A los 70 años cultiva a mano miles de tulipanes en su vivero de Bariloche

La familia Smekal, como tantas otras familias que vivieron las guerras, decidieron dejar Austria, su país natal, escapando de la hambruna posbélica y en busca de una mejor vida. En 1948 recalaron finalmente en la Argentina, más precisamente en Villa Ballester, provincia de Buenos Aires. Comenzaron dedicándose a la granja y embutidos, con sus chanchos y gallinas.

La Nación
21.12.2018

Fue en el año 55 cuando don Smekal, padre de Pedro, vio un cartel de la ciudad de Bariloche en plena estación Constitución. La decisión estaba tomada. Abordaron el tren Lagos del Sur y hacia allí se dirigieron. Con el tiempo adquirieron la Chacra Danubio, en la península de San Pedro, que hoy sigue siendo hogar de Pedro y sus tres hermanos. La chacra se extiende en una superficie de 20 hectáreas, con 2 km de costa sobre el Nahuel Huapi.

Quizás fue durante sus viajes a Holanda junto con su abuela, que era muy jardinera y tenía tulipanes, cuando nació esta pasión que marcó su vida. En 1969 se fue a ese país a trabajar con un exportador de bulbos. Aprendió las labores en campos de cultivo de variadas plantas ornamentales, y especialmente de tulipanes.

Todo el trabajo es manual y lo realiza él solo. Setenta horas de trabajo, plantando aproximadamente 1000 bulbos por hora

Al volver a la Argentina, vinieron tras él los primeros bulbos. El primer paso: era necesario cambiarles el ciclo, porque eran del hemisferio norte. Entonces tuvo que plantarlos en cajoneras, dejarlos en la sombra y cuando empezaron a desarrollarse, ponerlos al sol y al calor. En alguna ocasión probó con tulipanes de Nueva Zelanda, pero venían con un virus difícil de erradicar. «Los de Holanda son los más baratos y de la mejor calidad: tienen una producción fantástica.»

Entre marzo y junio, Pedro planta los bulbos, que florecerán a partir de fines de septiembre y en octubre. «Me conviene hacerlo a mí solo. Ya tengo la experiencia suficiente como para conocer el trabajo y medir los tiempos», nos cuenta este hombre de pocas palabras, pero que a sus 70 años sigue teniendo la energía para llevar a cabo y seguir de cerca cada detalle de su cultivo.

El tiempo de cosecha de los tulipanes es de tres o cuatro semanas. También se cosecharán a mano, empezando a principios de diciembre y terminando los primeros días de enero. «Trabajo solo, salvo en verano que mis hijos me ayudan -con los cables en las orejas, escuchando música- y limpian los bulbos.» Los de tamaño comercial son los que se embolsarán en bolsas rejilla y se clasificarán con el nombre de la variedad para la venta.

En una época se dedicaba al monocultivo de tulipanes, pero amplió el espectro y produce además galanthus, crocus, narcisos -en gran variedad e ideales para plantaciones naturalistas-, jacintos, liliums, y otras especies como peonias, helleborus, kniphofias, phlox, lirios germánicos. También está ensayando con enredaderas nativas, como la Mutisia y Cynanchum diemii. Otro de sus orgullos son las secuoyas que plantó hace 46 años en el lateral de uno de los campos de bulbos. Son más de 200 y tienen un tronco que supera el 1,5 m de diámetro.

A principios de la primavera, los largos surcos de tulipanes dominan el paisaje de Chacra Danubio. Es el modo de disfrutarlos a pura flor, ya que sólo vende unos pocos como flor de corte. Otros bulbos acompañan con sus coloridas floraciones este cultivo productivo en uno de los enclaves más bellos de la península.

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