El secreto de Kenzo, impecable a los 79

El gran diseñador japonés habló con Viva de cómo se convirtió en un ícono de la moda global y cuenta qué hace para desafiar a la edad.

Carla Rodríguez
Viva Clarín 1.9.2018

Pocos elegidos, como Yves Saint Laurent, Giorgio Armani, Pierre Cardin o Valentino, ya tienen su lugar ganado en la historia de la moda. Kenzo Takada también y razones sobran. Fue el primer diseñador japonés que triunfó en París en los años ‘70, antes que Issey Miyake y Rei Kawakubo. Armó un imperio global con su nombre, en donde los colores y los estampados se convirtieron en una marca registrada de su ropa. Lo mismo pasó con sus exquisitos perfumes, que han sido un hito en el mundo de las fragancias: clásicos como Jungle L’Élephant (1996) o Flower (2000). Por si fuera poco, también fue uno de los primeros diseñadores en vender su marca a un grupo económico: en el año 1993, LVMH –propietario de Louis Vuitton, Dior, Celine, Marc Jacobs y otras marcas de lujo– compró Kenzo.

Está a punto de cumplir 80 años, pero, basta verlo, no los aparenta para nada. Según dice, no quiere ser adulto todavía. Y sigue en carrera. Además de haber diseñado una colección de telas y cerámicas con la firma Roche Bobois, ha terminado de crear fragancias junto a la compañía cosmética Avon. Este fue el motivo que lo trajo a Buenos Aires: el lanzamiento de Avon Life Colour, una colección de fragancias para mujer y para hombre, la segunda, realizada en conjunto luego de Avon Life en 2016. Los nuevos perfumes fueron ideados entre Kenzo Takada y dos de los grandes maestros perfumistas del mundo, Frank Voelkl y Olivier Cresp (coautor de Angel, de Thierry Mugler), y se venderá a lo largo y lo ancho del planeta a través de seis millones de representantes.

Monsieur Takada, que actualmente es el presidente honorario de la Federación Asiática de Costura, llega a la entrevista con Viva en una suite del lujoso Alvear Icon de Puerto Madero. Está vestido en tonos oscuros. Sin embargo, lleva un suéter color amarillo. Sin dudas, los colores shocking están en su ADN. Es amable, y contesta cada una de las preguntas con mucha dedicación. Actúa de manera simple, como lo hacen los números uno de verdad, que no interponen la vanidad a su currículo.

¿Es cierto que todo comenzó mientras era niño y leía las revistas que tenían sus hermanas?

Completamente. Yo era muy joven, tendría 12 o 13 años, y en el Japón de posguerra no había nada para entretener a los niños: no había televisión, sólo los diarios, y algo de radio nomás. Pero mis hermanas tenían sus revistas femeninas, y yo se las sacaba para no aburrirme. Algunas películas norteamericanas y francesas me ayudaron mucho también. Ahí descubrí que la vida fuera de mi país era muy diferente. Esto fue un disparador. Empecé a soñar con viajar al extranjero y dedicarme a algo artístico. Más que la moda, a mí lo que me encantaba era dibujar. También soy artista plástico: pinté mi primer retrato a los 18 años (hace casi una década expuso en Buenos Aires sus pinturas).

Kenzo Takada fue uno de los primeros varones en ser aceptado por la Escuela de Moda Bunka, en Japón. Como había prejuicios todavía hacia los modistos, tuvo que anotarse contra la voluntad de sus padres y luego de haber abandonado la Universidad de Kobe. Incluso pagaba la cuota pintando interiores de edificios. Egresó con honores y comenzó a trabajar en un taller de diseño en Tokio. Pero él quería algo más y, siguiendo los consejos de uno de sus profesores, se tomó un barco que hizo paradas en el sureste de Asia, en el oeste y norte de Africa, antes de llegar a París en enero de 1965. Era la primera vez que dejaba Japón en su vida.

¿Por qué eligió París, más allá de la obviedad de que siempre ha sido considerada “la capital internacional de la moda”?

Ir a París fue mucho más para mí: fue una aventura. Antes había trabajado en la moda en Tokio, pero cuando llegué a Francia traté de contactar a la poca gente que conocía. En ese entonces, allá, casi no había japoneses, yo no hablaba francés, tenía poca plata y todos me decían que siendo japonés iba a ser imposible que me fuera bien en la moda. “No lo vas a lograr”, escuchaba una y otra vez. Pero no me dejé vencer: siempre llevé mis aventuras hasta el final, así que decidí quedarme de todas maneras por 5 o 6 meses. Yo era una persona muy audaz.

No es un detalle menor: usted tenía talento además.

Decidí presentar mis dibujos en una casa de alta costura, la de Louis Féraud. Fui directo al negocio, sin conocer a nadie. Me presenté, ahí nomás vendí 5 dibujos y mi vida cambió para siempre. Eso me dio confianza e impulso. Luego fui a la revista Elle, donde no sólo me compraron algunos dibujos, sino que me pasaron otros contactos de marcas a donde podía ir a ofrecer mis ilustraciones. Luego llegaron los pedidos y finalmente me quedé. A los cinco años abrí mi primera tienda llamada Jungle Jup, en la gran Gallery Vivienne.

Cada uno de sus desfiles marcó un hito, especialmente el que realizó en una carpa de circo en el que usted se subió arriba de un elefante, y eso contribuyó a su fama. ¿Alguna vez se puso a pensar cómo fue que logró triunfar tan pronto considerando que era un extranjero y que, además, la moda es un medio donde no es fácil destacarse?

Todavía me hago esta pregunta muchas veces: ¿Cómo fue que llegué acá? Es cierto que las editoras de moda me adoraron desde el comienzo, pero creo que la respuesta es que era un momento oportuno. Luego de la moda hippie que hizo furor en los años ‘60, Londres se convirtió en el centro del diseño. París estaba necesitando un sacudón de algo nuevo. Faltaba un joven creador que aportara algo diferente. Creía que ser japonés me iba a jugar en contra, pero fue al revés. Pensé, entonces, en mi identidad, que es lo que yo podía darle a París en ese momento. Las telas eran más apagadas, con flores chiquitas. Yo traje el color, las flores, las telas amplias de los kimonos, por ejemplo, con motivos más gráficos y eso le inyectó mucha frescura a la moda de ese momento.

¿Las mujeres y los hombres que lo inspiraron en ese momento para crear moda, son los mismos que hoy lo inspiran a crear fragancias?

Tienen cosas en común, sí: siempre pienso en gente positiva, con actitud y alegría de vivir.

En los ‘90, Kenzo Takada era uno de los mimados de la moda internacional. Sus colecciones eran de las más esperadas durante la temporada de desfiles y sus perfumes, de los más vendidos. Sin embargo, sorprendió, una vez más, con la decisión de vender su marca a un grupo económico. Fue en el año 1993. Luego se quedó como director creativo hasta que en 1999 dejó por completo su puesto.

¿Recuerda qué sensación tuvo cuando firmó los papeles de venta con LVMH?

Me acuerdo perfectamente: para mí fue una decisión muy difícil. Pero yo quería desligarme de todo lo que implicaba la dirección de una sociedad, de todo lo que eso significa. Era muy complicado, y en mi vida personal también pasaba un momento difícil, ya que había perdido a dos amigos muy cercanos. Así que no quería más preocuparme por mantener la marca. Quería tener tiempo para diseñar y hacer lo que me gustaba. Fue una buena decisión, pero al mismo tiempo me costó mucho tomarla.

Y al poco tiempo dejó la moda. Y se quedó con los perfumes que es lo que hace ahora.

Los perfumes me retrotraen a la infancia. Uno de los primeros recuerdos de mi niñez es cuando mi madre solía colocar pequeños trozos de sándalo en mi placard y en toda la casa. Eso daba una fragancia fresca que me encantaba. En Japón no se utilizan fragancias fuertes. Recién las descubrí cuando llegué a Francia, y me apasionaron desde el comienzo. Hice mi primer perfume a mediados de la década de los ‘70, que se llamó King Kong (famoso por tener una nota con olor a banana, de ahí el nombre) y luego en los ‘80 continué haciéndolos. Si bien no soy especialista en fragancias, trabajo con un equipo formidable con el que determinamos desde el tipo de aroma hasta la elección del frasco, que es esencial.

La moda se ha democratizado: de hecho la marca Kenzo ha desarrollado una colección para la popular tienda H&M, por ejemplo. ¿Pasa lo mismo con la belleza cuando se trabaja junto a una compañía tan global?

Absolutamente. Siempre quise llegar a todo el mundo. Con los perfumes y con la moda. Si bien arranqué haciendo alta costura, enseguida llegué al prêt-à-porter y ahora trabajar con Avon es una gran oportunidad de llegar a mucha gente.

En la nueva fragancia Avon Life Colours hay mucho color y la magnolia es el ingrediente fetiche.

Es una flor que amo y me gusta utilizar, lo mismo que los colores, que son parte de mi vida. Si no hubiera estado en la moda, me habría dedicado sólo a ser artista plástico. Un perfume tiene que ver con las emociones, con los sentimientos. No es algo tan concreto como la moda. Y con estas fragancias queremos que las mujeres y los hombres se sientan inspirados a vivir su vida a pleno, a divertirse, a ser positivos.

Vive en París, pero viaja continuamente. Durante su estadía de 48 horas en Buenos Aires, no sólo asistió a la presentación de las nuevas fragancias sino que, además, dio una charla para alumnos en el Aula Magna de la UADE (el cupo se agotó en media hora apenas se comunicó su presencia).

Usted es un hombre reconocido en el mundo, que aún sigue en carrera y llega a cualquier lugar y es tratado como una estrella. ¿En qué momento de su vida se encuentra?

La verdad es que he tenido mucha suerte en mi vida. Disfruté de muchas aventuras, pero admito que también he hecho una cuantas tonterías, por supuesto. Pero si pienso en cómo estoy ahora, diría que la respuesta es “en un momento positivo”. Sigo con ganas de hacer cosas, pero no muchas (se ríe), y me gusta trabajar rodeado de mi equipo.

Siendo usted una persona tan admirada, ¿a quién admira?

A Yves Saint Laurent, desde que soy estudiante de moda y aún hoy.

Vi una foto suya con grandes diseñadores como Karl Lagerfeld y Sonia Rikyel, cuando eran muy jóvenes en París, y pensé en que los tres se convirtieron en leyendas de la moda. ¿Cómo fue la relación con otros grandes de la pasarela cuando llegó a París? ¿Competían?

No, siempre me recibieron súper bien. Cuando conocí a Karl y a Sonia ellos ya eran celebridades en la moda. Ella me invitaba a los desfiles que hacía en su tienda y él ha venido a los míos. Lo que más envidio es la energía de Karl, aún hoy: ¡sigue haciendo cosas!

¿Quiénes llaman su atención hoy? Hoy la moda le da lugar a diseñadores muy revolucionarios.

John Galliano me invitó a su primer show de alta costura para Givenchy y quedé fascinado. Trajo nuevas ideas a la moda, hizo soñar. Y luego vi su trabajo para Dior en la muestra de los 70 años de la marca francesa y la verdad es que fue maravilloso.

¿Qué opina de la corriente feminista que atraviesa el mundo y que ha llegado a la moda? De hecho, es la primera vez que una marca como Dior tiene como directora a una mujer.

La mujer debe tener cada vez más lugar. Antes hablamos de Sonia Rikye, que en su momento era una de las pocas mujeres en este medio. Las mujeres ahora expresan su talento con más libertad.

No puedo terminar sin preguntarle su secreto de belleza: ¡pensar que va a cumplir 80 años!

(Risas) Desde hace un tiempo presto especial atención a mi salud, cuido mucho mi alimentación, llevo una buena dieta y hago yoga diariamente. Pero lo que me mantiene joven, sin dudas, es ser curioso. Y nunca dejar de hacer, nunca jubilarse. ¿Te digo el secreto? Es no parar nunca.

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