No es una utopía: ciudades amigables para los mayores

Hace pocos días, la Secretaría de la Tercera Edad a mi cargo adhirió, en representación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al Programa de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Es una decisión importante cuyo objetivo es verificar y planear las mejores condiciones urbanas para hacer de Buenos Aires una ciudad verdaderamente amigable para los adultos mayores que residen en ella y los que la visitan.

Claudio Romero
11 de diciembre de 2016
infobae.com

Hasta el momento, nuestra ciudad es modelo en el país en cuanto a facilitar la realización de actividades que ponen en valor lo que denominamos envejecimiento activo, y también respecto de incorporar recursos que permitan el desplazamiento adecuado de las personas de mayor edad. Así, hoy, a modo de ejemplo, los mayores pueden cruzar en cuatro tiempos la ancha avenida 9 de julio, concebidos en consonancia con la realidad física de esa franja etaria.

Las plazas porteñas están siendo acondicionadas para contener en su gran mayoría instrumentos de gimnasia para los mayores, bancos y mesas que facilitan el encuentro de amigos y vecinos, luminarias que neutralicen en parte la inseguridad, caminos internos adecuados para el desplazamiento sin accidentes. Poco a poco, se van equipando los espacios verdes con estos elementos.

La gradual incorporación de rampas en las subidas y las bajadas de las veredas forma parte de esta adaptación que no comenzó este año, sino que se viene realizando desde que el PRO asumió el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El Metrobus buscó la forma de agilizar el transporte en la ciudad y simultáneamente adaptó sus aperturas al ras de las estaciones de espera para facilitar el ascenso y el descenso de los mayores.

El mejoramiento de los subterráneos funciona en esta línea de pensamiento urbano moderno, donde los viejos pasamanos fueron reemplazados por otros más sólidos, con portaequipajes para colocar bolsos y manijas a una altura adecuada para las personas más bajas. Lo más importante son las advertencias gráficas que determinan los asientos exclusivos para los mayores o las mujeres embarazadas. Los subterráneos son ahora vehículos agradables de utilizar, especialmente por la refrigeración en la temporada veraniega. La incorporación de ascensores en algunas estaciones de la red subterránea y la instalación de asientos para mitigar las esperas se inscribe en la estrategia general del transporte. El objetivo es que todas las estaciones cuenten con estas comodidades.

Que falta mucho por hacer es indiscutible. Pero desde que Buenos Aires adhirió, junto con otras 350 ciudades, al Protocolo de Vancouver que sustenta el Programa de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el avance ha sido importante y ya es sabido que nuestra ciudad lidera en el país en cuanto a las comodidades que año a año van incorporándose.

El número uno en envejecimiento activo, Alexandre Kalache, en su última visita a Buenos Aires reconoció que esta se encuentra a la vanguardia de todas las ciudades de países en vías de desarrollo y que es un ícono para tomar como ejemplo. Kalache es un reconocido impulsor de las ciudades amigables, vive en Río de Janeiro (Brasil) y trabaja constantemente este tema en Londres (Gran Bretaña) y en Nueva York (Estados Unidos).

La Secretaría de la Tercera Edad es consciente de que uno de los problemas a resolver son las veredas rotas de la ciudad, una práctica de las empresas de servicios, que —aunque es su obligación— no siempre cumplen con la reparación después de resolver cortes e interrupciones que reclaman el trabajo bajo tierra.

Se está trabajando intensamente para que todas las líneas de transporte urbano y colectivo adapten las subidas y los descensos a ras de las veredas para evitar caídas y dificultades en el acceso. Esta meta es la que más tiempo lleva en cualquier ciudad del mundo.

La población de la Ciudad de Buenos Aires es la más envejecida del país y en eso se asimila a las poblaciones europeas. Sin embargo, dentro de Argentina, es la ciudad en la que mejor se vive, al decir de los compatriotas que nos visitan desde cualquier provincia .

Sin duda es, a la vez, una urbe compleja, porque alberga a tres millones de personas, entre las que viven y las que diariamente llegan a cumplir con sus trabajos desde el Conurbano bonaerense. Se estima que en la Ciudad de Buenos Aires viven aproximadamente setecientas mil personas mayores y entre ellas se incluye la mayor concentración de población mayor de 80 años.

También Buenos Aires es la ciudad donde más nos reclaman, porque el envejecimiento activo que caracteriza a esta franja etaria porteña hace que las personas mayores posterguen por lo menos diez años el ingreso a la fase de inactividad y estén atentas a defender sus derechos humanos, en relación con otras ciudades del país. Basta ver la favorable reacción respecto del programa +Simple para darse cuenta de la avidez de los mayores por poseer una tablet y establecer desde esa herramienta el contacto con el entorno familiar, la esfera pública y el mundo en general.

La atención a los mayores desde la Secretaría pone su énfasis en el cuidado por malos tratos desde el Programa Proteger, que cuenta con un refugio anónimo donde resguardar a las víctimas de golpes y abusos. Del mismo modo, el Programa Cuidadores Domiciliarios se ocupa de quienes carecen de familia y recursos para su atención diaria por problemas de salud.

Una meta auspiciosa de toda gestión debe basarse en la idea de integración entre el Estado, la familia y las instituciones intermedias para alcanzar el bienestar de todas las personas mayores, como un reconocimiento a la dedicación, la voluntad y el deseo de mejoramiento del país que ellos siguen anhelando, tanto como quienes estamos activos.

El autor es secretario de Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires.

http://www.infobae.com/opinion/2016/12/11/no-es-una-utopia-ciudades-amigables-para-los-mayores/