Las cuatro facetas que hay que conocer de Maimónides en el 812 aniversario de su muerte

Joaquín Lomba, catedrático de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, analiza esta figura histórica cordobesa

Mosheh ben Maimûn, o Maimónides es uno de los grandes de nuestra historia. Personalidad inmensamente rica, ejerció un papel fundamental en el pensamiento y cultura tanto judía como cristiana europea. De él se dijo que «Entre Moisés (el bíblico) y Moisés (él mismo) no hubo otro Moisés». Y en el siglo XIV Yedahyá Peniní lo llamó «El Doctor Máximo de la Sinagoga», papel que sigue desempeñando hasta la actualidad.

Nació en Córdoba el 30 de marzo de 1135 (el 14 del mes de Nisan del calendario judío). Huyó con toda su familia de la represión almohade a Almería, a Fez y finalmente, tras pasar por Jerusalén, a El Cairo, donde murió el 13 de diciembre de 1204 (el 20 de Tebet del calendario judío).

Fue enterrado en Tiberias, al lado del mar de Galilea,siendo su tumba centro de veneración. Pese a su vida fuera de Sefarad,se sintió orgulloso de ser andalusí y sefardí. En su testamento, le decía a su hijo Abraham: «Tú, hijo mío, hazte dela compañía de nuestros queridos hermanossefardíes, llamados andalusíes,ya que poseen entendimiento, sabiduríay una mente clara».

ABC Sevilla
13.12.2016

Filósofo, exegeta bíblico y médico, durante su exilio en Egipto fue nombrado por Saladino nayîb o «príncipe»de los judíos (cargo de máximo rango que hacía años estaba vacante) y médico de su Corte. También le invitó Ricardo Corazón de León a que fuera su médico de palacio, pero rehusó.

Fue autor de numerosos libros entre los que destacan Mishneh Torah o Repetición de la Ley (una de las pocas obras que escribió en hebreo, pues la mayoría las compuso en árabe) y Dalâlat al-hâirîn (en árabe) o en su versión hebrea hecha por Semuel ben ibn Tibbón Moreh Nevûqîm, Guía de Perplejos, las cuales, para algunos, junto con la Summa Theologica de Tomás de Aquino y La Divina Comedia de Dante, constituyen las obras cumbre de la literatura medieval.

Aparte de estos tratados, compuso otros muchos de exégesis, de medicina y diversas cartas, como la que mandó a sus entusiastas seguidores franceses de Lunel, o a sus correligionarios del Yemen que se tambaleaban en su fe ante los acosos de cristianos y musulmanes.

En todas sus obras se esforzó por dar lo más esencial de la fe mosaica a la gran masa del pueblo, asentando, primero, los tres principios fundamentales que todo creyente debía aceptar, a saber, la existencia de Dios, su unidad y su incorporeidad.

Segundo, en el orden práctico, fundamentar racionalmente los mandatos de la Torah o Ley de Moisés. Y, tercero, dados los tiempos complejos y difíciles por los que pasaban las comunidades judías en medio de ambientes musulmanes y cristianos, reducir los numerosos preceptos de la Torah, a los trece más importantes, que luego se hicieron famosos y aceptados por la gran masa de los creyentes.

Por otro lado, se esforzó por educar al pueblo fiel a fin de que los que tuvieran dotes intelectuales, hallasen el sentido racional de la Escritura y de la Revelación, armonizando fe y filosofía. Precisamente la Guía de Perplejos está dirigida a aquellos que ante la literalidad de la Escritura, se hallaban «perplejos» al ver que se contradecían algunos textos tomados al pie de la letra con la razón y la filosofía: es que muchas expresiones había que entenderlas, según él, en sentido alegórico, salvando la creencia en los tres principios dichos, junto con el profetismo de Moisés.

Lógicamente, esta valoración de la razón y de la filosofía, separándolas claramente de la fe y revelación,tuvo que provocar numerosas reacciones en contra, pero, sin embargo, pronto fueron asimiladas por la intelectualidad judía.

Dio los fundamentos racionales y religiosos a la comunidad política, en particular, a la del pueblo de Israel, basándose, primero, en la valoración de las virtudes tanto en su dimensión moral y religiosa como en su poder de cohesión social; y, segundo, proclamando que la Ley más perfecta, tanto religiosa e individual como política, era la dada por Moisés, el Profeta por excelencia.

A este propósito, explicó de modo racional la profecía afirmando que Profeta es aquel que Dios elige, a condición de que tenga dotes intelectuales excelentes y una imaginación sumamente viva a fin de que las verdades que Dios le comunica a su razón, las traduzca al pueblo inculto en forma de símbolos, metáforas,analogías.

El influjo que ejerció en el mundo judío fue enorme. Pero también en el cristiano:muchas de sus doctrinas fueron aceptadas por autores como Guillermo de Auvernia, Alejandro de Hales,Siger de Brabante, San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, siendo admirado por toda la Escolástica cristiana.

En su faceta de médico, ejerció esta profesión como algo sagrado, como una especie de sacerdocio, puesto que,para él, cuerpo y alma son creaturas de Dios que hay que cuidarlas con extremado esmero, como manda la Torah.

Decía: «Conservar el cuerpo sano e íntegro es un mandamiento de Dios. Por eso el hombre debe apartarse delas cosas que dañan el cuerpo, usando aquellas que pueden sanarlo y fortalecerlo».

Así, fue infatigable su labor como médico no sólo de la Corte sino del pueblo, ya se tratase de judíos, cristianos, musulmanes o infieles, todos los cuales abarrotaban su casa en busca de curación de sus dolencias. A todos atendía, desde la madrugada hasta la noche bien cerrada, sin que tuviera casi tiempo de comer o dormir.

Como médico teórico, atacó todos los métodos mágicos de curación, proclamando no sólo remedios científicos curativos, sino estableciendo toda una normativa de medicina preventiva, que iba desde la higiene y aseo personales y las dietas equilibradas hasta la gimnasia.

Decía: «Mientras se practican deportes no se contraen enfermedades y se fortalece el cuerpo, aun con una alimentación insuficiente. Y todo el que permanece tranquilo en su casa y no hace gimnasia, aun comiendo las mejores comidas y cumpliendo todas las reglas higiénicas, se sentirá deprimido y cansado durante toda su vida».

Incluso recomendaba la construcción de ciudades en que no estuviesen las casas hacinadas para que pudiera correr el aire puro y limpio. Por lo demás, sus libros médicos corrieron por Europa hasta bien entrado el siglo XVIII.

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