Henrietta Lacks, la mujer cuyas células revolucionaron la medicina

Jamás viajó más allá de Baltimore, donde alguna vez fue desde la casa de su familia en el sur de Virginia, pero sus células han viajado alrededor del mundo y más allá.

La enterraron en una tumba sin lápida, pero millones de células suyas (generadas a partir de un diminuto trozo de su cuerpo) están etiquetadas en laboratorios universitarios y compañías de biotecnología de todo el planeta, donde se siguen reproduciendo y desde hace 67 años han seguido siendo parte fundamental de los avances en el campo de la medicina.

The New York Times
Por Adeel Hassan 9 de marzo de 2018

Henrietta Lacks, tataranieta de un esclavo, fue una agricultora de tabaco. A pesar de que sus células revolucionaron la medicina, su familia siguió siendo pobre y algunos de sus miembros ni siquiera tuvieron seguro médico. Sus células, que se han reproducido prácticamente sin fin, fueron tomadas de su cérvix unos meses antes de su fallecimiento sin ofrecerle una remuneración ni haber obtenido su consentimiento. Posteriormente, se comercializaron y han sido enviadas por doquier. Hay miles de patentes en las que están involucradas sus células y se han obtenido millones de dólares en ganancias.
EXPLORA NYTIMES.COM/ES
Qué hacer si el sexo duele

Lacks dejó cinco hijos y un legado médico incomparable al momento de su muerte, el 4 de octubre de 1951, en el Hospital Johns Hopkins en Baltimore, a causa de un agresivo cáncer cervical. Tenía 31 años.

Cuando convalecía, un médico del hospital Hopkins apareció en un programa científico para la televisión. “Permítanme mostrarles una botella en la que hemos cultivado enormes cantidades de células cancerosas”, comentó George Gey, mientras sostenía las células de Lacks. “Es muy probable que a partir de estudios fundamentales como estos seamos capaces de encontrar una forma de erradicar el cáncer por completo”.

No se hizo mención alguna a Lacks en televisión y no hubo un solo obituario dedicado a ella. Después de su muerte, un técnico laboratorista en una sala de autopsias tomó más células valiosas de su cadáver. En el historial médico de Lacks, un doctor registró pequeños tumores blancos que cubrían algunos órganos: “parecía como si el interior de su cuerpo estuviese recubierto de perlas”.

A pesar de que fue olvidada en aquella época, una parte de ella siguió viva y a la vanguardia de la ciencia. Aunque aún no se encuentra una cura para el cáncer, la línea celular que recibe su nombre, HeLa (que se pronuncia “ji-la” en inglés), ha sido clave en el desarrollo de tratamientos para la hemofilia, el herpes, la influenza, la leucemia y el párkinson, así como de la vacuna contra la polio, el medicamento oncológico tamoxifeno, la quimioterapia, el mapeo genético y la fecundación in vitro.

Su nombre al nacer en 1920 fue Loretta Pleasant y más tarde le llamaron Henrietta. Fue la novena de diez hijos. Cuando tenía 4 años, su madre falleció y su padre la envió a Clover, Virginia, donde su familia seguía trabajando los campos de tabaco.

Henrietta fue recibida por su abuelo, Tommy Lacks, un exesclavo e hijo del propietario de raza blanca de la plantación. Un juez había dividido la plantación original entre los integrantes blancos y de raza negra de la familia Lacks, luego de que uno de los hermanos de Tommy interpuso una demanda en la que reclamó parte de la tierra heredada a los familiares negros. En ese entonces, Tommy ya se hacía cargo de otro nieto. El niño, David, conocido como Day, compartía una habitación con Henrietta en la cabaña de su abuelo, que anteriormente había sido el dormitorio de los esclavos.

Junto con Day y sus otros primos, Henrietta se levantaba antes del amanecer para cuidar de los animales y del jardín, y después pasaba gran parte del día agachada en los campos de tabaco. Las constantes exigencias provocaron que la mayoría de los niños no terminara la escuela; ella cursó hasta el sexto año del colegio.

A los 14 años, ella y Day tuvieron a su primer hijo, llamado Lawrence. Su hija, Lucile Elsie, llegó cuatro años más tarde. Henrietta y Day se casaron el 10 de abril de 1941, cuando ella tenía 20 años y él, 25. Los recién casados continuaron esforzándose y batallando por sobrevivir en su pequeña granja.

Para cuando Japón bombardeó Pearl Harbor ocho meses más tarde, algunos de sus primos ya se habían mudado para ir a trabajar a Bethlehem Steel en Baltimore. Day pronto se les unió y, una vez que ahorró lo suficiente para comprar una casa y tres pasajes de tren, Henrietta se mudó también.

Llegó a Maryland a los 21 años en medio de la Gran Migración, periodo entre 1915 y hasta entrada la década de los setenta cuando más de seis millones de personas de raza negra se mudaron de los campos del sur a las ciudades del noreste, el medio oeste y el oeste estadounidense.

Al cabo de nueve años, en enero de 1951, Lacks acudió de nuevo al Hospital Johns Hopkins, donde unos meses antes había dado a luz a su quinto hijo. Le dijo a la recepcionista de la clínica ginecológica: “Tengo un bulto en el vientre”.

Le descubrieron una masa sólida en el cérvix y, como era común, se seccionó una pequeña porción de tejido para llevarlo al laboratorio de patología del médico Gey con el fin de hacer un diagnóstico. A diferencia de la mayoría de las células cancerosas, que morían al cabo de unos días, un conjunto de células de Lacks no solo sobrevivía, sino que se desarrollaba; en un plazo de 24 horas había duplicado la cantidad y no se detuvo. Más tarde, Gey comentó que las células provenían de una mujer llamada “Helen Lane”, con lo que relegó a Lacks a las sombras. Ella murió a los diez meses de haberse presentado en el hospital.

Pero la rápida reproducción de las células HeLa continuó e inexplicablemente se convirtieron en las únicas células humanas que se desarrollaban fuera del cuerpo. Los científicos las utilizaron para conocer más acerca de los virus. Las compañías cosméticas, las farmacéuticas y el ejército estadounidense les realizaron pruebas. La revista Scientific American publicó un artículo donde informaba a los lectores como cultivar células HeLa en casa. HeLa es la línea celular humana más prolífica y más utilizada en biología.

La familia Lacks no supo que sus células estaban vivas y en todo ese tiempo nadie se enteró de que estas estaban contaminando otras líneas celulares por accidente: HeLa viajó por el aire, flotando en partículas de polvo o en las manos o pipetas, introduciéndose en lugares seguros y en aviones, arruinando años de investigación en todo el mundo y ocasionando daños por millones de dólares.

Después de la muerte de Gey a causa de cáncer de páncreas en 1970, sus colegas publicaron un artículo en una revista médica con el nombre de Lacks, a veinte años de su fallecimiento, en 1971. Tres semanas más tarde, el presidente estadounidense Richard Nixon anunció una “guerra contra el cáncer”.

La familia Lacks supo de HeLa una noche de 1973, cuando una de las nueras de Lacks cenaba con una amiga cuyo esposo resultó ser un investigador de oncología y quien reconoció el nombre de Lacks. Él le comentó que estaba trabajando con las células de una mujer llamada Henrietta Lacks y preguntó si esta había muerto de cáncer cervical. Tal como se cuenta en el libro de Rebecca Skloot The Immortal Life of Henrietta Lacks, ella corrió a casa y le dijo a Lawrence, el hijo de Lacks: “¡Una parte de tu madre está viva!”.

En 2001, a cincuenta años de la muerte de Lacks, su hija Deborah visitó el Hospital Johns Hopkins y cerró los ojos mientras un investigador de oncología abría la puerta del congelador que iba de piso a techo. Deborah abrió los ojos lentamente y observó los viales con líquido rojo. “Ay, Dios”, dijo sin aliento, “no puedo creer que todo esto sea mi madre”. Cuando él le dio uno de los viales, ella dijo: “Está fría”, y sopló para calentar el tubo. “Eres famosa”, les susurró a las células.

Clover, Virginia, y Baltimore, Maryland, están separados por cuatrocientos kilómetros aproximadamente. La distancia que avanzaron la humanidad y la ciencia, tan solo porque Lacks realizó ese pequeño viaje, es inconmensurable. Ninguna mujer fallecida ha hecho tanto por la humanidad.

Un investigador afirma: “HeLa vivirá por siempre, quizá”.

https://www.nytimes.com/es/2018/03/09/henrietta-lacks-hela-obituario-overlooked/?smid=fb-espanol&smtyp=cur