento inmediato o a toda costa, sino experimentar más libremente. Es necesario liberarse y renunciar al condicionamiento y arriesgar para que con la multiplicidad de experiencias, quede borrosa la imagen del artista monotemático. Este tipo de obras que cambian según el movimiento, el entorno, la iluminación y que resignifica el espectador según donde se emplace, ya las creaba en los ‘60.

«En el Mayo francés, me detuvieron iba a una manifestación en la fábrica Renault. La policía cortó la autovía y los que pasaban, si no justificaban que vivían para ese lado, los mandaban de vuelta; y a los extranjeros nos detenían. Así, me apresaron y me expulsaron.»

¿Qué hubiese sido de usted si las nuevas tecnologías hubieran surgido en su juventud? Imagínese diseñando en una pantalla o creando realidad virtual…

​ Mi hijo Juan utiliza las nuevas tecnologías para su propio trabajo y también colabora con el mío. Hizo varias experiencias con máscaras de realidad virtual y me propuso aplicar la técnica sobre la serie de mis pinturas llamadas “Alquimias” y embellecer planos, entrar en ellos como un punto de partida. La superficie puede tomar volumen, bajar o subir, atravesar el techo; junto a él tengo acceso a esto. Si tuviera que aprenderlo, sería incapaz de dominarlo. Muchos artistas se hacen ayudar por especialistas. Es curioso; en los 60 titulaba muchos trabajos con la palabra “virtual”.

¿Cuál fue su primer acto de rebeldía?

Cuando era chico, en Mendoza, mi mamá y mi papá estaban discutiendo. Yo tendría unos 7 u 8 años. Entonces traté de inventar algo para que dejaran de pelear. Preferí no quedarme paralizado en un rincón. Hubo otras rebeldías a lo largo de mi vida. Pero no porque sí, por tener el título de rebelde. Siempre hubo una razón.

Como la famosa anécdota en que una moneda a cara o ceca determinó su no participación en una muestra…

Sí. Unos meses antes leí que se estaba organizando una exposición de arte contemporáneo en el Grand Palais de París, convocada por el Presidente Georges Pompidou. Les dije a mis amigos colegas y nos pusimos en contacto con los organizadores para pedir una reunión informativa. Lo hicimos tres o cuatro veces sin respuesta, éramos como cien y se negaban a recibirnos. Esto generó cierto rechazo y renuncias; en ese contexto yo tenía una participación muy activa y me llamó el director del Museo de Arte Moderno para que armara una retrospectiva. Pero era una contradicción; por un lado cuestionaba el funcionamiento del Grand Palais y por el otro aceptaba presentarme en el Museo. Hice un texto donde analicé lo que ocurría y pedí una reunión en el Museo, a los componentes de mi medio, artistas y galería que me representaba, críticos de arte, coleccionistas… en esa reunión leí el texto y me declaré incapaz de tomar una decisión. Y que la dejaba librada al azar. Le di una moneda a Yamil, el más pequeño de mis hijos, y la tiró al aire. Salió del lado que no tenía que exponer y rechacé la exposición.
Esto provocó un gran enojo, fue una falta de respeto para la institución, pero yo no me arrepentí. Aunque todo se puso en mi contra. Y quedé como un paria en París, hasta hace cinco años. En 2013, el director del Palais de Tokyo de París, Jean de Loisy, me ofreció hacer una muestra monográfica en más de 2.000 metros cuadrados, con obras de gran realización obtuve reconocimiento. Pasaron 200.000 visitantes en tres meses y fue muy exitoso.

¿Qué opina de la retroalimentación entre moda y arte?

El diseñador francés Yves Saint Laurent estaba enamorado del arte y lo expresó con su famoso vestido Mondrian, inspirado en el neoplasticismo del holandés Piet Mondrian. Muchos diseñadores se inspiraron en pintores. En mi caso inspiré a Paco Rabanne; él mismo me lo dijo en una comida en Canadá. Su moda del metal fue copia de mis trabajos; vio mis móviles, se compró una pinza y me dijo que gracias a mí pudo crear su estilo. Fue muy honesto. Él fue estudiante de Bellas Artes en París e íbamos al mismo restaurante.

Una vida intensa
​Estudió Bellas Artes en Buenos Aires y, en 1958, se fue becado a París por el servicio cultural francés. Dice que no decidió vivir allí, que solo se fue quedando: “Es más, ahora mismo me estoy quedando -sonríe- lo vengo haciendo desde hace 60 años”. Un día se mudó a Cachan, a 2km al sur de París, porque vivía más lejos y lo cansaba conducir a diario a la ciudad. “Es mi casa taller y mi lugar en el mundo. Multipliqué la superficie e hice tres departamentos de 200 metros cuadrados para cada uno de mis tres hijos -Juan, Gabriel y Yamil- después hay otro gran departamento que usa Martha (su esposa). Tengo también una sala oscura donde están las obras de luz, que se pueden mostrar con más comodidad”.

Le Parc fundó el GRAV en los ‘60 -Grupo de Investigación de Arte Visual- para trabajar como grupo con sus colegas de entonces. Expuso en el emblemático Instituto Di Tella, en el Malba, en el interior del país, en América Latina, en Alemania, en medio mundo. Fue multipremiado y protagonizó hechos históricos, aunque su mirada siempre estuvo a la vanguardia. Observador del presente, hace planes para el 2019 en Buenos Aires, para celebrar su fértil longevidad.

¿Cómo vivió el Mayo Francés?

El gobierno francés, ante el aumento del movimiento obrero, las reivindicaciones y las huelgas que paralizaron la economía, argumentaba que todo lo que ocurría era por la injerencia de los extranjeros. Decidieron que cada extranjero que encontraran actuando en una manifestación, sería echado del país, sin pasar por juicio ni nada. Cuando me detuvieron iba a una manifestación en la fábrica Renault. La policía cortó la autovía y los que pasaban, si no justificaban que vivían para ese lado, los mandaban de vuelta; y a los extranjeros nos detenían. Así, me apresaron y me expulsaron. En París quedaron mi mujer y los chicos. Al final intermedió un abogado y me dejaron salir con el auto a Italia. A muchos los deportaron. Yo tuve suerte. Pero no pude entrar en territorio francés por 6 meses.

Pero hoy es un afortunado. Será el primer artista latinoamericano en realizar una exposición en vida en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. ¿Lo entusiasma?

Mucho. La muestra sigue hasta el 4 de febrero. Me siento muy bien. Porque los ideólogos norteamericanos que ponen pautas en el mundo, se preguntaron por qué París tenía que ser el centro mundial del arte. Los coleccionistas iban a París y eso tenía que cambiar… Voy a exponer en el edificio anexo sobre la Av. Madison. Son 54 temperas, las “Gouaches”, sobre cartón y papel hechas entre 1958 y 1959. Son obras geométricas de pequeño formato, consideradas como mis primeras investigaciones sobre el color y el desplazamiento de la luz. Las hice cuando llegué a París y vivía en una pieza de hotel.

https://www.clarin.com/viva/julio-parc-genio-arte-activo-90_0_KJW1_bRAU.html