Los retos de las metrópolis y las personas mayores

La accesibilidad en la ciudad moderna. Como resolver una cuestión inmediata.

Autor: Diego Bernardini

7.4.2017

De la palabra “inteligencia” hay muchas acepciones. El diccionario de la RAE por si solo menciona ocho. Sin entrar en preciosismos, podríamos decir que se la define como la facultad que permite aprender, entender y razonar para poder tomar decisiones ante una determinada realidad. Un equipo de la universidad de Harvard identifico también, ocho tipos diferentes de inteligencia, desde inteligencia lingüístico verbal, pasando por la matemática y la conocida emocional hasta naturalista e interpersonal. Hay para todos los gustos. Sin embargo, la palabra inteligencia denota una facultad cognitiva superior que permite anteponer o predecir.
Este es el objetivo de un gran movimiento mundial conocido como smart cities o “ciudades inteligentes” que esta fuertemente vinculado a la idea de sustentabilidad. Se trata de un concepto emergente y actual asociado al desarrollo de las ciudades. Es, de alguna manera, utilizar la inteligencia para predecir lo que ocurrirá y buscar así, la mejora de la calidad de vida de sus habitantes y sus próximas generaciones, ya que proceso de urbanización está considerado uno de los principales condicionantes para nuestro futuro. No solo migran las personas de un país a otro en busca de una mejor vida, también migran las personas a la ciudad en la búsqueda de mejores oportunidades.
Esta semana se llevó a cabo un encuentro en Buenos Aires al que concurrieron alcaldes y representantes de cuatro grandes ciudades: Madrid, Buenos Aires, México y Miami; un foro para discutir los retos de las metrópolis entre funcionarios, periodistas y otros sectores. Allí hubo mucho del concepto “ciudad inteligente”. Los temas a tratar fueron seguridad, transporte, infraestructura y el cambio climático.
Una de las palabras de moda e innovadoras que suelen escucharse en estos encuentros es “determinantes o elementos disruptivos” como una traducción del anglicismo “disrupt drivers”. Esas fueron en mayor o menor medida las palabras con las que titularon su libro un grupo de investigadores de la consultora internacional McKinsey “No ordinary disruption” (2015) que se centra en cuatro factores que según los autores, influirán de forma determinante en el desarrollo mundial de corto y mediano plazo: el urbanismo, los avances tecnológicos, el flujo de comercio y mercados financieros y… el envejecimiento de la población! Un tema ausente no solo en este foro, sino en muchos otros.
Que ocurre con la situación de las personas mayores en cada una de las cuatro ciudades representadas en dicho encuentro? Miami es la capital del estado de Florida en EE.UU., el elegido por excelencia para el retiro o jubilación de sus mayores. Es el primer estado del país en proporción de mayores de 65 años según un Estudio de la Florida State University de 2015, donde el 17% de sus habitantes tiene más de 60 años, lo que equivale a casi 3,5 millones de adultos mayores. México, como país tiene cerca del 9% de su población mayor de 60 años y se calcula que para 2030 los mayores de esa edad serán más del 15% del total de 120 millones de mexicanos. Solo en la ciudad de México hay más de un millón de adultos mayores que en proporción, duplican la media nacional. Madrid tiene algo más de 3 millones de habitantes de los cuales más de 600,000 son mayores 65 años. En España uno de los tres países más envejecidos de Europa, Madrid salió a buscar en sus vecinos del País Vasco la guía para hacer de su ciudad una ciudad amigable para los mayores. En eso está el gobierno de Manuela Carmena, su alcaldesa de 73 años, una adulta mayor y activa.
¿Y Buenos Aires? En la ciudad según datos de 2012 el 16% es mayor de 65 años y uno de cada cuatro habitantes tiene más de 60. Hoy son aún más. Algún dato de color más es que el porcentaje de pobreza en este grupo social es menor que en la población general por la cobertura en seguridad social, suelen en su mayoría ser propietarios de sus viviendas y ser consumidores muy selectivos y poco influenciables por las campañas de mercadeo. Además, por si fuera poco votan y con una intención muy definida. Digamos que son “ciudadanos (muy) inteligentes”.
Haber desarrollado ese encuentro en la ciudad está muy bien. No solo América Latina es la región más urbanizada del mundo. Argentina es un país urbano, casi nueve de diez habitantes vivimos en ciudades. Sin embargo, el encuentro sobre los retos en las metropolis estuvo cojo. Pensar la urbanización sin el componente “adulto mayor” es de miopes. Llama la atención, preocupa, que no se involucre a los mayores como tema, como prioridad y como desafío. La evidencia, a nivel global, muestra lo contrario. Hoy la red de ciudades “amigables” para las personas mayores de la OMS agrupa más de 400, incluyendo Buenos Aires (¿?).
Los desafios a los que se enfrenta la inteligencia encuentran una nueva acepción que excede al diccionario de la RAE. Hay inteligencia y ciudades inteligentes con nuevos retos. Pero no debe de ser una inteligencia selectiva y negadora de la realidad, desconocedora de quienes las habitan y habitarán. No debemos quedarnos con el ahora. La miopía, a diferencia de las cataratas que sufren los mayores, se corrige con lentes recetados. Será oportuno entonces la visita al oftalmólogo antes de que el reto se haga presente donde suele hacerlo con determinación: en las urnas. Un espacio muy frecuentado por los adultos mayores y que los funcionarios no desdeñan a pesar de que sufran de miopía.

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