La exquisita pintora que a los 100 años ya no elige el silencio

Su vasta obra no se conoció hasta el año 2000 y luego cosechó elogios. Diálogo con la gran artista Ides Kihlen

11/07/2017
Clarin.com

“Todo lo que hice en mi vida fue con pasión.” A los 100 años -que cumplió el lunes-, Ides Kihlen conserva ese destello en la mirada, una intensidad con la que nació y que la llevó a vivir dentro del arte. Sorpresivamente saltó a la fama a los 83, a instancias de un galerista que vio su obra y quedó subyugado. Hasta entonces su vida como artista y eximia compositora transcurrió en silencio, al margen de los circuitos comerciales del arte.

Cuando habla con Clarín, en su estudio ubicado en avenida Alvear, una de las calles más chic de Buenos Aires, la artista exhibe una memoria envidiable y parece haber descubierto la fórmula de una longevidad saludable: ser un alma libre.

Hija de padre sueco y madre suiza, su infancia transcurrió en el Chaco profundo. Las escuelas quedaban muy lejos, se llegaba a caballo y había que quedarse a dormir durante la semana. Por eso su padre contrató un capataz, cuya mujer docente fue la institutriz de Ingrid y de su hermana fallecida.

A los cuatro años comenzó a decantarse por la creación. “Así nomás, toda mi vida estuvo vinculada con el dibujo y la pintura. Lo hacía por mi cuenta. Mis padres fueron muy generosos y yo, una privilegiada. Mi mamá era muy estricta. Si quería dedicarme a la pintura, tenía que estudiar, y si me gustaba la música, tenía que ir al conservatorio”, cuenta Ides, coqueta y con mucho humor. Y así conoció a grandes maestros: Pio Collivadino, el primero de todos; luego Vicente Puig. Después de una primera etapa figurativa, se inscribió en los talleres de Kenneth Kemble, Emilio Pettoruti y Juan Batlle Planas. Una decisión que fue clave para su despegue abstraccionista, como lo fue el taller de André Lothe, en París.

Su pasión por la pintura y la música –compuso más de 280 partituras a lo largo de su vida- no le impidieron formar una familia, tener dos hijas y ver crecer a los nietos.

“Desde que me puse de pie y caminé no recuerdo haber hecho otra cosa que vivir dentro del arte. La pintura siempre fue muy importante para mí. Nunca vendí mis obras porque no quise especular. No sé por qué no quise mostrarlas. Quizá, por timidez”, dice Ides, con sus gafas oscuras y su vincha colorida.

Adolescente aún, la artista conoció a Walt Disney, cuando en 1941 el inventor de un mundo de fantasía llegó al país. Visitó la escuela de arte donde Ides estudiaba. “Le pregunté qué pensaba hacer acá. No sabía quién era. Venían muchos maestros espontáneos y pensé que era uno de ellos”, recuerda risueña.

La muestra homenaje en el CCK, en la sala 512 del Centro Cultural, estará hasta finales de agosto. Fue diseñada a partir de una línea histórica, que incorpora tres trabajos figurativos que Ides pintó mientras le contaba cuentos a su nieta y, en total, comprende 50 trabajos. Fue declarada de interés cultural por la Legislatura porteña, a instancias del legislador Daniel Raposo Varela (PRO).

Antes, como parte del homenaje a la artista por su centenario de vida, se abrió una muestra en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, alentada por María Kodama, amiga de Ides. En diálogo con Clarín, la viuda del escritor destaca a Ides Kihlen como “un ser excepcional, llena de vida y con una gran pasión interior”. Y subraya que su faceta como compositora es tan maravillosa como su rostro en la pintura.

Además de las exposiciones de sus trabajos, el Correo emitirá un “entero postal” que tendrá como imagen una obra de Kihlen e información sobre su trayectoria.

Del arte figurativo que llevó adelante durante años quiso pasar un día al arte abstracto. Ides lo recuerda como una época difícil: “Me costó pasar a lo conceptual. Había estudiado historia del arte y me gustaba el figurativo, pero la abstracción era un desafío”, subraya. Empezó a observar lo que ocurría a su alrededor y fijó su mirada en Europa. “Me pregunté: ¿quién triunfa allí?” Sus obras comenzaron a verse y venderse en Nueva York, París, Bruselas, Roma, Sidney, Londres y en países remotos como Arabia Saudita. “Llegaron a las ferias de arte”, rememora Ides, que recuerda los destinos que su trabajo alcanzó.

“Creo que mi arte representa las ideas que se me ocurren. Por ejemplo, desde el color. Ahora se me dio por pintar un cuadro colorado. Empiezo y lo dejo, hasta ver qué otra cosa me ocurre. Muchas veces sueño lo que luego voy a pintar. Hace poco soñé con un carnaval en colores y me asusté, porque dicen que los locos sueñan en colores”, comenta y se ríe.

Su obra es vibrante y bella. El curador Jorge Taverna Irigoyen, que escribió un libro sobre Kihlen, dice que su “coherencia en los planteos y el fervor en la continuidad expresiva constituyen sin duda un singular ejemplo estético. Artista reflexiva, entra en la abstracción como una consecuencia de aquella formación, arribo que significará ante todo una afirmación de sus recursos plásticos”.

El gran interrogante es por qué pasó tantos años sin mostrar sus trabajos. “La década del ‘80 -dice Taverna Irigoyen-, es una época de definición cierta de su plano pictórico. Sin embargo, hasta el 2000 en que debuta sorpresivamente en la feria arteBA, elige el silencio más pleno.” Desde entonces sus obras no sólo se han presentado en salas del Museo Nacional de Arte Decorativo, sino que se han expuesto en San Pablo y en Sidney, por nombras dos ciudades distantes, y han merecido críticas relevantes.

Si de algo puede presumir la artista a sus 100 años es de haber tenido una personalidad definida desde pequeña. No sólo dentro del marco artístico nacional, donde muchos otros hicieron lo propio. También Kandisky, Klee, Miró, Picasso, por nombrar algunos.

Ya fuera que pintara en blanco y negro, o en color, por lo que se aprecia de su rica producción artística, Ides Kihlen se concentró en los procesos creativos. Fue hace 17 años cuando un galerista visitó su casa para comprar obra de otro artista, quedó prendado con sus trabajos, los llevó a arteBA y vendió todo.

Con la misma frescura con que deshilvana recuerdos, Ides se levanta y se acerca al piano, sobre el cual se amontonan partituras. Sobre la mesa contigua hay obras pequeñas y coloridas que acaba de realizar. Interpreta una pieza bellísima, con energía juvenil. Al final dice: “Acabo de improvisar”.

FICHA

Cien años del arte abstracto: obras de Ides Kihlen

​Al cumplirse un siglo de la formación del grupo “De Stijl”, hito en los inicios del arte abstracto, una recorrida por la notable producción de la artista.

En el CCK (Sarmiento 151). Miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20. Sala 512.

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