Dales más tiempo a tus abuelos

Algunas ideas para sintonizar en la frecuencia de los pioneros de tu familia.

Por Cecilia Alemano | Para Revista OHLALÁ!

ASí como cuando nosotras aprendíamos a caminar ellos frenaban su paso para esperarnos, llevándonos de sus manos, con paciencia y compasión cuando nos caíamos, hoy la vida nos propone un cambio de roles. Entonces, antes de sucumbir a la nostalgia o la indiferencia, simplemente hagamos un espacio para el encuentro, para ponernos a su ritmo y honrarlos.

LA RONDA ES SAGRADA

Tomar conciencia del rol de nuestros abuelos es ser conscientes de la circularidad de la vida. Es comprender que nacemos indefensas y nos vamos a morir del mismo modo. Por eso, cuando estamos en nuestra madurez y somos las portadoras de la fuerza (incluso en términos de independencia y de solvencia económica), nuestro rol es cuidar. Cuidar así como fuimos cuidadas. Cuidar como volveremos a ser cuidadas. Puede pasar que nuestros abuelos no sean como esos viejitos cancheros de las publicidades que aprenden a usar una tablet o que no hayan sido esos abuelitos tiernos en nuestra infancia.

Tal vez nos toque encontrarlos hundidos en su sillón o en su cama, quejosos o mirando las noticias horrorizados, o en completo silencio. Pero aun así, nuestros mayores necesitan cuidado (e incluso nuestros papás a veces necesitan que les demos una mano para liberarlos un poco de la responsabilidad de atender a sus viejos): con algunos es más placentero y hasta los disfrutamos (nos dan ganas de devolverles un montón de las cosas que nos dieron) y a otros, simplemente… hay que cuidarlos, casi como un servicio, un acto de generosidad dentro de nuestra familia. A veces sentimos incomodidad y hasta culpa, pero esos sentimientos, una vez reconocidos, se pueden liberar, para dar lugar a lo que sí hay, que es el amor profundo que atraviesa ese linaje de abuelos-nieta, el amor que siempre le abrió paso a la vida.

ACOMPASARSE

Ya no vivimos con ellos, no sabemos qué les pasa ni a qué ritmo van. Pero algo es evidente, aunque por momentos se nos olvide: al comienzo y al final de la vida no se está en la plenitud del funcionamiento. Los chicos y los ancianos experimentan algunos miedos que nos cuesta entender, no se animan a ciertas cosas y otras simplemente están tan fuera de su circuito que ni las desean.

Nuestra mente occidental está muy identificada con la movilidad, el éxito, la consecución de cosas. Los ancianos, que están en el ocaso de su energía y se desprendieron de esas habilidades, quedan como caídos del mapa. Ahora no tienen agenda. En un punto, vuelven a ser como niños viviendo el aquí y ahora. Comer, bañarse y hacer una excursión al supermercado quizá sean las pequeñas grandes tareas cotidianas.

CÓMO PODÉS DARLES MÁS TIEMPO

Saber estar en silencio: entonces, cualquier acercamiento nuestro debe ser en el contexto y el código de ellos. No siempre hay “temas” para hablar, así que el desafío es hacer pasar el amor y la conexión por otro lugar, además de la charla. “Compartir” es una palabra mucho más amplia que “hablar”. Podemos leer al lado de nuestros abuelos cuando dormitan, o cebarles unos mates, o, ¡si todavía cocinan!, disfrutar de ese tuco que estuvo en la hornalla desde temprano, ordenar fotos con ellos, regar las plantas o mirar la tele juntos.

Entrar en su código: la palabra clave es “acompasarse”. Acompañar lo que para ellos es felicidad hoy, que quizá sea, simplemente, jugar a las cartas. Y si organizamos salidas, hacerlo aceptando sus tiempos y ansiedades (“pero ¿a qué hora volvemos?”, “¿queda lejos?”, “¿ya nos vamos?”), respetando sus intereses y sus posibilidades físicas. Y cuando quieren hablar, escucharlos. Si se les despiertan recuerdos de otras épocas, si nos cuentan por decimoquinta vez la anécdota de cómo se conocieron o si se quejan de la vecina de al lado que hierve brócoli a las ocho de la mañana…, para nuestros abuelos es importante que haya un par de oídos atentos y receptivos.

Acompañar su entusiasmo: también ocurre que necesitan expresar sus proyectos, que a veces ya no pasan por crecimiento económico o viajes, sino por hablar de a quién le van a dejar tal o cual cosa o en dónde les gustaría ser enterrados. Y por propio prurito o por creer que la muerte -el más natural de los eventos junto con el nacimiento- los va a deprimir, los dejamos aislados.

TODOS GANAN

No es fácil bajarse del tren bala en el que estamos para entrar en un modo más slow, y menos resultadista. Sin embargo, como esa tómbola a la que jugaban nuestros abuelos que decía “Ganan todos”, en nuestra vida real generar estos espacios de encuentro con ellos nos trae grandes recompensas. Aunque a veces se nos jueguen algunas resistencias, acompañar la vejez nos prepara para la nuestra, nos hace relativizar las pequeñas pavadas cotidianas por las que hacemos un mundo, nos hace tomar conciencia del lugar del que venimos y hacia dónde queremos ir. Ganamos en la capacidad de saborear otra dimensión de comunicación e intercambio, y así volvernos menos proactivas y más observadoras. Incluso, cuando son muy viejitos, podemos sentir que hay algo de meditación en el aire, en lo lento de los movimientos, en el “ya no tener que hacer nada” que tienen los más mayores.

Quizá seamos capaces de reflexionar acerca de cómo es la vida en toda su extensión y de cómo se vive cerca del final, porque, en definitiva, todos nos vamos a morir. Los viejos más reflexivos casi siempre comprendieron eso de que la vida es corta, e incluso hablan de la muerte sin el apego desesperado de años anteriores, son realmente la voz de la experiencia. Entonces, quien quiera “oír”, que oiga, porque hay tanto por aprender, y ahí sí volvemos a ser nietas, como cuando nos leían un cuento o nos arropaban de noche. El amor que damos siempre vuelve multiplicado, y esos olores y sabores que solo existen en su casa quedan para siempre en el alma. .

SUMALOS A LAS REDES

Según nuestra especialista techie, Juli Schulkin, con tantos avances tecnológicos, los abuelos se sienten outsiders de la era digital. En Buenos Aires, según datos oficiales, hay 150 mil adultos mayores que viven solos. El 70% no usa tecnología pero está interesado en aprender. Incluso, según el estudio Ages 2.0, las redes sociales y otros usos de Internet pueden promover la inclusión social y estimulan la memoria.

Algunos lugares de la movida “abuelera” en redes:

Instagram

La comediante @connieballarini sube videos de su #AbuelaErme

La bloguera @lulubiaus instaló el hashtag #LaTerceraEdadInspira.

Facebook

El grupo “Amo a mis nietos/@s ” tiene más de 55 mil abuelos que comparten fotos de sus nietos.

“Aprender Salud” #AbuelosDelFuturo es un programa de bienestar y salud que incluye a la tercera edad (del Hospital Italiano).

Y VOS … ¿QUÉ APRENDISTE DE TUS ABUELOS?

Natalia Gómez Bustamante, 36 años, y Carmela, 85 años: “Me enseñó a hacer guisado de papas al modo andaluz. Tiene un amor por aprender que sorprende. Ama viajar. Hizo yoga, teatro, coro y, lo último, pintura al óleo. Saca manchas de lo que sea, incluso esas del alma”.

Luli Escalante, 30 años, y Ana María, 79 años:”Los fines de semana en mi infancia los pasé con ella. Admiro su entereza constante a lo largo de la vida, que bastante la zamarreó, y amo fuerte ver el amor desmedido y mutuo que tienen ella y mi hijo Benjamín, su bisnieto”.

Vero Mariani, 35 años, y Rosanna, 88 años:”Mi nona es una gran amiga, la más sabia. Recorrimos juntas su Italia natal. Nuestros rituales de cabotaje incluyen desayunos o meriendas las dos solas. Su curiosidad es inagotable. Ya entrando en años jubilados, se volcó a su pasión, la escritura”.

Paula Coello, 38 años, y Osvaldo, 94 años:”A sus 94 años, es el abuelo más canchero… Le encanta bailar, es hincha fanático de Boca y coordina las fiestas de un centro de jubilados. Me enseñó a levantarme con una sonrisa y que ‘nunca es tarde para ser lo que podrías haber sido'”.

http://www.revistaohlala.com/1974267-dales-mas-tiempo-a-tus-abuelos