Entre rosas y fresias: Moisés tiene 91 años y sigue atrás de la florería más antigua de la ciudad

Seis Rosas, tres Lilium, ocho Alstromerias y un par de hojas de helecho para decorar. Moisés Sasson, conocido en todo el barrio como “Moisito”, toma un papel transparente y una cinta naranja para terminar de preparar el ramo de flores. Sus manos son testigos del oficio que lleva en la sangre, y su mirada, un fiel reflejo del amor que tiene por las flores. “Tome, con este ramo la va a conquistar”, le dice el florista, con una sonrisa picarona, a un joven que le pidió que le arme un lindo ramo para sorprender a su enamorada. Aunque no lo aparente, tiene 91 años y con orgullo lleva el título del “florista más veterano de la Ciudad”, su florería, abierta desde 1910, es la más antigua de Buenos Aires. Como todos los 21 de septiembre se prepara para su fecha preferida del año: el Día de la Primavera .

La Nación

La relación de la familia con las flores la comenzó Elías Sasson, el padre de Moisés. Elías era ingeniero agrónomo y llegó a Buenos Aires en barco desde Turquía para continuar con las prácticas profesionales, pero cuando se instaló en la ciudad consiguió trabajo en una florería. Vendía flores con un mateo y en 1910, cuando la infanta Isabel visitó Argentina, le entregó un ramo en persona. Cuando adquirió experiencia instaló en Avellaneda su primera florería llamada “Sasson”, en honor a su apellido. Más tarde abrió otra en Palermo y en 1930 decidió mudarse a Pueyrredón al 823, donde permanece abierta desde entonces.

Moisés se crió entre el inconfundible aroma de los Nardos, las Gerberas, las Fresias y los Jazmines. Y aprendió los gajes del florista desde muy pequeño. Durante años la familia tuvo en Martínez una huerta y su padre se encargó de enseñarle a cuidar las semillas, los bulbos, plantas y flores. “A los dieciocho años me compré mi primer camionetita y comencé a hacer fletes de diferentes florerías. Al principio sólo lo ayudaba a mi padre con algunas entregas, hasta que un día empecé a ir temprano al Mercado de las flores y decidí dedicarme de lleno al negocio de la familia”, recuerda Moisés Sasson a LA NACIÓN. Por aquella época tenía tan solo 21 años y había comenzado a salir con Elvira, quien al poco tiempo se convertiría en su esposa y fiel compañera en la florería.

El rey del mercado

Los floristas están acostumbrados a madrugar. Antes Moisés tenía que llegar al Mercado de las Flores de Barracas, ubicado en Olavarría 3240, a las cuatro de la mañana. Hoy en día está firme a las seis ni bien abre sus puertas. Es el florista más veterano que va al mercado. Entre risas admite que a él: “No le meten el perro con la calidad. Para conseguir buena mercadería hay que ir temprano. Hay más de 500 puestos de venta y mucha variedad. Podés encontrar todo tipo de flores, artículos de jardinería, semillas y macetas. Ahí me conocen todos y siempre me recomiendan cuáles son los productos que me convienen llevar.”, admite Sasson.

¿Cuáles son las flores que más le gustan a los argentinos? “Las rosas”, responde sin dudar. “Y la mayoría las prefiere rojas. A mí son las que más me gustan. Después llevan mucho Lilium que vienen de muchos colores y duran un montón, las alstromerias, las Orquidea Phalaenopsis y el Junquillo. Hubo una época en la que pedían mucho el clavel y en la década del 90 se pusieron de moda las flores artificiales. Al principio, me negaba a incorporarlas en la florería porque no me gustaban, pero me tuve que amoldar a lo que me solicitaban mis clientes”, afirma. Cuando arranca la primavera las fresias son las más solicitadas y a fin de año los jazmines tienen gran protagonismo. Antes se vendían más los arreglos florales en jarrones bien pomposos. Ahora, los clientes prefieren ramos más sencillos, abiertos y con variedad de colores.

Moisés mira las flores y se le desdibuja una sonrisa. Toda su vida se dedicó a este oficio y se inspira cada vez que le encargan algún pedido. Cuando arma un ramo o arreglo floral, es muy detallista con el equilibrio de colores, aroma y las formas. “Las flores tienen que lucirse y lo armo como si fuera para mi casa”, dice.

Hubo una época en la que durante el Día de la Primavera tenían ventas récord. Abrían el local a las ocho de las mañana y a las diez de la noche todavía entraba gente. “Era impresionante. Los hombres tenían la costumbre de llevarle a sus mujeres un ramo y se decoraban las oficinas y los comercios con muchas flores”, recuerda Perla, la hija de Moisés, quien se crió en la florería y actualmente ayuda a su padre. El día de la Madre, Navidad y Año Nuevo también son fechas en la que los ramos tienen bastante salida. Para Moisés “regalar flores es una moda que no se pierde. Es un lindo gesto para demostrar cariño hacia la otra persona. Están presentes en toda etapa de la vida. Desde el nacimiento hasta la muerte”.

En la florería más antigua de la Ciudad además del aroma a flores también se respira aire tanguero. Es que Moisés es tan fanático de los autos como del tango. Carlos Gardel, Aníbal Troilo y Horacio Ferrer le compraron a él y a su padre flores en más de una oportunidad. “También vino mucha gente del ambiente artístico y deportivo como Mario Sapag o Carlos Bianchi”, recuerda.

“Esta es mi regadera de la suerte”, dice mientras levanta su instrumento de trabajo que tiene más de cien años. “Casi me iguala en edad. Es australiana y la usaba siempre mi padre”, agrega, mientras le cambia el agua a un florero con margaritas. Moisés espera con entusiasmo la llegada de la primavera. Va a festejar una vez más en su casa, la florería Sasson.

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