Mujer, poeta y rioplatense, a los 95 años Ida Vitale le torció el rumbo al Premio Cervantes

La escritora uruguaya, galardonada con el premio máximo para la literatura en español, estuvo dos veces en Buenos Aires este año: primero en la Feria del Libro; en invierno, abrió el Festival Internacional de Poesía

La Nación
16-11-2018

Cuando Ida Vitale era una niña, una de sus tías le pedía que quitara el polvo de los libros de la biblioteca familiar un día por semana. Ese fue su primer acercamiento a la literatura. Más tarde, en las páginas culturales de los diarios (hoy parece de ciencia ficción) leía los poemas de escritores americanos y españoles que se publicaban cada jornada. Hija de una generación formada en el respeto por la cultura letrada, que consideraba la educación la verdadera fortuna de la vida en sociedad, Vitale cursó Humanidades, colaboró en medios gráficos como Marcha y Época, y trabajó como docente de literatura hasta 1973, cuando debió exiliarse en México. “En la escuela nos hacían leer mucha poesía; creo que ahora no pasa lo mismo en Uruguay y en otros países de América Latina”, conjetura hoy en diálogo con LA NACION, mientras viaja con su hija, Amparo Rama (hija de Vitale y del destacado crítico Ángel Rama), rumbo a un encuentro literario en Punta del Este. Hace apenas unas horas conoció la noticia: le otorgarán el premio máximo para un escritor en lengua española.

Vitale es la quinta mujer en recibir el premio Cervantes y la segunda representante de la literatura uruguaya en la lista de premiados; el primero fue Juan Carlos Onetti, que lo obtuvo en 1980. “Me pareció un poco exagerado”, responde la autora de Palabra dada cuando se la consulta por las emociones que el premio le despierta. El 23 de abril de 2019, día en que se conmemora la muerte de Cervantes, la escritora recibirá el galardón (que otorga 125.000 euros) de manos de los reyes de España, en una ceremonia en Alcalá de Henares.

Contrariamente a esa ley no escrita que propone una alternancia de reconocimientos entre España y América Latina, por segundo año consecutivo el galardón lo obtiene una figura de las letras latinoamericanas (en 2017, lo había obtenido Sergio Ramírez) y, además, una poeta. En su historia, desde 1976, el Cervantes se enfocó sobre todo en narradores, aunque poetas como Dulce María Loynaz, Juan Gelman, Nicanor Parra y Antonio Gamoneda ganaron el Cervantes.

Meses atrás, Vitale fue homenajeada en Buenos Aires en dos ocasiones. En abril, fue la elegida para inaugurar el XIII Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires en la Feria del Libro , y en junio, la invitada de honor del Festival Internacional de Poesía (FIP) en el CCK. En ambas ocasiones ofreció recitales de poesía y conversó con los anfitriones y el público en su estilo cálido y divertido. “Me quedó bien claro cuánto me aprecian allí”, dice.

“Que una mujer gane el Cervantes, que sea latinoamericana y una referente de la poesía que se escribió y se escribe en el Río de la Plata habla de que nuestra poesía está de pie. Vitale es una mujer que desborda juventud, elegancia y un sentido del humor muy singular. Su poesía indaga en el lenguaje e interpela con sensibilidad e inteligencia”, dice Graciela Aráoz, directora del FIP. Al participar de ese encuentro, Vitale conmovió a la concurrencia por su sencillez, la excelencia de su poesía y el recuerdo para su amigo, el artista Adolfo Nigro, que acababa de fallecer. Cuando le preguntaron por sus honorarios para asistir al FIP, su respuesta fue: “Lo mínimo de lo mínimo para que esa heroica institución no naufrague”.

Una poesía bien calibrada

La poesía de Vitale, acaso porque es sencilla de leer, parece fácil de escribir. Sin embargo, la calidad prodigiosa de recursos que crean musicalidad, sentido y atención por el despliegue verbal son muchos. Influida por grandes poetas americanos como Pablo Neruda, Delmira Agustini, César Vallejo y Gabriela Mistral, y por otros tantos españoles, sobre todo Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, la poeta uruguaya comenzó a escribir sonetos. Eso le dio, cuenta, talento para la medida y el ritmo. “Cuando Juan Ramón Jiménez vino a Montevideo nos conocimos; es el único caso que yo recuerde de un poeta que llenaba teatros. Neruda tenía mucha convocatoria, pero lo que pasaba con Jiménez era extraordinario”, dice Vitale a LA NACION. Desde temprano en su casa, recibió llamadas y visitas intempestivas de periodistas. “Apenas salía de la ducha, me tocaron el timbre”, cuenta entre risas.

“Leer me ayudó mucho para escribir. Escribía de chica pero en el liceo fue donde me solté”, dice. En sus poemas, la naturaleza asume muchas veces la forma de una conciencia que reflexiona sobre el mundo; los animales y las plantas adquieren visos simbólicos y la humanidad se comprende por medio de metáforas y personificaciones bien calibradas. “Sólo tendremos lo que hayamos dado./ ¿Y qué con lo ofrecido y no aceptado,/ qué con aquello que el desdén reduce a vana voz, sin más,/ ardiente ántrax que crece,/ desatendido, adentro?”, se lee en “Patrimonio”, un poema incluido en uno de sus grandes libros, Reducción del infinito, de 2002. El primer libro de Vitale, La luz de esta memoria, data de 1949.

El 2 de noviembre pasado, la poeta nacida en Montevideo cumplió 95 años. Después de los 90, hubo gran cosecha de reconocimientos por su obra. En 2015, recibió el XXIV premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; en 2016, el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca; en 2017, el Premio Max Jacob, y este año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorgó el Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances. Dentro de pocos días, Vitale viajará a esa ciudad mexicana, donde le brindarán varios homenajes. En Guadalajara presentará Shakespeare Palace, su nuevo libro. “Es una crónica de mis once años en México y los tantos amigos que hice allá. Siempre digo que México es mi segunda patria”. En 1973, Vitale debió exiliarse junto con su familia. Regresó a Uruguay en 1984.

El Cervantes, considerado el Nobel de Literatura en lengua española, recompensa este año la constancia de una poesía que une la ensoñación a la elegancia, y el estilo a una certera puntería verbal. Vitale es una de las escritoras de la llamada Generación del 45, que integraron Mario Benedetti, Idea Vilariño, Juan Carlos Onetti y Carlos Maggi, entre otros. De acento rioplatense y alcance universal, en su obra se perciben huellas del Siglo de Oro español, el simbolismo francés y la inventiva de las vanguardias. Y más allá de las influencias, se distingue cierta fe en la poesía como vía de conocimiento.

“La vida es muy variada”

-¿Cómo recibió la noticia del premio?

-Me llamaron varias veces a la mañana, pero se escuchaba mal. Al final, el ministro de Cultura de España, José Guirao, me pudo comunicar el fallo. Me estoy mudando y hace varios días que no leo diarios ni escucho noticias, así que fue una gran sorpresa. Para mí que este año se apresuraron antes de que llegue una fecha más luctuosa. Todo puede ocurrir o no ocurrir. Por algo se dice que la vida es muy variada.

-¿ Shakespeare Palace, su nuevo libro, no es de poesía?

-Son crónicas de nuestra vida en México, desde que tuve que exiliarme en los años 70 hasta el momento del regreso. En México trabajé con Octavio Paz en dos revistas que él dirigía: Vuelta y Letras Libres. Le puso así a esa revista porque la pagaban los suscriptores y ya no dependía de un diario ni de fondos del Estado. En el libro trato de recordar a los muchos amigos que hice y que me ayudaron. México me dio muchas posibilidades. Elegí ese título porque, por consejo de una amiga argentina, Elena Jordana, había alquilado una vivienda en la calle Shakespeare que era una ruina. El libro tiene un título más bien irónico. Poesía no escribo, sino que anoto lo que puedo. En estas horas me he convertido en una receptora de llamadas telefónicas.

-¿Recuerda cómo nació su amor por la poesía?

-Heredé los libros de una tía que se llamaba igual que yo, maestra de sordomudos, que murió muy joven, de tuberculosis, en Buenos Aires. Ella había sido la lectora de la familia y a mí me encomendaron cuidar sus libros. Tenía otra tía, directora de escuela, que me recomendaba lecturas en la infancia. En ese entonces en las escuelas se leía y se recitaba poesía. Antes estábamos más en contacto con la poesía. No sé hasta qué punto pasa eso en las escuelas de Uruguay ahora, pero no debe ser algo exclusivo de Uruguay. De todos lados llegan noticias de cierres de librerías y editoriales.

-¿Qué les diría a aquellos que quieren iniciarse en la lectura de poesía?

-Que antes de leerme a mí lean a César Vallejo, a los poetas españoles de la Generación del 27, a Gabriela Mistral, a Oliverio Girondo. Y a María Elena Walsh. Ella fue una artista completa. Con María Elena fuimos grandes amigas; cuando ella venía a Montevideo, me citaba en un bar de la rambla para charlar. Y yo era de ir a su casa en Buenos Aires. Guardo un poema cómico que le hizo a mi marido, Enrique Fierro, con dibujos y c

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