De Diógenes de Sinope a la Argentina 2018

Resulta superficial, hasta banal, el punto de vista de los sucesivos gobernantes argentinos acerca de la 3ra. Edad, los jubilados y pensionados, la gerontología. Por lo tanto es casi obvio que el régimen previsional es insuficiente, injusto e inmoral. Intentando provocar una reflexión sobre el problema, Eugenio Semino acercó algunas ideas:

Por EUGENIO SEMINO
Docente. Abogado y criminólogo.
Especialista en gerentología. Defensor del Pueblo de la Tercera Edad.
Viernes 16 de marzo de 2018
Urgente 24

Diógenes de Sinope, que se dice vivió entre los años 323 y 412 a.C., conocido exponente de la Escuela de los Cínicos en la Escuela de Pericles, solía andar a plena luz del día provisto de escasa vestimenta y con varios candiles encendidos. Cuando algunos azorados por esto, y dudosos del estado de sus facultades mentales, le preguntaban ¿para qué esos candiles? , él solía responder que era para buscar “Políticos honestos”. En realidad, si traspolamos esta escena a nuestros días y a nuestra geografía, segurmante la asimilaríamos a los problemas de corrupción que hoy se le asigna al sistema político y nos limitaríamos a concluir que todo siempre fue igual.

Sin embargo, aquel filósofo que se animó a desafiar el poder del entonces dueño del mundo, Alejandro Magno, no se refería precisamente a la corrupción si no a la falta de luz en el pensamiento de los decisores sociales de esa época. Falta de luz para poder modificar las condiciones de vida de su pueblo, aún ante la desbordante obviedad que ofrecía la realidad.

En la actualidad, quienes trabajamos cotidianamente en la asistencia directa al Adulto Mayor, experimentamos una sensación similar respecto a la visión de nuestros dirigentes tienen de la Seguridad Social y más de una vez estamos tentados a salir con linternas a plena luz del sol a buscar ese pensamiento.

La mirada que se tiene sobre la Seguridad Social es absolutamente monocular y edatista, por lo cual se la supone relacionada exclusivamente con la condición de añosos que tenemos algunos o con lo que fue nuestra relación por la producción de bienes para otros a lo largo de nuestra vida, y así suele referirse equívocamente, a través de esa mirada, a la cuestión previsional, “la vejez”, etc. Esto, se convirtió casi en un apotema social aún para quienes promovemos desde la visión Gerontológica una mirada holística. Con esto nos referimos a ver en forma unicista a nuestra sociedad y a quienes la integran, más allá de su condición etárea, de género, grupo étnico, religión, etc. Esas segmentaciones, muy difundidas en la sociedad moderna, y a veces emergentes de generar discriminación positiva, han llevado a Tupacamarizar la problemática y no precisamente a integrarla para modificarla integralmente.

La Seguridad Social, para la escuela de la Pos Gerontología, surgida en los primeros años de la década del ’90 del siglo pasado, contempla el análisis de grandes pilares que transversalmente apuntalan todo el cuerpo social y que en su desarrollo armónico y sus debilidades establecen, como decía Stefan Zweig en tiempos históricos los momentos florecientes u oscuros de una sociedad. Estos pilares son el Trabajo y la Previsión, la Salud y la Educación, e inclusive en los presupuestos estaduales suelen tener las mismas fuentes de financiación.

Hoy en Argentina, y referimos a un hoy histórico que comprende las últimas décadas, más allá de las administraciones que ha tenido el Estado, estamos sometidos a invisibilizar la crisis y reemplazar la verdad, la “parrasía” a la cual refería Michel Foucault, por la onanística misión de debatir una falacia. Esto tautológicamente da como resultado estar cada vez más sumergidos en esa falacia y convivir patológicamente con el sufrimiento, la degradación de la condición humana y la muerte de nuestros congéneres.

Por eso, solemos debatir sobre reajustes, porcentajes, diferencias ínfimas para, por ejemplo, haberes que no cubren el 40% de las necesidades básicas de quienes los reciben; o insignificantes descuentos en medicamentos que se nos cobran más del 200 o 300%, a diferencia de otros países del mundo e inclusive de Latinoamérica.

Todo esto parte de lo que describíamos al principio y va cronificando el malestar social que arrastramos a lo largo de nuestras vidas y que condicionan el criterio de felicidad para el sujeto colectivo del cual somos parte. Yendo concretamente, a los referidos tres pilares, en lo que hace al Trabajo y la Previsión, debiéramos abocarnos a resolver la situación del trabajo esclavo, del trabajo no registrado, de la explotación infantil, del trabajo en explotación del adulto mayor, y obviamente lo que el mismo tiene que generar como bienestar para el trabajador y como financiamiento para el Sistema, a sabiendas que ya esa mirada de posguerra en relación al sostenimiento de la previsión desde este recurso no existe en el mundo y muchísimo menos en Argentina.

Por lo cual, el otro gran segmento a resolver es cómo se reemplazan impuestos al consumo, y fundamental el IVA, y hoy son parte esencial de ese sostén, por las rentas de las cuales, salvo en pequeña proporción hidrocarburo, ninguna destina un solo peso a la Previsión, cuestión que si han resuelto los países que lograron un estadío de bienestar para sus pensionados y jubilados y con ello a todo el entramado social, ya que lo que no aporta económicamente a través de los ingresos mensuales, se compensa con la erogación a través de subsidios económicos.

El otro pilar, referido a la Salud, mencionábamos la cuestión del fármaco, cuya provisión está carterizada desde el año 1997 y que financia, como en otros países de la región, las campañas electorales y el buen pasar de muchos de las que de ellas participan a costa de concebir la enfermedad como negocio y ausentar para siempre en la memoria de nuestro país la concepción de la salud como bien social y la necesidad de un sistema Socio Sanitario para manternerla.

Por último, la Educación, el tercer y grandemente olvidado pilar es la que nos tiene que proveer de las herramientas indispensable para la transformación, conforme decía Erich Fromm, para que nuestra sociedad, más allá de las edades.

El desafío queda planteado, el expertice no está ausente en el recurso humano de nuestra sociedad, las herramientas técnicas, se pueden aprehender incluso desde los medios de comunicación, lo único ausente es una masa crítica que primero perciba, y luego exija las decisiones para cambiar el sino que aparece como fatal para el destino de nuestro pueblo.

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