Un refugio para trabajadoras sexuales

Casa Xochiquetzal ofrece comida, techo y programas de oficios.

Por Adriana Zehbrauskas
CIUDAD DE MÉXICO
Clarin
31.3.2018

Marbella Aguilar conserva sus libros usados en un estante escondido en su cuarto en Casa Xochiquetzal, una casa grande, colonial y de color amarillo en el corazón de esta ciudad.

“Me encanta leer y escribir”, dijo Aguilar, de 61 años. “Poesía, prosa, cualquier cosa. “No me puedo dormir sin mis libros a mi lado”. Menciona “Los miserables” y “Lolita”, y las obras de Pablo Neruda y León Tolstói.

Sin embargo, sus propias experiencias podrían ser tema de un libro, porque no ha tenido una vida común. Y Casa Xochiquetzal no es una casa común y corriente: es un albergue para prostitutas retiradas o semirretiradas.

Casa Xochiquetzal, bautizada así en honor a la diosa azteca de la belleza y el amor sexual, abrió sus puertas en 2006 después de que Carmen Muñoz, una ex prostituta, descubriera algunas de sus ex colegas durmiendo bajo cartones en La Merced, una zona roja cercana. Las mujeres estaban desamparadas y solas, y no tenían a donde ir.

Muñoz las recogió y empezó a buscar aliadas. Un grupo de prominentes feministas mexicanas se ofreció a ayudar, y con dinero público y privado, más un inmueble prestado sin cobro de alquiler por parte del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, fundaron Casa Xochiquetzal.

“Es un hecho recurrente que muchos familiares, incluso sus hijos, las abandonan, hasta les hacen daño, cuando descubren que son trabajadoras sexuales”, dijo Jesica Vargas González, directora del albergue. “Sigue siendo una ocupación muy estigmatizada”.

Las 16 residentes actuales, de entre 53 y 87 años, son responsables de preparar sus comidas y limpiar sus cuartos y todas las áreas públicas. Siguen un programa que detalla tareas obligatorias.

Las residentes participan en dos talleres diarios de cocina y manualidades. La única televisión, ubicada en el patio, es encendida sólo después de las 18. No se permiten drogas en la casa.

A veces reciben temporalmente a mujeres que no son prostitutas retiradas, por lo general mujeres desamparadas que son víctimas de maltrato. Todas reciben atención médica y psicológica.

“Son mujeres que necesitan mucho amor, que sienten mucha soledad”, detalló Karla Romero Téllez, de 29 años, psicóloga voluntaria del albergue. “Sin embargo, son muy fuertes. Son sobrevivientes. Eso es lo que las define”.

María Norma Ruiz Sánchez, de 65 años, fue violada cuando tenía 9 años, mientras caminaba de regreso de la escuela en un pequeño pueblo de Jalisco. La cicatriz en el muslo izquierdo, causada por la navaja que le rasgó el uniforme escolar, aún es visible.

Huyó de su hogar a los 14 años, para escapar de su hermano abusador. Un camionero le dio un “aventón” a San Francisco. Allá, cumplió sus 15 años sola, en una habitación, comiendo sandwiches de pollo y tomando cerveza.

Pero al poco tiempo regresó a México. Tuvo al primero de sus cuatro hijos a los 16 años, trabajó en el campo, fue dueña de un cabaret, se volvió luchadora profesional y tuvo infinidad de amantes, pero sólo un amor verdadero. También intentó suicidarse cuatro veces.

“Estoy muy cansada, todo me duele”, dijo Ruiz Sánchez. “Hago chistes de mi vida para poder vivir el día a día, pero mi tristeza no tiene fin”.

Las residentes, otrora muy familiarizadas con el ritmo frenético y abrumador de las calles a su alrededor, ahora observan desde la distancia la vida que se desenvuelve en esas calles, asomándose desde los ventanales de la casa.

Aguilar trabaja en la acera de enfrente, en una tienda de muñecas. No le gusta hablar de su pasado y cuando empieza su historia no puede contener las lágrimas. En lugar de ello, recitó una parte de un poema que escribió:

Yo soy la que te ama

Yo soy la que te escucha cuando estás triste

Yo soy la que te consuela en tus noches de dolor

Yo soy la que te calienta cuando tienes frío

Y aún cuando me ignores

Siempre estaré ahí para ti.

Dejan las calles y entran a refugio de trabajadores sexuales.

https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/refugio-trabajadoras-sexuales_0_HklDytccqz.html