Nacha Guevara: “La vida se ha convertido en un reality”

A los 76 años, la actriz-cantante y directora sostiene que no estamos en épocas de valores, que la televisión muestra realidades contrapuestas y que su vínculo con el teatro y el público la conmueve. Habla de su apuesta por quedarse en Buenos Aires con un espectáculo y dice que está aprendiendo a mirar desde lo más alto.

Exitoina
3.1.2017

Nacha Guevara (76) dice: “Me parece ya no me queda más remedio”. Habla sobre la certeza de escribir un libro, haciendo hincapié, claro, en su estilo de vida, ese que implica ser vegetariana desde hace más de treinta años, meditar todos los días y otros procesos que siempre se destacan a la par de su claridad, de su nobleza al amar y su gran vínculo con el teatro y el público argentino. La ex jurado del Bailando vuelve el 6 de enero con Stravaganza sin reglas para el amor (teatro Broadway), junto con Eleonora Cassano y Felipe Colombo.

Nacha misma cuenta la historia de la nueva puesta en escena de la obra: “Un joven poeta, muy joven, llega a un lugar mágico, el Bar Roma, y ahí pasa de todo: es un mundo muy irreal, donde se encuentra con Erato, la musa de la poesía, que lo va acompañando, lo va alentando.” ¿Se sintió Nacha alguna vez como su Erato, una musa? “Una musa es como una maestra, ¿no? Creo que todos inspiramos algo en el otro. Sé que soy capaz de inspirar cosas en los otros, buenas y malas. Pero cuando lo hago conscientemente soy capaz de inspirar cosas buenas. Lo que yo hago, lo que estudio, lo que practico, hace que cuando uno logra ser quien uno es, inspira a los demás. La batalla primordial de la existencia es ser quien uno primordialmente es. Uno cree que es lo que los padres, la televisión, las creencias, le fueron inculcando. Pero uno es más que eso. Mucho más que eso.”

—¿Por qué creés que tu estilo de vida es tan llamativo para la gente? ¿Por qué se fascinan con tu aspecto o salud?
—Llamativo es, creo yo. Según en lo que se enfoquen, si se enfocan en la apariencia seguramente serán personas que en su vida sólo se enfocan en la apariencia. Si se enfocan en la salud o el conocimiento, se enfocarán más en cómo se llega. Depende desde dónde uno mira.

—¿Desde dónde ves la vida ahora vos?
—Estoy tratando de aprender a mirar todo desde lo más alto. Y es un camino, es un proceso. No es sencillo porque la realidad siempre te está tirando hacia abajo, te trae hacia abajo. Es el mandato que hay. Son elecciones de vida. Siempre tenemos la posibilidad de elegir. Solemos pensar que no porque eso nos hace sentir víctimas, cuando uno no elige los demás eligen por uno. Cuando sos víctima, le das todo el poder al otro: tu pareja, la policía, el presidente, la comedia, el shopping, el afecto. Pueden ser muchas cosas. Uno siempre puede elegir a qué le da el poder. Es algo que no se hace de la noche a la mañana. Es un ovillo, uno infinito: no empezás por el centro, empezás por la punta de la madeja.

—¿Cómo ves el mundo en este momento con la violencia que aparece a diario? ¿Te preocupa lo que les queda a tus nietos?
—El mundo está en un momento de mucha “revolú”, como dicen en Puerto Rico. Unos cambios que sabemos adónde van a llevar, pero que ya están. Hay signos de profundizar conflictos, de odio, de racismo, de separación. Mis abuelos se hubieran preocupado mucho por el mundo en que iba a vivir yo. Como en Medianoche en París, donde cada época cree que es la peor. Las generaciones nacen con las herramientas que necesitan para el tiempo en que van a vivir. No estamos en una época de valores.

—¿Qué época creés que es?
—La época del desorden. Pero siempre antes de un gran cambio hay caos. Quizás estamos a la puerta del gran cambio. Es un tiempo caótico, rápido, de ser superficiales gracias a esa rapidez, todo nace y muere rápido. Te vacunan contra el horror. Es un reality. La vida se ha convertido un poco en un reality. Es difícil separar lo que actuás de lo que sos. Los actores eso lo tenemos más claro, si no Hamlet mataría a Polonio en el segundo acto. Los actores saben cuándo actúan y cuándo no. La sociedad va a un lugar donde no se sabe cuándo somos personajes y cuándo no.

—¿Cómo viste a la televisión argentina este año?
—Veo poca televisión. Mucho cable, y veo noticieros. No veo televisión abierta. Hace mucho ya de eso. No me atrae. Cuando veo los noticieros, veo mucho, porque ves uno y pasás al que le sigue y ves dos países diferentes. Cuando ves los títulos de uno y otro decís “Ah, bueno, amanecí en Nueva York” y el otro “Ah, bueno, en el Congo Belga”. Y están uno al lado del otro. Veo demasiada televisión tal vez.

—¿Qué te modifico comenzar a enseñar lecciones en Clotilde.Life, tu sitio con muchos videos que pueden verse en YouTube?
—Hace 35 años que hago esto. Lo que yo paso no es información, es experiencia mía. Eso no quiere decir que le sirva al otro por eso. No paso información, ya estamos saturados de información, ya nadie necesita más. Lo que trato de pasar es conocimiento. En estas escuelas primero es la experiencia. Lo otro es moda. Las modas pasan. Estos son caminos, y uno decide por cuánto tiempo lo son. Si querés ver resultados verdaderos, tenés que transitar un poco. Cuando le das al cuerpo lo que necesita, son muy nobles y te responden. Sin continuidad no hay resultados.

—¿Cómo ves la temporada teatral en Capital este verano, después de un año de dificultades en las entradas?
—Se armó más de lo que esperábamos hace un mes, mes y medio. Algunos empresarios optaron por la más fácil, que es cerrar la puerta. Pero en calle Corrientes habrá un montón de espectáculos. Esa es la resistencia de la gente del mundo del espéctaculo. Estamos muy entrenados en eso. Una de las cosas a las que deben acostumbrarse los actores, la gente del teatro y quienes recién empiezan es al no. Por cada cosa que hacemos, hubo otras quince veces que nos dijeron que no. Eso crea una resistencia en el mejor sentido, resistencia de levantarte y hacerlo de nuevo. El teatro ya tiene miles de años, es el espectáculo más viejo, pero ahí está. Lo que se vive en un teatro no se vive en otro lugar. Es un lujo muy grande que cuatro gatos locos se dediquen a hacer un espectáculo para vos, que no existe en otra cosa porque todo es a máquina.

—¿Qué te da a vos el teatro?
—Muchas cosas. Yo amo cada vez más el teatro, lo comprendo cada vez más. Mi vida ha pasado en el escenario. El teatro es mi hogar, el escenario es mi casa. Me dio la relación de amor más permanente de mi vida: el público. Todo lo demás fluctúa, y han pasado muchos años, y es muy conmovedor ver que esa gente está, y vuelve. No hay relaciones sanas de cincuenta años (quizás esas parejas viejitas de la mano). Es una relación de amor con el público. Me conmueve. Sigue sorprendiendo. Tiene que ser así. No lo podés dar por descontado. Es un milagro la relación con el público.
Por Juan Manuel Domínguez para Diario Perfil

Nacha Guevara: “La vida se ha convertido en un reality”