Siendo abuelos encontraron el secreto para renacer y ver el mundo desde otra perspectiva

Hace once años que Ana María y Carlos son abuelos. Viven en Avellaneda y desde allí nos cuentan la aventura de alargar la vida a partir del nacimiento de sus nietos.

Clarín
29.7.2018

“Podemos escribir estas reflexiones a partir de que ya somos abuelos de tres maravillosos nietos (qué podemos decir de ellos, seguramente lo mismo que dirán de sus nietos los millones de abuelos que hay en el mundo), que nos han dado la posibilidad de renacer, de sentirnos más jóvenes y de ver el mundo desde otra perspectiva.

Ahora, sentimos que nuestras vidas se completaron a partir del nacimiento de ellos. Recién ahora nos damos cuenta que, cuando éramos solamente padres, nos faltaba algo para poder ampliar nuestra sensación de felicidad. Un triángulo amoroso (hijo/padre/abuelo) que solamente lo pudimos experimentar a partir de sus nacimientos. Estamos casi seguros, sin ser médicos y sin conocer si hay algún estudio científico que avale lo que decimos, que son ellos los que nos permiten alargar nuestras probabilidades de vida. A partir de ser abuelos, en nuestras mentes se incorporaron algunos proyectos (llamémoslo “sentimentales”) como ser: llevarlos a la plaza; ir al cine; jugar a la pelota; acompañarlos al colegio y que el domingo vengan a comer a casa. ¡Vaya proyectos!, aunque ahora que lo pensamos bien, creo que los sumamos a los grandes proyectos que tuvimos en nuestra vidas y que tantas satisfacciones nos dieron.

Seguramente, dicho por un médico, las probabilidades de vida se alargan cuidando de nuestra salud: haciendo prevención, salir a caminar, una buena alimentación, y, ¡vaya si es cierto!, pero estamos casi seguros que ver el rostro de satisfacción de nuestros nietos cuando los llevamos a la plaza, al cine, o los vamos a buscar al colegio y al vernos salen corriendo para darnos un abrazo, no tenemos dudas que esto también nos alarga la vida.

A modo de reflexión, quisiéramos dar algunos ejemplos que entendemos nos agregaron más años de vida: un abrazo; una mirada cómplice; una carita risueña; una caricia; un “los queremos mucho”; un “los extrañamos mucho”; un llamado telefónico diciéndonos: “¡hice un gol!; “¡me saqué un excelente en matemática!”; “¡Papá Noel me trajo una muñeca!” También una lucha en la cama cuando se quedan a dormir en casa. ¡Y cuántas cosas más! Muchas veces oímos decir que “los padres los crían y los abuelos los malcrían”. Como todo en la vida, en parte cierto, en parte equivocado.

También, los abuelos los criamos. Los criamos en valores, en principios básicos tan necesarios en la convivencia humana, para que luego, ya mayores, puedan aplicarlos en sus vidas. Y sentimos también que ellos nos necesitan para completar esa educación que le dan sus padres. Y que también los padres necesitan que aportemos algo en su educación. Es ese “triángulo amoroso” que nos permite ampliar esa sensación de felicidad que tan bien nos hace. También son nuestro soporte. No se si les pasa a otros abuelos, supongo que sí, pero a nuestra edad nos vamos haciendo muy sensibles a las emociones y la necesidad de un abrazo de parte de nuestros nietos es lo que esperamos diariamente para seguir cargando las baterías.

A veces me pregunto: ¿hay algo más sublime que el abrazo de un nieto? ¿Hay algo más amoroso que agarrarnos de las manos para ir a pasear por la plaza? ¿Hay mayor felicidad que cuando vemos a nuestros nietos, con toda la inocencia del mundo, juntar pasto y llenar un balde de agua para ponérselo a los Reyes? ¿Hay algo más conmovedor que cuando tienen apenas unas líneas de fiebre sentarnos al lado de su cama y acariciarlos?

No se que será de ellos cuando sean grande, lo que sí puedo decir, es que hoy tenemos la enorme responsabilidad de plantarles en su corazón una semilla que, cuando germine más adelante y que tengan que elegir por los diferente caminos que le presente la vida, elijan el sendero de las virtudes que lo harán mejores personas. Cómo no agradecer a la vida semejante regalo. Bueno, los tenemos que dejar, uno de nuestros nietos se quedó a dormir en casa, son las seis de la mañana, lo tenemos al lado de nuestra cama diciéndonos: “Abu, jugamos a la generala”. ¡Que hayan pasado un Feliz Día de los Abuelos!”

Carlos Lelli y Ana María

https://www.clarin.com/cartas-al-pais/abuelos-encontraron-secreto-renacer-ver-mundo-perspectiva_0_r1Nrg1Y4Q.html